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Las amazonas, las primeras guerreras
Desenmarañando las guerras, solo encontramos a las
Amazonas como primeras mujeres guerreras. Inicialmente aparecen
en el mito griego a orillas del Termodón, en la Capadocia,
Asia Menor. Descendían de Ematión el hijo de
Eos (La Aurora). Los escitas las llamaban Eorpatas (de peor
hombre y pata matar). Se supone también que vivían
en la isla Hesperia, al oeste del lago Tritón y que
lucharon contra las Gorgonas.
Heródoto en el libro IV de sus Historias dice que
cuando los griegos las vencieron luchando, las condujeron
a Grecia en tres navíos. Vivían de la pesca
y de la caza, disparaban al arco, al dardo, montaban a caballo
vistiendo traje masculino. Cerca del medio día vagaban
solas o en parejas. Después de algunas peripecias con
hombres vecinos se instalaron en Sármatas. Tenían
tipo varonil. La tradición afirma que se amputaban
el seno derecho para afirmar el escudo.
Etimológicamente amazona significa privada de una
mama. Usaban arcos de bronce y llevaban una caperuza adornada
con plumas, un corselete de escamas de hierro y se armaban
de hachas inventadas por la reina Pentesilea.
Hacían el amor con los hombres una vez al año
y si daban a luz varones estos eran entregados a los padres
o sacrificados. Conservaban solo las hembras. Una de ellas
reinaba. Las Amazonas participaron en varias guerras contra
los frigios.
También tomaron parte en la expedición contra
la Isla de Leuce y lucharon aliadas con los troyanos contra
los griegos. Era el matriarcado instalado en el Asia Menor.
Cuando el aventurero español Francisco de Orellana,
en mil quinientos cuarenta y uno llegó a orillas del
río más grande del mundo, a los pies de lo que
hoy es Colombia, encontró valerosas guerreras que se
defendían de los invasores con flechas envenenadas.
Seguramente recordó el mito griego y bautizó
a las bellas guerreras Amazonas. Anotó en su diario
que había visto mujeres icamiabas, (sin marido)
y contapayaras, (mujeres soberanas en lengua tupí).
Las describió como rubias, de grandes y fuertes miembros,
belicosas, de carácter recio y audaces. (*)
Orellana sostuvo que libró combates con estas hermosas
mujeres, venciéndolas. Vivían cerca del Lago
Namunda (espejo de la luna). Eran altas, con largas trenzas
enrolladas sobre la cabeza. Tomaban la iniciativa en los combates
disparando flechas a los bergantines. Estas grandes señoras
obedecían a la reina Coñori, soberana de ciudades
y templos del sol decorados con plata y llenos de ídolos
de oro. Vestían túnicas de algodón y
mantas de lana con brillantes plumas. Comían en utensilios
de oro y de barro según el rango. Cada año incursionaban
en las tribus vecinas, atrapando a los mancebos guapos para
convertirlos en sus consortes. Después del apareamiento,
olvidaban a los hombres, y cuando parían, lo mismo
que en la leyenda griega, guardaban solo las hembras, y los
varones eran entregados a los padres.
Estas amazonas americanas con cuyo nombre fue bautizado el
río más grande de la tierra, o Mar Dulce, huyeron
selva adentro y no se vuelve a hablar de ellas.
Ya en el siglo pasado, la historia solo registra como combatientes
activas a las mujeres rusas quienes se incorporaron a los
ejércitos en tiempos de la revolución de Octubre.
(*) DIOSAS DE TEMPESTAD. Flor Romero Edit. Universidad Central
2002, pág. 61
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