Qué es Estandarte | Sugerencias | Política de privacidad | Nos recomiendan | Boletín gratuito
  LEER
 · Poesía
 · Relato
 · Novela
 · Ensayo
 · Teatro
 · Tesis
 
  CRÍTICA
  CONCURSOS
 · Regalos y sorteos
 · Certámenes
 · Nuestro patrocinio
 
  PUBLICAR
 · Formulario
 · Tarifas
 
  RECURSOS
 · Enlaces
 · Guía de editores
 · Propiedad intelectual
 · Otros
 
  TIENDA LIBROS
  FOROS
  BOLETÍN
 · Altas y bajas
 · Últimos boletines
 
  PARA EDITORES
  PUBLICIDAD
 · Tarifas y ofertas
 · Intercambio de banners

 

  LEER Ensayo  


Flor Romero

Las mujeres y su utilización en el conflicto armado


Las viudas

Capítulo especial merecen las viudas y los huérfanos que va desperdigando la guerra fraticida. Y a la acción de las guerrillas hay que sumar las víctimas que han dejado los combates con las bandas de narcotraficantes. Muy cerca de mi corazón está el caso de una madre de 33 años, que quedó viuda después del estallido de la bomba que las gentes de Pablo Escobar pusieron en un avión de línea de Avianca en vuelo de siete de la mañana de Bogotá a Cali. Su marido, ingeniero eléctrico iba a dictar una conferencia. Esta joven madre, con un chico de 3 años y la niña de cinco meses en sus entrañas es una de las víctimas de la violencia inimaginable que despiertan los negocios de la coca.

La antropóloga Patricia Tovar, afirma que la guerra es experimentada de manera diferente por hombres y mujeres. Los hombres hacen las guerras y mueren en ellas. Se entrenan en la violencia cotidiana y desde la cuna comienzan a recibir lecciones en agresión y juguetes bélicos que perfeccionan en el entrenamiento como guerreros, los que escogen el camino de las armas. Las mujeres aprenden a recibir los golpes, a llorar y a enterrar a sus muertos y a cuidar de ellas y de los huérfanos (*1).

Las estadísticas no dan una idea verídica de cuantas viudas hemos contado en la violencia colombiana, ni de cuantos huérfanos tenemos. Lo cierto es que la guerra y la violencia tienen fuertes consecuencias en las estructuras familiares y en el tejido social. Los hijos abandonan el hogar mucho mas temprano ya sea para entrar en el juego de la guerra o la revancha y las niñas, para ayudar a sobrevivir a sus familias, y a su propia manutención, vendiendo lo único que les pertenece, su cuerpo.

Hoy hay muchas mujeres viudas afiliadas a grupos que trabajan por alcanzar la paz, pues se han cansado de llorar a sus hombres muertos, no están dispuestas a dar mas hijos al conflicto, y están convencidas de que la violencia tiene un límite.

También están las madres de los guerrilleros, y paramilitares, quienes sufren la pena de ver que a sus hijos jóvenes los mata la guerra.

Maria Eugenia de Antequera dijo que con la muerte de su marido, ella descansó: Cuando lo mataron dejé de esperar la muerte cada día, de ver el movimiento de escoltas con armas en mi casa, de recibir amenazas. Por fin pudimos dormir solos en la casa los niños, la empleada y yo. Se acabaron el desasosiego y la pregunta permanente¿ Será que hoy si o será que hoy no? (*2)

Al comienzo se enfermó; tenía relaciones cordiales con el Partido Comunista, pero el día en que mataron a su marido, también murieron mis ilusiones políticas.

Se concentró en mi trabajo. Yo era una viuda de la Unión Patriótica de 36 años y por consiguiente pertenecía al estrato cero. Tendría que trabajar para sacar adelante a mis hijos. Los inscribí en un programa de siquiatría para afectados por la violencia en el Hospital de La Misericordia.

Maria Eugenia reconoce que la muerte violenta deja muchos traumas en la familia, cada uno culpa al otro de lo que está sintiendo, uno se vuelve agresivo (*3).

Se sometió a un tratamiento postraumático para expulsar la rabia interior sorda. Se acabaron sus maluqueras. Pero la rabia no. Eso sí, aprendí a manejarla (*4). Ahora trabaja en Madres por La Vida, organización que hace el ejercicio de sacar juntas el dolor. Sabe que en la guerra sólo gana el dolor. Reconoce que es difícil aprender a vivir sola, a dormir sola, y es muy difícil aceptar que ya no hay mas papá para los hijos. Pero sabe que el alma le duele igual a ella que a todos no importa que nuestros muertos sean de la guerrilla, de los paramilitares del ejército o del narcotráfico (*5).

Maxelen Boada, joven viuda del teniente Carlos Pulido muerto en combate, ha sentido rabia contra el país, y declara que cuando matan no le hacen daño al ser que mataron, sino a la gente que ama a ese ser. Pero lo más seguro es que ellos no conozcan el amor: son personas que no saben amar y que no aman la vida (*6) . Los muertos oficiales y soldados que esta guerra atroz ha devorado, no están en las estadísticas. Pero si se sabe que hay 527 soldados y policías secuestrados por la guerrilla. Ellos están desde hace tres años en la selva, sin que se haya podido rescatarlos.


(*1) EN OTRAS PALABRAS. No. 8 Bogotá 2000. Pág. 41

(*2) MUJERES EN LA GUERRA. Patricia Lara. Edit Planeta, pág. 203

(*3) Idem. Pág 205

(*4) Idem. Pág. 205

(*5) LAS MUJERES EN LA GUERRA, Patricia Lara, Edit. Planeta. Idem. Pág.206

(*6) Idem. Pág.219



 

 



  Obras de este autor

Las mujeres y su utilización en el conflicto armado

· Introducción
· Las amazonas, las primeras guerreras
· Heroínas y mártires
· Confesiones escalofriantes
· Las viudas
· El dolor de la madre

 




  Autores

· Adamsberg, Emilio
·
García, Joan Manuel
·
Gómez Tomeu, Marina
·
Iragorri Adarraga, Fermín
· Ortiz Luna, Gemma
·
Romero, Flor
·
Romero, Flor (II)
· Sanuy, Marta

 

 

 


© Estandarte.com