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Confesiones escalofriantes
Algunas de las combatientes mueren en enfrentamientos con
el ejército, otras son atrapadas y llevadas a casas
de rehabilitación y algunas abandonan la vida de la
montaña. En los testimonios recogidos por periodistas,
dicen que: Yo siempre les he tenido mucho amor a las armas.
Así que me fui para la guerrilla porque me gustaban
las armas y como por ese sentimiento de venganza (*1). (...)
Hubo cosas muy fuertes como mirar fusilar a mis propios compañeros
por cometer errores, por robarse la comida. Como se lo
confesó una niña a Guillermo González
para su libro Los niños de la guerra La chica
se enamora de un guerrillero y cuando se ausenta tres días
del campamento, otro mando abusó de mí. Yo
le comenté a Fernando, él hizo que desarmaran
al que me abusó y lo fusilaron.
Agrega que con su novio no podía tener relaciones,
allá a todas las chicas nos llevaban a un control
de planificación. Esta niña que está
en una casa de rehabilitación, a los 17 años
ha participado ya en 3 combates. Logró salir de la
guerrilla, desvincularse, al ser capturada en un enfrentamiento
con el ejército. Ahora ella quiere ser alguien, pero
una se pregunta ¿qué secuelas arrastrará
esta muchacha para toda la vida?. ¿Cómo será
su comportamiento con los hijos, con su compañero,
cuando ha visto matar, cuando le ha tocado matar, obedeciendo
órdenes? Cuando se fue para la guerrilla porque la
madre la azotaba, sentía odio contra su mamá
y quería vengarse de ella por la muerte del padre.
Que cuadro tan complicado para un psicólogo, para un
siquiatra..
Otra chica de once años, decidió ingresar a
la guerrilla en vez de quedarse en la calle, abandonada, aspirando
boxer . Allí le enseñaron a manejar un fusil.
Ella se hizo esta reflexión la vida es más
fácil aquí que en la calle, yo me quedo(*2).
Fue comandante de guerrilla y tuvo bajo su mando a 210 guerrilleros,
confiesa que a la guerrilla yo la quiero mucho porque ellos
fueron los que me acabaron de criar (*3) pertenece a las
filas del E.L.N. (Ejército de Liberación Nacional
fundado por el cura Pérez, español), y cuando
tenía que matar a alguien se tapaba la cara, porque
es muy miedosa, a pesar de que confiesa que mató, cree
que matar no es un orgullo para nadie. Le gustaría
que la guerra fuera sin armas y quisiera ser enfermera. Hoy
está en una casa para rehabilitación de desvinculados.
Estas dos niñas forman parte de los 7.000 niños
en armas que hay en Colombia. Las estadísticas no dicen
cuantas son niñas, pero se cree que por lo menos un
30%, o sea más de 2.000. Otro tanto ocurre con las
estadísticas de secuestrados en Colombia, País
Libre informa que registran cerca de 3.000 denuncias de
secuestros en el año dos mil, pero tampoco anotan cuantas
de ellos son mujeres, aunque se sabe que muchas mujeres han
sido víctimas de este flagelo.
En la autobiografía de Vera Grave, militante del M-19,
después de que su organización firmó
la paz y ella fue diplomática, dice al final refiriéndose
a su hija que no ha logrado reconquistar, puesto que la niña
fue criada por sus parientes mientras ella andaba en el monte
o en la ciudad echando bala. Debo confesarte que de tantas
batallas que he librado, ésta en busca de ti me resulta
la más difícil. Me siento impotente, temerosa
y a veces pienso que tendré que recurrir a mi espíritu
guerrero para conquistar y tomar por asalto mi lugar en tu
corazón(*4).
Historia desgarradora la esta socióloga. Esta mujer
que es obligada por el guerrillero, a quien ella amaba, a
abortar, simplemente con la frase no se puede, es imposible
(*5). Ella confiesa: lo que para muchos es asunto ético
y jurídico para nosotras es además sufrimiento
y violencia. Este, para mi ha sido uno de los debates más
críticos que he tenido conmigo misma.
La ex guerrillera afirma que nunca debió obedecerle
a su hombre ni hacerle caso. Tarde. Y agrega que ahora se
interroga como pudo aguantar tanto para lograr el amor.
Fué alto ell costo moral que tuvo para esta mujer
la aventura guerrillera: primero tener que abortar a la fuerza
y después darse contra las paredes buscando la fórmula
para reconquistar a la hija que abandonó por las armas
y que aparentemente no la ama.
Las confesiones de las niñas guerrilleras ahora en
trance de rehabilitación son tan dolorosas, que exclaman
De la sangre que vi me volví alérgica al
color rojo. Frase que da para pensar qué tendrá
en la cabecita esta niña de escasos 16 años
para enrolarse en las filas paramilitares, en donde al año
de estar en el grupo armado ya le dijeron que tenía
que matar a una señora, y como tuviera temores, el
jefe la conminó si no la mata tiene que morirse
usted. La jovencita confiesa que me volví malísima,
porque a uno allá le toca matar a la gente y le toca
quitarles los dedos, despresarlos, descuartizarlos, me tocaba
capar hombres. Luego se trasteó a la guerrilla
durante 18 meses. Ahora en la casa de rehabilitación
dice que no logra olvidar su pasado. Le remuerde, pero
es un remordimiento que creo nunca me va a pasar. Tanta
acumulación de barbarie, en las manos de una criatura
tan joven, con la vida por delante, cómo podrá
borrar esas vivencias siniestras esta niña.
Hay pues que echar por la borda aquella frase acuñada
de que la guerra es una empresa de varones. Porque en esta
guerra de guerrillas que se sufre en Colombia, las mujeres
están poniendo el pellejo, las están matando
y fuera de eso, cuando los muertos son hombres, son ellas
quienes sufren la viudez y quedan como cabezas de familia
con todos los críos a cuestas. En mi país, cerca
del 60% de los hogares tienen como cabeza una mujer.
Otro drama espantoso que vive la mujer colombiana en esta
guerra desaforada, es el del desplazamiento. Tiene que mudarse
con su familia a otro sitio porque los alzados en armas, llámense
guerrilleros o paramilitares, los echan de sus casas, de sus
pueblos o los amenazan. Salen con lo que llevan puesto, a
buscar refugio en otra ciudad, en otro pueblo, en donde deben
empezar de cero. Y la que lleva la carga es generalmente la
mujer. En el Chocó se vivió hace pocos meses
el drama de Bojayá. Las gentes de miedo se refugiaron
en la iglesia, y para sacarlos de allí los guerrilleros
de las F.A.R.C. les arrojaron bombas. Murió más
de un centenar de personas en su mayoría mujeres y
niños.
(*1) LOS NIÑOS DE LA GUERRA, Guillermo González
. Edit. Planeta. Pág 164
(*2) LOS NIÑOS DE LA GUERRA. Guillermo González
. Edit. Planeta, pág 172
(*3) Idem, Pág.175
(*4) RAZONES DE VIDA, Vera Grave. Edit. Planeta, pag. 466
(*5) Idem Pág.179
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