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Marina Gómez Tomeu


Bertrand Russell, Un hombre sabio

Es buena la vida que se inspira en el amor y
es guiada por el conocimiento.

A lo largo de la historia de la humanidad, el hombre no ha llegado nunca a descubrir qué es lo que ha venido a hacer aquí. Los únicos que nos han ayudado un poco a resolver esta duda han sido los pensadores. La tradición occidental dice que fueron los griegos los primeros y allí hemos buscado la fuente de toda nuestra filosofía. En Oriente podemos encontrar sabios mucho antes. Lao Tse y Buda, los más conocidos, que aparecieron sobre la faz de la tierra antes que los griegos, no fueron más que el resultado de varios siglos de búsqueda.

En las enseñanzas de estos grandes hombres, tanto de los griegos como de los orientales, podemos encontrar un punto fundamental en común: un esfuerzo constante por alcanzar la sabiduría. Evidentemente, ésta no se halla al alcance de todos. Tampoco se puede encontrar de un modo definido. Pero no hay muchas dudas en cuanto a que el ser humano tiene algo que hacer aquí, no algo majestuoso, no algo necesariamente mensurable. El ser humano tiene que realizarse como tal, es decir, tiene que encontrar sus potencialidades y llevarlas a término.

Pero descubrir las propias potencialidades es una tarea ardua. Están en nuestro interior pero no se muestran con facilidad. Las condiciones en las que los hombres vivimos normalmente no favorecen esa búsqueda. Y aunque finalmente se llegue a saber lo que uno ha de hacer con su vida, realizarlo realmente es igual de difícil que el paso anterior. Es un proceso al que hay que dedicar toda la existencia. Por eso hay que estar siempre despierto, atento a las enseñanzas que se puedan sacar de cualquier experiencia. Dice Erich Fromm: "La principal tarea del hombre en la vida consiste en dar nacimiento a sí mismo, en llegar a ser lo que es potencialmente".

Aunque podemos destacar a Bertrand Russell por cualquiera de sus múltiples facetas, me parece admirable de este pensador su ansia de conocimiento, por su amor a la vida, al hombre y por todo lo que lleva a éste a realizarse auténticamente como tal. Creo que Russell consiguió desarrollar todas sus potencialidades. Llegó a ser, expresado en terminología hindú, un Buda, un iluminado, un hombre cuyo alma no tendrá que reencarnarse más porque ha llegado al Nivana. Ha atravesado los siete infiernos y los siete cielos de Dante y está junto a Dios. Ha descubierto lo que es el Tao verdadero. Por eso sus mensajes al final de su vida eran tan simples. "La sabiduría no es comunicable. La sabiduría que un sabio intenta comunicar suena siempre a simpleza". A la respuesta de qué es el Tao verdadero, un maestro taoísta sólo puede contestar que "el Tao verdadero es el Tao verdadero". Parece una respuesta fácil, pero llegar a entenderlo supone entrar en el Nirvana. Lo que Russell enseña, tanto con sus libros como con lo que podemos aprender leyendo su vida, no es lo que es el Tao verdadero. No nos muestra la VERDAD, porque ésta no puede mostrarse, pero nos indica el camino que debemos seguir para llegar a ella.

En el ensayo Conocimiento inútil defiende el saber como "un bien en sí mismo y como un medio para crear una visión amplia y humana de la vida en general". Esta frase, confirma algo en lo que llevo creyendo mucho tiempo: que una persona es verdaderamente feliz cuando está en paz consigo misma y puede estar sola y sin hacer nada durante horas sin sentirse mal, ni melancólico, ni vacío. Simplemente meditando. En palabras de Fromm, "El trabajo, el amor, y el pensamiento productivos son posibles únicamente si la persona puede estar, cuando es necesario, sosegada y sola consigo misma". Lo que caracteriza a esta persona productiva de la que habla Fromm es que su actividad surge de su interior espontáneamente, sin estar determinada, consciente o inconscientemente, por nada ni por nadie. Es autónomo ha logrado llegar a ese estado porque ha sabido desarrollar sus potencialidades. Para Russell, eso se logra través del conocimiento. "Por mi parte, estimo que la acción es mejor cuando surge de una profunda comprensión del universo y del destino humano, y no de cualquier impulso salvajemente apasionado de romántica pero desproporcionada afirmación del yo".

Russell pretendía liberar al hombre de sus cadenas y llevarle a la felicidad. Para ello hay que enfrentarse al poder si éste es tiránico o si no deja pensar. Hay que tener claro que somos hombres, que queremos vivir y que queremos decidir en completa libertad de pensamiento qué es lo que queremos hacer. No queremos que nos anestesien y que nos vendan una vida que no es la nuestra. Que no nos vendan muerte; que nos dejen encontrar vida. La fuerza del pensamiento es la que nos libera. "El hombre sólo puede ir hacia adelante desarrollando su razón, encontrando una nueva armonía".

Lord Russell, para llegar hasta ese punto, desarrolló su razón y su intelecto, y vaya si lo hizo. Empezó con la religión y luego pasó a las matemáticas y a la filosofía, en seguida comprendió que para llegar a algún tipo de certeza tenía que abrirse mucho más. "Sólo una preocupación constante ha habido en la evolución de mi pensamiento: desde al principio hasta el fin, siempre estuve ansioso por descubrir cuánto puede decirse que conocemos, y con qué grado de certeza o de duda". Y esto lo decía una persona escéptica, lo que demuestra que un escéptico no es, como algunos dicen, aquella persona que cree que la verdad no existe y que no merece la pena buscarla, sino aquélla que se esfuerza mucho más porque desconfía de los juicios excesivamente simples y engañosos de los hombres. "La exigencia de certeza obstaculiza la búsqueda del significado de la vida. La incertidumbre es la condición misma que impulsa al hombre a desplegar sus poderes".

un mayor conocimiento del cosmos y de todo lo que contiene hace que podamos comprender mejor el mundo que nos rodea. Por eso su visión del universo era la "síntesis de cuatro ciencias distintas: física, fisiología, psicología y lógica matemática". Y por eso desde jovencito y sin haber leído un sólo libro de filosofía, ya había llegado a la misma conclusión que Descartes en cuanto al uso de la razón para poder conocer cualquier cosa; con 16 años escribía unos razonamientos apenas comprensible para alguien muy leido. Es un buen modelo para quien también quiera llegar a algún tipo de verdad.

Pero como ya dije antes, no es sólo su sabiduría ni sus ideas sobre el conocimiento humanístico y científico lo que hay que destacar de él. Como científico y como filósofo fue muy bueno aunque a otros muchos se les coloque por encima. Russell dio un paso más, el de pasar de ser sólo matemático y filósofo, a intentar que pudiera ser entendido por cualquier persona y a tratar de temas sociales. Entre esos temas están esas ideas sobre el hombre, sobre su felicidad y sobre su libertad, que provocan sensaciones sólo comparables a las que pueden experimentarse leyendo a Fromm, la sensación de enfrentarse a un hombre de cualidades infinitas, a un amante de la vida, de la libertad, del hombre. La de estar ante un defensor incansable de la verdad, de una verdad que lleva al hombre hacia la luz de la felicidad. Un defensor de la amabilidad y el buen carácter, porque es un medio de hacernos la vida más agradable. Al fin y al cabo, como diría Fromm, el hombre que realmente ama, ama la vida y ama a todo el mundo, no a una sola persona. La amabilidad es, entonces, un signo de este amor a la vida. Sirvan de ejamplo estas dos citas.

"Unido con sus semejantes por el más fuerte de los vínculos, el de un destino común, el hombre libre encuentra que siempre lo acompaña una nueva visión que proyecta sobre toda tarea cotidiana la luz del amor. La vida del hombre es una larga marcha a través de la noche, rodeado de enemigos invisibles, torturado por el cansancio y el dolor, hacia una meta que pocos pueden esperar alcanzar, y donde nadie puede detenerse mucho tiempo. Uno tras otro, a medida que avanzan, nuestros camaradas se alejan de nuestra vista, atrapados por las órdenes silenciosas de la muerte omnipotente. Muy breve es el lapso durante el cual podemos ayudarlos, en el que se decide su felicidad o su miseria. ¡Ojalá nos corresponda derramar luz solar en su senda, iluminar sus penas con el bálsamo de la simpatía, darles la pura alegría de un afecto que nunca se cansa, fortalecer su ánimo desfalleciente, inspirarles fe en horas de desesperanza!"

"Puede que yo haya creído que el camino hacia un mundo de hombres libres y felices era más corto de lo que está demostrando ser, pero no estaba equivocado al pensar que tal mundo es posible, y que vale la pena vivir mientras tanto con la intención de hacerlo más próximo. He vivido en el empeño de una imagen, a la vez personal y social. Personal: cuidar de lo que es noble, de lo que es bello, de lo que es bueno; permitirme momentos de penetración para proporcionar sabiduría en tiempos más prosaicos. Social: imaginar la sociedad que ha de ser creada, donde los individuos se desarrollen en libertad, y donde el odio, la codicia y la envidia mueran porque no haya nada que los alimente. Creo en estas cosas y, a pesar de todo el horror del mundo, me he mantenido firme en esta creencia".

Por eso fue el exponente máximo del "intelectual comprometido". Sólo que él comprometió su libertad y también su integridad física por las causas que defendía. Como luego hizo Sartre, salió a la calle a protestar, se tiró en el suelo y fue ridiculizado por la prensa. En Estados Unidos fue llamado "perro" y "bestia de la especie humana"entre otras cosas por utilizar su punzante ingenio en Marriage and Morals para mostrar ciertas verdades que los norteamericanos se niegan a aceptar aunque su vida esté plagada de ellas. Por ello también perdió un cargo de profesor que había sido creado especialmente para él en el City College de Nueva York, aunque el curso que impartía era de matemáticas, lógica y filosofía. Sin embargo, todo esto no importaba, porque realmente estaba llevando sus ideas a cabo, y eso era lo verdaderamente importante. Hablaba de algo en lo que realmente creía, no de ideas estudiadas para que le llevaran a ostentar algún poder. Era su vida lo que estaba de por medio; su verdadera vida, no su integridad física. Era su integridad moral. Y también por eso Fromm habla de él como un profeta de su tiempo (y del nuestro, que es casi el mismo), ya que "el hombre que se siente responsable no tiene otra elección que convertirse en profeta, tanto si ha estado apacentando sus ovejas como cuidando sus viñas, o desarrollando y enseñando sus ideas. Es la función del profeta, mostrar la realidad, mostrar alternativas y protestar; es su función vocear bien alto, despertar al hombre de su acostumbrado sopor. Es la situación histórica la que crea profetas, no el deseo de algunos hombres de ser profetas". Tal vez por ser un profeta tuvo que pasar tanto tiempo hasta que fue aceptado en su país, Inglaterra.

Ahora queda su obra para defenderle ante las nuevas generaciones. Russell merece ser tomado en cuenta como ejemplo, como guía, o al menos como una referencia importante de los que queremos crecer.

 



 

 



  Obras de este autor

· Bertrand Russell, un hombre sabio


 


  Autores

· Adamsberg, Emilio
·
García, Joan Manuel
·
Gómez Tomeu, Marina
·
Iragorri Adarraga, Fermín
· Ortiz Luna, Gemma
·
Romero, Flor
·
Romero, Flor (II)
· Sanuy, Marta

 

 

 


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