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"Siempre es necesaria
una ilusión, aunque ésta sea un disparate" .
Antonio Arévalo.
Para Julia, mi crítica más feroz y mi más ferviente admiradora.
Capítulo
I
Quizás ya era tarde para pensar, tarde para pensar
y mucho más para dudar, la decisión estaba tomada y no cabía
la marcha atrás; el inmenso mar de color verde se deslizaba
bajo nosotros mientras el monótono ronroneo del motor invitaba
al sueño, la temperatura era agradable dentro del pequeño
avión y decidí comenzar mi diario al tiempo que mi mente
recordaba lo que habían significado los últimos meses.
Para todo el mundo había sido una decisión precipitada,
sobre todo para mi familia, los amigos..., pero ¿tengo amigos?,
No sé, habían pasado del cachondeo generalizado a dejar de
hablarme, peor para ellos, que se pudran. Se podría decir
que todo comenzó con la regulación de empleo, pero no, yo
creo que venía de antes, tal vez sea un inadaptado, pero dentro
de mi mente siempre ha estado escondida esta idea, y el maldito
empleo sólo ha sido el detonante, ya es igual.
- Pedro Benéitez, Javier Garrido, Juan Pablo Rodríguez y
Purificación Requena, pasen por el despacho del Sr. González.
La voz de Serafín, el encargado de cadena, sonó
distante y fría, no miró a nadie, su mirada se perdía en la
nada, nosotros sí lo miramos a él y nos miramos, sabíamos
que este momento llegaría, los rumores eran cada vez más insistentes
pero siempre te queda la esperanza de que no sea a ti al que
le toque; Puri y Juan Pablo palidecieron sensiblemente, Javier
esbozó una sonrisa, en realidad pasaba de todo como había
hecho toda su vida, ¿y yo?, Pues no sé, no tenía ningún espejo
a mano, sí recuerdo esa sensación desagradable en el estómago
pero nada más, es una situación en la que te dejas llevar
por los acontecimientos sin pensamientos transcendentales.
Nos levantamos de la mesa de trabajo y caminamos hacia el
despacho del Sr. González, al cruzarnos con Serafín éste bajo
la cabeza con gesto serio, todo él parecía decir ¡Yo no tengo
la culpa!. Nadie pensaba que él la tuviera, se veía que estaba
pasando un mal rato.
Supongo que no lo hacían con intención, pero
las miradas de lástima que recibíamos del resto de la plantilla
hundían más nuestro ánimo; quizás no fueran de lástima, sólo
de preocupación o incluso de solidaridad pero en esos momentos
sus miradas pesaban como una losa sobre mí. Había pasado seis
años de mi vida en esta nave, seis cortos años de mi primer
y único empleo, parecía que fue ayer cuando mi padre me acompañó
el primer día, me tenía que acompañar, a él también lo acompaño
su padre su primer día de trabajo, y a mí, maldita la gracia
que me hacia su compañía, yo tenía dieciocho años, mi titulo
de Bachiller Superior en el bolsillo y ahora debería decir
que me podría comer el mundo, pero no, no me comía nada, tenía
más miedo que vergüenza, no quería trabajar, ciertamente las
calificaciones no habían sido muy brillantes pero no había
repetido jamás un curso.
- Ahora tienes la oportunidad de tener un empleo y no la
vas a desaprovechar, Julián tiene mano en esa empresa y ya
lo tengo todo hablado, así que no te pongas tonto, si quieres
seguir estudiando ya tendrás tiempo por la tarde o por la
noche, además la empresa es buena y Julián me ha dicho que
tendrás todas las oportunidades del mundo para ir subiendo,
están saturados de trabajo.
Sí, estaban saturados de trabajo, tan saturados
que lo del tiempo para estudiar por la tarde o por la noche
pasó a la historia, el horario era de jornada completa mas
las correspondientes horas extras, me colocaron en una mesa
muy larga por donde iban pasando los Módulos de Control, extraños
artefactos que yo no había visto en mi vida y que desconocía
para que servían, sólo que se vendían a la RENFE para la modernización
de sus líneas. Yo tenia que insertar los cables rojo, verde,
marrón y gris en el conector J4 y a continuación atornillar
el conector, seis años insertando los cables rojo, verde,
marrón y gris, seis años haciendo lo mismo cada día, doce
años estudiando para esto, en fin, para que hablar. A los
tres años Julián el amigo de mi padre se fue de la empresa
y nunca más le volví a ver, y a estas alturas la RENFE no
debía de saber qué hacer con tanto Modulo de Control.
Pasamos delante de Luisa la secretaria del Sr.
González, la cual estaba hablando por teléfono y con la mirada
nos indicó que pasáramos al despacho; Juan Pablo tocó con
los nudillos y esperamos.
- Pasen; pasen, pasen, por favor.
Era la segunda vez que pasaba a ese despacho,
la primera fue con mi padre y Julián, me pareció como entonces
otro mundo, otra empresa, parecía mentira que todo fuera lo
mismo.
- Acerquen esas sillas y tomen asiento por favor.
El Sr. González, director de personal, mostraba
la misma cara inexpresiva de siempre, sólo en Navidad cuando
nos dedicaba unas palabras y nos refería la buena marcha de
la empresa mostraba esa otra cara que debía de reservar para
los amigos.
- Supongo que se imaginan el motivo de esta llamada, el mundo
de la empresa y los negocios es un mundo cambiante y en constante
evolución, lo cual obliga a la constante adaptación de la
empresa a la situación del mercado. En este contexto supongo
que sabrán que el contrato de suministro con la compañía RENFE,
expiró el pasado mes de Mayo, aunque hemos proseguido con
la fabricación de unidades dos meses más, para contar con
un stock de repuestos. Por tanto, el próximo 31 de Julio se
cierra la cadena de montaje de Módulos y con ello lamentablemente
sus contratos de trabajo.
Hablaba pausadamente, sin altibajos, casi con
monotonía; miré a los demás, Puri tenía los ojos enrojecidos,
y a duras penas mantenía el tipo, Juan Pablo escuchaba con
gesto serio y Javier contemplaba con aparente indiferencia
un cuadro situado en la pared de al lado, yo, por mi parte
limpiaba distraídamente mis uñas.
- Naturalmente recibirán una indemnización de treinta días
de sueldo por año trabajado, así como una pequeña paga con
la que la empresa quiere expresarles la satisfacción de haber
contado con sus servicios durante este tiempo. Ustedes han
demostrado su capacidad y estoy seguro de que no les faltarán
oportunidades para reiniciar su futuro laboral en otras actividades.
En esos momentos pensé en el futuro laboral que
le esperaba a Puri, la buena de Puri, de edad indefinida que
sólo ella y la Seguridad Social sabían; soltera sin solución,
vivía con su madre muy anciana en una pequeña casa del barrio
de Lavapiés, era buena, buena e inocente, aguantaba estoicamente
las bromas de los compañeros y a su edad seguía ruborizándose
con los piropos que le dedicaba de vez en cuando Serafín,
me daba pena, no se merecía esto.
- Bien, esto es todo, si tienen alguna duda...
- Esto, Sr. González... - Balbuceó Juan Pablo.
- Veo que lo han entendido perfectamente, recibirán una notificación
oficial en los próximos días, pueden levantarse y salir, muchas
gracias.
Juan Pablo no intentó seguir la frase, quizás
pensó que no serviría de nada; nos levantamos y salimos en
silencio.
Una vez en el pasillo Puri se dirigió inmediatamente
al servicio, supongo que necesitaba desahogarse, yo me quedé
parado mientras veía alejarse a Javier y Juan Pablo.
- Panda de cabrones, eso es lo que son.
- Si tuviéramos sindicatos libres no pasaría esto, a más
de uno le iba yo a tapar la boca.
- Menos mal que les quedan cuatro días, cuando se muera el
viejo se van a enterar.
La retahíla de improperios se fue perdiendo en
la distancia y me vi allí solo en el pasillo, no me apetecía
pasar delante de todos otra vez, y mucho menos ponerme a trabajar,
así que me dirigí al servicio. Me refresqué la cara y lavé
las gafas, esas gafas que me libraron de la mili y que me
daban la vida, mi acusada hipermetropía me impide ver con
mediana nitidez cualquier objeto cercano, sin embargo en la
lejanía soy un lince; cuando me las puse, me descubrí en el
espejo, mi acusada delgadez, mi nariz aguileña, mi pelo corto,
como odiaba ese pelo corto, todo el mundo llevaba el pelo
largo menos yo, (mi padre decía que el mundo se estaba llenando
de maricones y que su familia no iba a contribuir con uno
más), y como remate mis gafas de pasta. Ciertamente con ese
aspecto y mi Curriculum laboral, (seis años de experiencia
en colocar cables de colores en un conector) mi futuro era
de lo más esperanzador, no cubría ni siquiera el requisito
de "Buena Presencia".
Beatriz estaba sentada en el banco comiendo pipas,
siempre estaba comiendo pipas, era redonda y sonrosada como
una muñeca de trapo y era mi novia o por lo menos eso decía
yo a mis amigos, yo también era su novio para sus amigas,
pero en realidad Beatriz y yo no éramos nada, supongo que
los dos nos utilizábamos mutuamente, cada uno íntimamente
esperaba encontrar algo mejor en esta vida, pero mientras
tanto tenía al otro por si acaso nunca aparecía ese ser ideal,
ella perdía el culo por bailar con cualquier chico alto y
fuerte y casi babeaba cuando veía fotos de Jean Paul Belmondo
con su uniforme de piloto en "Semana", su lectura
favorita, yo por mi parte fantaseaba constantemente, fabricándome
apasionadas historias de amor con las chicas que veía en el
vagón del metro, una estación una aventurilla, dos estaciones
un romance intenso, tres estaciones una vida feliz.
- Hola Pedri, qué calor ¿no?.
- Hola Bea.
- Pedri, tenemos que ir a ver Terremoto me ha dicho Marisa
que está muy bien además si vamos a verla el sábado podríamos
quedar con Pepi y Juan sabes porque esta tarde me ha llamado
Pepi y tiene razón hace mucho tiempo que no quedamos con ellos
ya sé que a ti no te cae bien Juan pero Pepi es mi amiga y
digo yo que también tengo derecho a verla tú bien que...
- Bea...
- Sí, no digas que no, tú bien que cuando quedas con tus
amigos no te importa lo que yo diga porque tú crees que no
me doy cuenta pero Miguel cuando yo voy pone mala cara y yo
sé que no le caigo bien pero a mí no me importa más tonto
es él se cree que porque su padre le deja el coche es algo
y te mira...
- Bea...
- Que sí que te mira por encima del hombro es un chulo eso
es lo que es yo que tú no iría nunca con él no sé cómo lo
tienes por amigo además no sé por qué te cae mal Juan es un
chico muy majo Pepi me ha dicho que está haciendo unas oposiciones
a Banca y que cuando apruebe se van a casar fíjate ya tiene
pensado donde se van a comprar el piso dice que han visto
una cooperativa que va a construir al lado del Barrio del
Pilar con unos jardines muy...
-¡B e a!
- Por qué chillas ya estás de malas no sé qué te...
- Me han despedido.
- Que te han despedido no si ya decía yo para que veas con
lo mal que te cae Juan y hay lo tienes haciendo sus oposiciones
a Banca y con el piso que se van a comprar y a ver que le
cuento yo a Pepi cuando la veamos el sábado en el cine porque
no me negarás que así...
- Adiós Bea.
- A dónde vas claro a ti no te importa nada ala te despiden
y tú tan contento pero esto no puede...
Me levanté y me fui, no volví la cabeza, durante
unos pasos seguí escuchando su monólogo, la verdad es que
siempre había sido así un monólogo.
Decidí ir andando hasta casa, aunque normalmente
cogía el autobús, estaba anocheciendo se había levantado un
poco de aire y apetecía caminar, me parecía que la ciudad
estaba triste pero evidentemente el que estaba triste era
yo, la verdad es que pensándolo fríamente, el trabajo no me
gustaba y Bea no había hecho nada distinto a lo que había
hecho toda su vida, pero la mente es así.
Según me iba aproximando al Manzanares, se iba
acrecentando el fuerte olor a alcantarilla, y cuando llegué
a la mitad del Puente de Praga me paré a contemplar el río,
era penoso el contemplar esa capa de espuma que no dejaba
ver el agua, siempre lo había conocido así aunque mi padre
asegura que él lo había visto limpio cuando era un crío, en
fin, será verdad. Miré el reloj, las diez, aligeré el paso,
si no encontraría malas caras en casa, el horario es sagrado
y al pasar bajo el puente nunca terminado sobre Stª María
de la Cabeza eché a correr, ya no era por el horario, si no
por el pánico que me producía el lugar, todavía no había superado
lo del atraco; paseábamos Beatriz y yo a las seis de la tarde,
era invierno, casi de noche, Bea comía pipas y hablaba, yo
pensaba.
- Tronco, tate quieto y saca las pelas.
El chaval apenas tendría 15 años, más bajo que
yo y con una navaja que debía de haber heredado de su padre,
según el aspecto que tenía.
- ¡Vamos tío!, Saca la cartera y las pelas.
Me había quedado inmóvil, con los brazos en alto,
no sabía cómo reaccionar.
- ¡Tío que os rajo!, Saca las pelas, y la gorda que me de
el...
No pudo terminar la frase, Bea le había atizado
con el bolso haciéndole caer la navaja, al tiempo que una
certera patada en la espinilla, hacía caer al muchacho sobre
mí. Yo perdí el equilibrio y los dos caímos sobre un charco,
él dio un salto y salió corriendo y yo quedé tumbado sobre
el agua; fue una suerte, con toda la ropa mojada Bea nunca
se entero de que me había meado en los pantalones.
- ¡Llamarme gorda a mí!, Mocoso gilipollas si tienes huevos
vienes aquí cuanto quinqui hay suelto menos mal que llevo
la piedra en el bolso como me dijo mi madre porque sabes a
Paquita la vecina del tercero de mi bloque el otro día en
Atocha iba con su hija que es un poco mas joven que yo si
la tienes que conocer una muy menudita que siempre...
- Sí, Bea
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