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Capítulo
XIII
La vida comenzó a ser monótona, llovía frecuentemente,
algunos días lucía el sol, pero por fortuna la temperatura
siempre era agradable, Tex y yo continuábamos con nuestro
trabajo, cada día que la lluvia y las condiciones del campo
lo permitían, él despegaba a por un nuevo cargamento; nunca
supe exactamente hacia donde se dirigía, aunque teniendo la
frontera al lado, es de suponer que se dirigiera hacia Colombia,
mientras tanto yo continuaba con mis pesadas de coca, o si
no había material ayudaba a Malinda en la casa o simplemente
me sentaba en el porche a ver llover.
Allí, con la pradera y el bosque delante pensaba, pensaba
en muchas cosas, la verdad es que no había progresado excesivamente,
estaba a miles de kilómetros de mi casa y mirándolo seriamente
lo único que había cambiado era el conector J4 por el saquito
de coca, estaba cayendo en la misma vida monótona, lo único
que a veces me sacaba de la monotonía eran las charlas con
Tex, muchas noches después de cenar, mientras Malinda terminaba
de recoger las cosas, él se sentaba en el porche con una botella
de Ron, y yo a veces me sentaba a su lado y hablábamos de
todo un poco.
- ¿Quieres una copa, chico?.
- No gracias, no bebo.
- No sé cómo te puedes mantener en pie.
- No creo que sea necesario beber una copa para mantenerse
en pie.
- No chico, no entendiste, no lo tomes al pie de la letra,
es una manera de hablar, digo que después de comer viene
bien una copa.
- Ya pero nunca lo he hecho.
- Pues ésta puede ser la primera, ¡Malindaa!, Tráele una
copa al chico.
- Que manía con llamarme siempre "chico", me llamo
Pedro, llámame Pedro.
- ¡Bueno chico, no te sofoques!, Te llamaré Pedro.
Malinda trajo otro vaso y Tex lo llenó de Ron.
- Prueba esto y verás, ¡purita gloria!.
Lo probé, bebiendo tranquilamente, de la misma
forma que lo bebía él, mientras tanto Tex me miraba con curiosidad,
sosteniendo la botella en una mano y su copa en otra.
Cuando recobré la respiración, intenté hablar
pero no me salía la voz, Tex soltó la botella y me dio una
gran palmetada en la espalda.
- ¡Hey chico!, ¡Está bueno ¿eh?!.
La voz salió débil, como un susurro.
- Un poco fuerte tal vez.
- Mira boy, un hombre como tu debería...
- Déjalo, ya me sé esa historia.
- ¿Que ya te sabes?, ¿Qué te sabes?.
- Pues eso, que un hombre tiene que tomar copas y todo eso.
- Veo que estás bien enseñado, por cierto chico, llevas casi
un mes aquí y aún no sé cómo viniste a caer aquí, ni de dónde
vienes ni nada; lo único que te mandaba Alfredito.
- No hay mucho que contar, es una historia muy simple, no
estaba a gusto donde vivía, las ciudades son un agobio, nada
más que coches humo y suciedad es lo que se encuentra, la
vida se convierte en una rutina, todos los días se hace lo
mismo, ¿y para qué?, Cada día te matas a trabajar, para así
poder hacer lo mismo al día siguiente, es algo sin sentido,
la gente va con prisa a todos sitios, no se disfruta de nada;
bueno, el caso es que no estaba a gusto, oí hablar de esta
tierra y al final me decidí a escapar, nada más.
- ¿Y Alfredito qué pinta en esta historia?.
- ¡Ah!, Luis Alfredo, lo conocí en el avión desde Caracas
a Puerto Ayacucho, un gran tío, hablamos mucho en el viaje,
me contó muchas cosas de esta tierra y yo también le conté
mis intenciones, aunque no me entendió.
- No me extraña, ¿qué te dijo?.
- Me aconsejó, incluso trató de que fuera a una Misión en
lugar de internarme en la selva, pero al final, como vio que
mis intenciones eran firmes, me habló de ti y de que me podrías
ayudar, ¿hace mucho que lo conoces?.
- ¡Oh sí!, El bueno de Alfredito, estuve trabajando para
él a poco de llegar aquí, yo le hacia portes, ¿sabes?...;
Bueno, otra clase de portes distinta a lo de ahora, él trabajaba
con esmeraldas y diamantes ¿sabes?, Yo iba recogiendo la mercancía
a los buscadores en los poblados, se lo llevaba a Puerto
Ayacucho y allí él lo camuflaba con el caucho, ya sabes, cuestión
de impuestos; luego me independicé y me vine acá; bueeno,
todo eso ya pasó, pero aún no me has dicho de dónde viniste
tú.
- De, España.
- ¿España?, ¿En que país esta España?.
- España es un país, ¿no lo conoces?.
- España..., España..., pues mira chico, no sé ahora mismo...
- Es imposible que no lo conozcas, en Europa, España, Madrid,
los toros, toreros, olé...
- ¡Ah! Ya, Spain, te refieres a Spain, si boy si lo conozco,
¡cómo no!, Spain, Torrejón, Rota, Franco, ¡cojonudo!...
- Si, Torrejón, la base aérea, ¿la conoces?.
- Pasé por allí cuando me repatriaron de Vietnam, ya hace
muchos años.
- Es verdad, casi lo había olvidado, Luis Alfredo me dijo
que eras americano, nadie lo diría escuchándote.
- Bueno, sí, soy americano, pero mamá nació en Cuba y mi
papá era chicano, así que aquí estoy yo.
- Tú sí que has tenido que ver mundo, y tendrás montones
de historias que contar, ¿estuviste en Vietnam?.
- Bueeeno, sí estuve, muy poco tiempo, pero sí estuve allí,
de todas formas vosotros los jóvenes habéis visto muchas películas,
mira boy, la vida no es como en el cine, es mucho más simple.
Tex se sirvió otro vaso y rellenó el mío, se
estaba a gusto en el porche, de noche, sin aire, sentados
en los escalones y bajo un cielo de estrellas como Madrid
nunca podrá soñar. Poco a poco me iba acostumbrando a la aspereza
del ron, todo consistía en tomarlo en sorbitos pequeños.
- Pero tú has viajado, has visto mundo, conoces más sitios
y más gente que yo.
- Bueeno, ¿y qué?, Al final nada, purita monotonía.
- ¿Cuéntame lo de Vietnam?, ¿Cómo es aquello?.
- ¡Oh! No hay mucho que contar, yo vivía en Falfurrias...
- ¿...?
- Al lado de Kingsville.
- ¿...?
- Cerca de Corpus Christi.
- ¿...?
- ¡¿No lo conoces?!.
- Pues no
- ¡carájo!, ¿No conoces Falfurrias?, ¿En Texas?.
- Bueno, Texas si me suena.
- ¡Te suena!, Ciertamente no has visto mundo, tienes razón,
bueno da lo mismo, yo vivía en Falfurrias y tenía un pequeño
avión agrícola, ya sabes para fumigar los campos con insecticidas
y cosas de esas, vivía apaciblemente con Peggy, mi mujer y
los granjeros me contrataban, como ves, lo más normal.
Hizo un alto en la conversación y volvió a rellenar
su vaso y el mío.
- Era el año 65, la vida era apacible allí en Falfurrias
y mientras tanto, nuestros muchachos se estaban dejando el
pellejo con esos hijos de perra del Vietcong, no me parecía
justo, así que decidí alistarme como piloto; a Peggy no le
gustó, pero me dio lo mismo. Después de un tiempo de entrenamiento
en Houston me mandaron a Vietnam, fue poco tiempo, luego me
repatriaron por "exceso de celo" y fue cuando...
- ¿Por exceso de celo?, ¿Cómo es eso?.
- Bueeeno, ya sabes cómo son esos milicos, les gusta llamar
a todo de forma rimbombante, en realidad no pasó de ser un
malentendido.
- ¿Qué pasó?.
- No fue nada, cuando llegué me asignaron a una unidad de
apoyo cercano, ya sabes, cuando nuestros chicos tienen que
atacar, pues vamos nosotros primero, y les damos unas pasadas
a las ratas ésas para bajarles los humos, así los nuestros
pueden avanzar mas fácilmente, un trabajo bonito, muy agradecido,
se salvan muchas vidas y te sientes útil.
Tex volvió a rellenar los vasos y continuó su
historia.
- Me dieron un A-1 Skyraider, ¡muchaacho! Qué máquina, dos
mil caballos para mí solo, comparado con mi avioneta aquéllo
era un pura sangre, podías hacer con él lo que quisieras.
Cuando por fin me asignaron una misión, estaba gozoso, iba
a demostrar a todos cómo se trata a esas ratas comunistas;
la misión era sencilla, nuestros chicos estaban a las puertas
de una pequeña aldea, ocupada por el Vietcong, y había que
allanar el camino.
A Tex se le iba iluminando la cara según avanzaba
en su relato.
- Llegué con mi Skyraider a la aldea y di una primera pasada
para situarme, me recibieron con algunos tiros de fusil y
a continuación inicié la fiesta, primero solté las bombas
de 250 Kg, luego otra pasada y las de fragmentación, ¡pura
metralla chico!, Más tarde una andanada de cohetes, luego
el Napalm, y cuando ya estaba todo ardiendo... ¡con la ametralladora
chico!, Seis pasadas con el ¡ra, ta, ta, ta, ta!, ¡Hasta acabar
las municiones!, El avión quedó ligero como una pluma, ¡muchaaacho!,
Tendrías que haberlo visto no quedó piedra sobre piedra, ¡lisiiito
lo deje todo!, Donde estuvo la aldea, los chicos podrían haber
jugado un partido de pelota sin que ésta se atorara, fue grande
boy, muy grande, los chicos entraron sin que les dispararan
ni un tiro. Cuando regresé a la base, me enteré de que el
objetivo de los chicos era capturar prisioneros para interrogarlos,
y no cogieron ninguno, ¡bueeeno!, ¡Yo qué sabia!, Lo importante
es que no les pegaron ni un tiro.
El caso es que no le gustó a los jefes, hicieron
un expediente y me repatriaron, ¡lástima!, Si me hubieran
dejado ahora no se estarían retirando con el rabo entre las
piernas; ¡en fin!, Cuando llegué a USA, solicité incorporarme
en el grupo de Bombardeo Estratégico, ya sabes, con los B-52
cargados con bombas atómicas, patrullando por el cielo para
pararles los pies a esas ratas comunistas; pero rechazaron
mi petición, así que abandoné el ejercito.
En silencio y en nombre de toda la Humanidad,
agradecí a Dios que su petición fuera rechazada.
- ¿Y cuándo viniste a Venezuela?.
- Fue entonces, al dejar el ejercito regresé a casa, compré
este avión y un rifle, les pegué dos tiros a Peggy y al cerdo
de la Gasolinería que estaba liado con ella, y ya está, pasé
la frontera y hasta aquí.
- ¡Ya!, La monotonía, ponme otra copa Tex.
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