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Pesimisimo y esperanza frente al racismo
y la xenofobia
Al norte le duele el sur. Sabe que existe y que sufre y evita
verle por la televisión porque es un llamamiento a
su conciencia. Cuando la población de estos países
emigran hacia el norte, pasan a ser, para los receptores,
la imagen real, sin filtros televisivos, de esa pobreza. Pero
verles a distancia está bien, se pueden acallar los
gritos de la conciencia de algún modo (dando dinero,
vendiendo objetos personales para subastas,...) y olvidarse
del tema. Aznar vende su raqueta de paddle pero no da el 0,7
% del PIB para el desarrollo del sur. Cuando los inmigrantes
viven en tu mismo barrio la cosa es distinta. Su continua
presencia molesta y puede aparecrer la xenofobia. Como nadie
admite ser racista, este sentimiento suele manifestarse en
forma de preocupación por el modo en que afectará
al mercado de trabajo de los españoles.
Mi caso es curioso. La cultura árabe me resulta
muy interesante. Me encanta el té moruno, su rito,
sus teteras y sus vasos. También su música y
su comida. Sueño a menudo con la barriga de la bailarina
de danza árabe del café Bagdag (calle Lavapiés)
y me gustaría que ese barrio se impregnara más
de la cultura del norte de África. Sin embargo, y a
pesar de haber charlado amigablemente con algún árabe
de esas tiendas de Lavapiés, he de reconocer que en
otras ocasiones me dan cierto miedo y desconfianza. Yo mismo
me doy cuenta de que eso es un prejuicio que adquirí
por culpa de la sociedad (creo), pero también tengo
claro que es miedo a lo desconocido. Sé que esa desconfianza
se me quitaría con el trato y que ellos también
desean que así les ocurra a todos los que podemos convivir
con ellos y aseguro que no pienso que tienen la culpa del
paro ni que nos quitan trabajo. Los que trafican con drogas
simplemente explotan uno de los pocos resquicios que esta
sociedad (rica pero no muy pudiente en cuanto a puestos de
trabajo) les deja. Incluso esto está más justificado
en ellos que en los españolitos traficantes.
Pero por mucho que haya mucho paro en España,
está claro que no nos quitan puestos de trabajo. Ocupan
sectores de este mercado que cada vez quieren menos los españoles
y que, además, es probable que sean cada vez menos
demandados. La creciente especialización de la población
hace que los trabajos duros y que no requieren conocimientos
queden vacantes para aquellas personas que no aspiran a ganar
mucho dinero ni pueden ascender socialmente. Así, es
posible que a medio plazo la demanda de esta mano de obra
no especializada y barata y sea cubierta por inmigrantes.
Si dentro de unos años los españoles tienen
que volver a trabajar en esas condiciones, tal vez surja un
problema. De momento no creo que exista realmente.
Lo que ocurriría en una situación de pleno
empleo en la que los españoles pudieran no trabajar
mucho ni duramente porque los trabajos pesados y mal remunerados
estuvieran en manos extranjeras (pero no occidentales) sería
algo parecido a la Grecia antigua. Los emigrantes, en estado
de semiesclavitud, permitirían con su trabajo que los
nacionales se dedicaran al ocio. Pero no creo que eso ocurra.
Si existiera esa posibilidad, se les recibiría con
los brazos abiertos, se construirían grandes barrios
conectados con el transporte público para que pudieran
trasladarse a sus lugares de trabajo, y se subvencionaría
a aquellas personas que quisieran poner negocios de ocio en
esos barrios. Tal vez sea éste un oscuro plan imaginado
en las cumbres de la Unión Europea que no se atreven
a llevar a cabo hasta que el Euro haya sido implantado con
éxito y el pleno empleo esté garantizado. Slogan:
La Unión Europea abre sus puertas. Suramericanos,
asiáticos, africanos, seréis bien recibidos.
Fuera de bromas, el racismo no aparece por motivos de
trabajo. Ya existe antes y se manifiesta de este modo cuando
no lo hace mediante la violencia o la discriminación
legal. En la época moderna, la de las grandes migraciones,
se ha intensificado a causa de las comunicaciones y de la
forzosa convivencia. Si bien antes se reducía a guerras
entre pueblos vecinos, ahora es mucho más fuerte y
peligroso. El racismo es fruto de la ignorancia, los malentendidos
y el miedo a lo desconocido y distinto. También del
interés y la economía. Su recrudecimiento y
mantenimiento tiene otras causas y son, tal vez, infinitamente
complejas o muy simples, según quien lo mire.
Sin embargo, siempre ha estado relacionado con la explotación
de un pueblo a otro. Los griegos al resto de enemigos, los
romanos a los cristianos, los españoles a los indios
y a los negros, el Rey de Bélgica a los del congo,...
Si el otro pueblo es muy distinto culturalmente (y a ser posible
cromáticamente) y, además, no tiene un gran
poderío bélico, es un gran candidato a ser esclavizado.
Su cultura, por incomprensible, es producto de burlas y su
humanidad, despreciada. Si se les tratara de igual a igual
lo único podría ocurrir que su cultura se mezclara
con la nuestra o, lo que es peor, que se pusiera en peligro
la potencialidad de la nuestra. Como se les puede dominar
por la fuerza y ser usados para obtener beneficios económicos,
no conviene que parezcan personas iguales que nosotros.
Entonces aparecen declaraciones que los defienden y personas
que luchan por sus derechos. "Ah, ¿pero tienen derechos?"
Se les deja vivir como personas, pero como su cultura a sido
en parte mutilada, han perdido parte de sus modos de vida
por los que ha occidente le convino en su momento. Han cogido
lo peor de la cultura occidental, se han quedado a medias
y no han aprendido a gobernarse y a vivir a su modo. Sin embargo
se les obliga y creen que deben ser así. Como esa no
es su forma de ser, el experimento sale mal. Consecuencias:
pobreza, hambre, subdesarrollo, fundamentalismo, sobrepoblación,
guerras,... Y claro, "mírales, si no pueden hacer
nada bien, habrá que pensar si no será que no
tienen inteligencia". (Esto me dijo una vez un ¿brillante?
profesor de historia). Ese otro, el inmigrante -no el guiri,
que ese tiene dinero-, es malo, tonto, sucio, raro y peligroso.
¿Quién ha de temer a quien?
"Ahora que no está políticamente bien
vista la explotación y el imperialismo y que parece
que los otros son seres humanos, hemos de encerrarnos, en
la medida de lo posible en nuestras fronteras para producir.
Si se instalan factorías en el extranjero (Asia preferentemente)
les hacemos un favor a esas precarias economías ("¡pobrecillos
ellos!"). Además, hay grandes ventajas: legislación
permisiva, bajos salarios, niños que trabajan por tres
duros,..."
"Y fíjate, si nosotros les llevamos el trabajo
allí, tal vez no vengan a por él aquí.
La amenaza que eso supondría para nosotros es impermisible.
Mucho mejor que vayamos a verles, construyamos grandes hoteles
y no perdamos nunca de vista nuestra condición de superioridad.
De ellos nada podemos aprender y ellos tienen mucho que copiar
de nosotros".
Quiero creer que todo este punto es exagerado y que nadie
piensa así, pero también creo que soy demasiado
optimista. Realmente es imposible, al menos de momento, que
convivan dos culturas en situación de igualdad, respeto
y auténtica fusión. Siempre será una
la que acoja a otra y la que se ocupe siempre de recordarle
que ahí estaba ella antes. Iba a decir que la cultura
occidental es incompatible con cualquier otra, pero la verdad
es que tampoco los árabes, ni los judíos, ni
los chinos parece que lo sean. La solución al problema
está en la educación. Si fuera posible que la
UNESCO funcionara de tal modo que todos los países
obedecieran sus mandatos y que programara toda la educación
del mundo de modo que la cultura de cada región se
mantuviera y la de los demás fuera respetada y conocida,
se podría pensar en ese mundo. No puedo evitar recordar
ese ideal por el que Bertrand Russell luchó toda su
vida: el gobierno mundial, tal vez la única esperanza
del ser humano. A por él.
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