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La Educación, formadora del
carácter del individuo y de la sociedad
Formación de la personalidad
La persona no es un ser que nazca con su personalidad
ya configurada y a la que en nada le afecta lo que ocurre
a su alrededor. Tomando la definición de Erich Fromm
de personalidad, ésta es "la totalidad de las cualidades
psíquicas heredadas y adquiridas que son características
de un individuo y que hacen al individuo único". Especifica
Fromm que las heredadas son el temperamento, las dotes y las
cualidades psíquicas constitucionales, y que las adquiridas
moldean su carácter. Evidentemente, el temperamento
no se puede cambiar, mientras que el carácter "se forma
esencialmente por las experiencias de la persona y, en especial,
por las de su infancia y es modificable hasta cierto punto
por el conocimiento de uno mismo y por nuevas experiencias".
Aunque tanto carácter como temperamento influyen
por igual en el ser humano, es el primero el que dirige la
vida del hombre. En el libro abajo citado, Fromm habla de
los cuatro temperamentos que distinguió Hipócrates:
el colérico, el sanguíneo, el melancólico
y el flemático. "El temperamento sanguíneo y
el colérico son modos de reacción que se caracterizan
por una excitabilidad fácil y una rápida alternancia
del interés, siendo los intereses débiles en
el primero e intensos en el último. El temperamento
flemático y el melancólico, al contrario, se
caracterizan por una persistente pero lenta excitabilidad
del interés, siendo éste débil en el
flemático e intenso en el melancólico". Aunque
también las experiencias pueden provocar modos de actuar
parecidos, como cuando alguien inseguro realiza muchas actividades
y continuamente fija su atención en otras distintas
que realmente no le interesan (haciéndolo por quedar
mejor ante los demás), parece claro que estos temperamentos
existen y son importantes.
Sin embargo, es el carácter el que más
nos interesa ya que es el que hace que a una persona le guste
más, por ejemplo, leer que ver la televisión
o conversar sentado en un bar que emborracharse y bailar en
otro. Aunque el carácter puede variar a lo largo de
toda la vida, se configura durante los primeros años
de la existencia del individuo.
Por ello, es interesante ver cuáles son los factores
que más pueden influir en su formación.
Podríamos decir que son tres: el entorno familiar,
en entorno físico y la escuela. En todos ellos están
presentes los valores de la sociedad y de hecho es en este
período y son estos tres los que socializan al niño.
La familia consta de varios miembros con los que recibe una
instrucción básica inicial. Aprende ciertas
costumbres y ciertos hábitos, pero también es
la primera y, tal vez, la más importante causa de trastornos
del carácter. Los traumas psicológicos, neurosis
y demás patologías mentales que, normalmente,
están presentes en el inconsciente de la persona durante
toda su vida, provienen de la infancia y, más concretamente,
de las relaciones con los miembros de su familia. Estos problemas
pueden ser graves taras para el desarrollo de una vida plena,
ya que pueden afectar al modo de ver el mundo en cuanto a
la relación de éste con la persona, o la relación
de la persona consigo misma y, por tanto, con el resto de
los individuos. Sin embargo, los graves problemas que esto
acarrea pueden diagnosticarse y solucionarse. Dice Bertrand
Russell al respecto: "Formar seres humanos capaces de crear
un mundo mejor es un problema de la psicología emocional:
es el problema de formar seres humanos que posean una inteligencia
libre combinada con una disposición de ánimo
alegre". Pero no debe concluirse de esta frase que la psicología
emocional es el único medio de conseguir personas de
ese tipo. Sin dejar de ser una ayuda fundamental que aquí
defenderé, necesita apoyarse en la educación
si además quiere que esas personas construyan una sociedad
mejor.
El entorno físico también afecta a la psicología
del niño en un grado importante. Criarse en un barrio
con muchos parques, jugar en la calle o poder ir a una plaza
desarrolla ciertas capacidades y da unas vivencias mucho más
ricas que las que un niño que no pueda disponer esa
ventajas pueda tener. Los niños necesitan correr y
jugar, cuanto más mejor, y si no pudieran hacerlo,
no estarían desarrollándose plenamente conforme
a sus necesidades. Tampoco es lo mismo vivir en un ambiente
en el que la gente tiene que luchar por sobrevivir o vivir
en uno en el que todo son comodidades. En el primero, el niño
suele tener mayor libertad, por lo que juega más, y
también aprende a buscarse la vida, mientras que en
el segundo el niño, aunque tuviera la misma libertad,
que no suele ser así, desarrolla tardíamente
ciertas capacidades. En la pubertad y en la adolescencia,
vivir en una ciudad hará que la persona sea más
activa, mientras que aquellos que vivan en el campo tenderán
más a la contemplación.
La educación, aunque también tiene importantes
aportaciones a la psicología humana (a causa de las
relaciones con los otros y con los maestros y profesores),
es más importante porque su función es dar a
la persona los conocimientos y la formación que necesita
para poder andar por la vida. En este sentido, la educación
es capaz de orientar el carácter de la persona hacia
la consecución de una vida productiva, en el sentido
de ser una buena vida para la ella como ser humano en sí
mismo. La educación ayuda "al hombre a vivir en este
mundo, a encontrar su camino y formar los hábitos y
actitudes que le hagan capaz de dominar las situaciones".
Por esta cualidad queremos estudiar la educación en
este trabajo, aunque también tiene otra función.
Durante el período de escolaridad la persona recibir
una socialización básica: buenos modales, algunos
comportamientos simples que se deben dar en sociedad, conocimientos
útiles para el contacto con los demás en la
vida diaria,... Pero esto no debe estar por encima de la otra
instrucción, la que afectará al carácter
de la persona.
La educación, desveladora de individuos
Educar viene del latín educere, que significa
"sacar afuera". ¿Y qué es lo que debe de extraer la
educación? Lo mejor de cada persona, su mayor capacidad
de vivir y sentir. El profesor García Hoz ha dado un
nombre a la educación tendente lograr estos fines,
y los explica: "La educación personalizada responde
al intento de estimular a un sujeto para que vaya perfeccionando
su capacidad de hacer efectiva la libertad personal, participando,
con sus características peculiares en la vida comunitaria".
Esta corriente es importante en estos momentos en España,
y ha sido la que, en teoría, inspiró la última
reforma educativa, que más tarde estudiaremos. Primero
daremos unas pinceladas acerca de lo que debería ser,
en nuestra opinión, la educación.
La educación debe tender necesariamente a formar
al ser humano como persona y a enseñarle a formar su
personalidad que tiene del mejor y del mayor modo posible.
Para ello le deberá mostrar todos los aspectos del
universo en el que vive, ya sean verificables empíricamente
o existan sólo en la mente del ser humano. Hay que
ayudar a esa persona (que aun debe serlo más), a profundizar
en todos los aspectos de su vida e introducirle en la historia
del hombre. Esta historia incluye el pensamiento que ha movido
a actuar de un determinado modo a la humanidad durante su
existencia, sus utopías, sus supersticiones y demás
creencias espirituales, el universo en el que vive y la relación
espacio-temporal entre nuestro barrio y el tamaño del
cosmos, entre nuestra edad y la de éste, la complejidad
de la mente y lo que se sabe de su funcionamiento, los avances
tecnológicos, desde una rudimentaria lanza de madera
hasta internet, la evolución de las relaciones entre
los individuos (formación de las sociedades), las estructuras
de las mismas, sus sistemas económicos, sus producciones
artísticas,... Todo esto, en el contexto de lo que
comúnmente se conoce como historia lleva al hombre
a formarse como tal, a tomar conciencia la naturaleza de la
especie a la que pertenece, a verse en una perspectiva que
necesariamente le lleve a ser solidario, educado, tolerante
y, sobre todo, persona. Dice Russell: "El hábito de
considerar la vida como un todo es una parte esencial de la
sabiduría y de la moralidad verdadera y debería
fomentarse en la educación". Si se lograra formar hombres
así, difícilmente iría el mundo como
va, no habría tantas desigualdades y la felicidad sería
la característica fundamental de toda la humanidad.
De nuevo Russell: "La verdadera cultura ayuda al hombre a
comprender la sociedad humana como un todo, a determinar sabiamente
los fines que la comunidad debe perseguir y a considerar el
presente en la relación con el pasado y el futuro.
La auténtica cultura es por ello tan valiosa para quienes
han de ejercer el poder como la información detallada.
Para hacer que los hombres sean útiles hay que hacer
que sean sabios, y parte de esencial de la sabiduría
es poseer una mentalidad amplia".
Esto puede darnos una idea de que la visión que
hay que tener del niño debe ser muy delicada. La actitud
coherente con lo antes expuesto sería la de respetarle
profundamente, tratarle con sumo cuidado, y tomar muy en serio
su educación. Lo que tenemos en nuestras manos, -la
responsabilidad del educador-, es conseguir que haga con su
vida lo que quiera, pero que lo que haga salga espontáneamente
de su interior, esté íntimamente ligado a su
persona y que respete su individualidad (su diferencia respecto
de los demás).
Es necesario librarle de prejuicios, enseñarle
a amarse tanto a sí mismo como a los demás por
lo que son. Enseñarle a respetar al otro mediante el
conocimiento de los distintos hombres. Mostrarle que son personas
como él, independientemente de lo que piensen, parezcan,
coman, lean,... Las personas tienen que aprender a quererse
a sí mismas sin que les importe lo que los demás
piensen de ellas. Hay que fomentar en ellas el aprecio al
prójimo, que está estrechamente ligado a la
autoestima.
Un buen sistema educativo, en su fase primaria, por lo
menos, también tiene que estar atento a los posibles
trastornos psicológicos de los niños, sea a
través de psicólogos o por medio de profesores
bien formados. En esas edades tan delicadas hay que estar
constantemente pendientes de las barreras que inconsciente
el niño pueda levantar contra su adecuada formación
como persona. Y aunque por motivos culturales sería
muy difícil, lo ideal sería asesorar a los padres
acerca de cómo se tienen que comportar con sus hijos
para no crearles ningún trauma ni dejarles nada sepultado
en su inconsciente. Desde luego, en la secundaria también
hay que estar pendiente de este tema, que es una de las causas
de fracasos escolares y personales.
Es fundamental para educar, amar la vida y la humanidad
y a uno mismo (en sentido positivo), hasta el punto de que
ningún acto que no parta de esta máxima será
bueno para la persona a la que se educa. Sólo así
podrá volcarse en él auténtico amor,
imprescindible para lograr nuestro proyecto de persona. En
todo análisis de algo relacionado con la educación
hay que ver si en el fondo se cumple esto.
Teoría de la práctica de estas ideas
Llevar a la práctica esta teoría no es difícil.
En primer lugar, hay que contar con un profesorado que sea
consciente de la responsabilidad que entraña su trabajo,
y que se comprometa con lo que hace. Como dije anteriormente,
debe amar al alumno y respetarle, teniendo en cuenta que su
función es, en cierto modo como la de un alfarero que
moldea el barro. Hay que trabajar con delicadeza, estudiar
el material que tenemos y ayudarle a encontrar la forma más
perfecta que pueda alcanzar.
El profesor, especialmente en la primaria, además
de conocer perfectamente el contenido de las materias que
tenga que impartir, tiene que actuar de psicólogo.
Debe tratar a cada uno independientemente, ayudando a todos
a progresar según su capacidad. Tiene que tener mil
ojos siempre abiertos.
La disciplina debe ser la justa para que aprendan a respetarse
y comportarse en sociedad, tolerando las diferencias y encontrando
la riqueza que cada persona tenga en sí misma. Hay
que fomentar el juego participativo y el amor.
El programa de estudios tiene que estar pensado para
que el alumno aprenda a abstraer, para que pueda pensar por
sí mismo y analizar los acontecimientos de la vida.
Por ello son fundamentales tanto las ciencias como las humanidades
en todos los ciclos del aprendizaje. La consecución
de lo expuesto al principio del anterior punto pasa porque
todas las ramas del saber humano tengan un fuerte peso, y
que la filosofía esté siempre presente para
ayudarles a pensar y a relacionar todo lo que han aprendido,
para que esos conocimientos no se pierdan en la memoria del
alumno. Sin ella no se podría conseguir esa visión
global deseada de la humanidad. Veámoslo ahora en particular
para las distintas etapas de la educación.
Educación primaria
La educación primaria (desde los 6 a los 12 años
de edad), debe dedicarse a enseñar al alumno a conocer
su cuerpo y su mente. En cuanto a ésta, la psicología
juega un papel importante. Es fundamental conseguir un alto
grado de autoestima en los alumnos. Para ello hay que estar
atento a cada uno para descubrir posibles traumas y también
vigilar al grupo entero para prevenir la creación de
élites, la marginación de alguno de sus miembros,
y evitar la terrible crueldad de los niños. Hay que
conseguir la plena integración de todos.
Aparte de enseñar a leer y a escribir, no sólo
sin faltas, sino también usando correctamente el castellano
y elaborando frases lo más inteligentes que su edad
se lo permita, también se debe dar unos conocimientos
culturales básicos. Sin ser los contenidos de este
ciclo excesivamente duros, deben ser respetados y no se debe
permitir que nadie siga adelante sin haberlos superado.
La labor de los profesores es importantísima.
Independientemente de su capacidad para dar los contenidos
de las materias que imparten, son, sobretodo, tutores de los
alumnos. Sobre ellos debe recaer la responsabilidad de los
avances del niño. Nunca debe culparse a éste
de su posible fracaso, salvo cuando sea evidente que el profesor-tutor
no ha podido hacer nada. Habría incluso que exigir
que cada trimestre, diera, no sólo una evaluación
de la evolución del niño, sino también,
cómo le ve él anímicamente en relación
con las materias que estudia, qué facilidades y afinidades
tiene y qué es lo que más le cuesta. Sobre esto
se deberá trabajar, ya sea él u otro profesor
especializado y siempre se tratará personalmente y
se tendrán en cuenta las posibilidades reales de lograr
los objetivos fijados. También habrá que estar
atentos a los posibles motivos de fondo que impidan que rinda
como debiera para poder solucionarlos y que el niño
siga adelante. Cabe recordar aquí que en Inglaterra
se descubrió que muchos niños de los que se
sentaban en las últimas filas no sabían leer
ni escribir pero habían superado los cursos por desidia
de los profesores. Si esto ocurriera habría que alejar
lo más posible de la educación a los responsables.
El profesor, por tanto, además de enseñar
una o varias materias, debe preparar al niño psicológica
e intelectualmente para recibir una instrucción superior,
además de darle una base cultural lo más basta
que la edad permita y del modo más didáctico
posible, evitando que todo se reduzca a trasladar a un papel
de examen unos conocimientos memorizados con anterioridad.
Es preferible que aprendan menos pero que no cojan fobia a
la cultura. Lo mejor es motivarles a que ellos mismos la busquen.
Educación secundaria
En esta educación, que se da entre los 12 y los 16
años, es donde hay que estar atento a la aparición
de las inquietudes de los alumnos, para intentar canalizarlas.
Hay que saber ver, antes de que se expliciten o se pierdan
por no haberlas vigilado, sus posibles orientaciones. Si se
descubren hay que ayudarle a mantenerlas, a reavivarlas, pero
sin excluir el resto de las posibles. La separación
en ciencias y letras no debe nunca hacerse si una relega a
la otra. En primer lugar por una necesaria formación
cultural y humanística y por lo que desarrolla y abre
la mente el poder manejarse en materias totalmente distintas.
En segundo lugar porque nunca debe cerrarse del todo la posibilidad
de un cambio de orientación o la posibilidad de un
deseo de complementar los de una rama con los de la otra.
Es en este ciclo donde los profesores suelen provocar
más fobias entre los alumnos, en parte por su incapacidad
o por su poco interés en lo que hacen, en parte por
la difícil etapa que atraviesan las personas de esas
edades. De todas formas, como ocurría en la educación
primaria, deben ser lo más comprensivos que puedan
con sus alumnos y no deben, en ningún caso, creerse
grandes poseedores de la verdad, dar su lección y marcharse
a casa pensando que han terminado con su trabajo. Deben implicarse
con lo que hacen, trabajando junto con el resto de profesores
continuamente para ver los problemas, las mejoras y las inquietudes
que puedan tener los alumnos. Hay que ayudarles a canalizar
estas últimas.
Sería bueno que fueran profesores-amigos, sin
perder la autoridad que les hace falta para mantener el orden
necesario (pero no más del justo). Deben de prestar
especial atención a aquellos que están desmotivados,
ya que si se dan cuenta a tiempo tal vez puedan sacarles adelante
apoyándoles en aquello que les pueda gustar. Normalmente,
la desmotivación viene por no haber sido entendidos
a su debido tiempo. Por ello, tienen que estar preparados,
al igual que los de la primaria, para asistir psicológicamente
al alumno. La psicología está íntimamente
ligada a la educación.
Por ello, el aspirante a maestro debe estar muy formado
para lograr esos objetivos. No es difícil, sólo
es cuestión de voluntad. Es necesario, por tanto, que
conozca básicamente los contenidos de las otras materias
que son impartidas al alumno, para que pueda exigirles que
relacionen lo que han aprendido en cada una de ellas y para
que él les pueda ayudar a hacerlo. También debe
conocerlos para estar más cercano a los problemas que
puedan tener con su curso y con su vida en el aspecto intelectual
y profesional. El tutor de cada clase debe tener un trato
constante, semana a semana con el resto de los profesores
acerca de los alumnos con problemas y de los problemáticos.
Para que todo esto salga bien, sería ideal que
todo profesor consiguiera crear un buen clima entre él
y sus alumnos, de modo que estos le aprecien y trabajen juntos
a gusto. Así podrían sincerarse ante él
y se les podría ayudar más fácilmente.
Bachillerato
El bachillerato es la etapa no obligatoria de la educación
escolar junto con la Formación Profesional para aquellos
que los prefieran. Suele estar destinada especialmente a los
que van a estudiar en la universidad. Al contrario de lo que
se piensa, los planes de estudios no deben estar diseñados
específicamente para aquéllos que desean cursar
la enseñanza superior. Esto no debe de importar. Independientemente
de lo que vayan a hacer en el futuro, pueden también
tener una buena preparación como personas. Esto no
es incompatible con la vida profesional, ya que nada que sea
bueno para la persona como tal puede ser malo para el futuro
trabajador.
La formación debe ser muy fuerte, a nivel casi
universitario. A esa edad se puede perfectamente afrontar
una educación así sin que se presenten problemas
si en los ciclos anteriores se han cumplido los objetivos
marcados. Evidentemente, los alumnos tienen ya sus preferencias
y habrán escogido asignaturas que les atraigan por
un motivo u otro. Sin embargo, es necesario que haya unas
cuantas comunes porque son buenas para todos. Estas podrían
ser filosofía, lenguaje, idioma extranjero, historia,
sociología y matemáticas (estaría bien
una introducción a la lógica matemática
y otra a la filosófica). El fin de dar estas asignaturas
es el de desarrollar, como ya se comentó anteriormente,
la capacidad abstractiva y de discernimiento y comprensión
del alumno, para que se enfrente al mundo con grandes posibilidades
de mantener firme su integridad intelectual.
En filosofía, aparte de conocer el pensamiento
occidental y, a ser posible, una introducción al oriental,
se debe poner un énfasis especial en saber relacionar
conceptos de otras materias y de distintas ideas filosóficas.
Por ejemplo, podría existir una parte llamada filosofía
de la ciencia para los de ciencias y filosofía de la
historia para los que estudien letras. Esta asignatura trabajaría
en paralelo con lenguaje, que no sólo enseñaría
lingüística, sino también escritura creativa
(literaria, pequeños intentos de ensayo,...) y comentario
de texto. En cuanto a la sociología, es fundamental
por el simple hecho de que trataría de la realidad
social en la que vivimos, y ayudaría a conocer y comprender
mejor los acontecimientos que ocurren en el seno de ésta.
También sería muy interesante y recomendable
que se impartiera una asignatura que tratara la psicología
y el psicoanálisis. La psicología se podría
aplicar a distintas esferas de la realidad, a través
de las asignaturas cursadas, como la sociología, por
ejemplo (de nuevo hay que comentar la necesidad de que los
profesores de las distintas asignaturas trabajen en común
al preparar sus clases). El psicoanálisis serviría
sobretodo para conocerse a uno mismo y para ayudar a lograr
la madurez de la persona.
Por supuesto, en este bachillerato, que dura dos años,
también se debe preparar al alumno concienzudamente
en las asignaturas que ha escogido y que se supone que le
gustan y tratan de algo a lo que se va a dedicar. Es importante
que aprenda a no separar éstas de las otras, cosa que
puede ocurrir especialmente entre los que cursen asignaturas
de ciencias. Es obligación de los profesores enseñarles
que todo está relacionado de algún modo.
Alguien que haya recibido esta educación es perfectamente
capaz de estudiar con éxito cualquier carrera. Si todo
ha salido según está planeado, este alumno será
bastante maduro y todas las decisiones que tome estarán
íntimamente relacionadas con su sentimiento interior
y por un interés real que no tiene que ver con las
modas ni, en absoluto, con el mercado del trabajo más
que de un modo orientativo. Una persona bien formada en algo
puede aprender cualquier cosa. Por otro lado, las modas saturan
las salidas de algunas carreras y deja de tener sentido estudiarlas
compulsivamente a no ser que se haga por aprender por aprender.
La Formación Profesional
No hay mucho que decir acerca de lo que creo que debería
ser la Formación Profesional. Al igual que el Bachillerato,
tendría que impartir unas asignaturas comunes que,
puesto que nada tienen que ver con lo que vayan a hacer en
el futuro, podrían y deberían ser las mismas.
Si hay problemas de tiempo se podrían comprimir un
poco más para que se cumplan los objetivos del ciclo.
En cualquier caso, los que se preparan para ejercer una profesión
también son personas y deben recibir la misma formación
que los otros. En vez de prepararse para estudiar arquitectura,
por ejemplo, lo hacen para ser delineantes, o en vez de estudiar
para ser ingenieros industriales especializados en electrónica,
estudian electrónica directamente en F.P., pero no
hay más diferencias.
Acercamiento crítico a la realidad de la educación
actual en España
Lo expuesto hasta ahora no ha sido más que una teoría,
que no es poco. Sin dejar de ser, a mi entender, una teoría
realista, es a la vez una utopía. Sin embargo, es una
utopía bien vista, porque ni siquiera a los que hacen
las leyes les parece mala. "Por supuesto, -pensarían
ellos-, la educación tiene que ser así". Pero
es utopía porque la realidad demuestra que no se quiere
hacer eso y que, salvo que se cree una escuela como Beacon
Hill, la de Bertrand Russell, o Summerhill School, otra escuela
experimental de la época, es imposible conseguir que
la educación tenga que ver con estos ideales.
El primer problema que surge al intentar hacer una reforma
en la educación lo ponen los que tienen la última
palabra. El Gobierno, a veces, da la impresión de estar
formado por personas que no están capacitadas para
ejercer el poder que les ha sido confiado. La última
reforma educativa la hizo el PSOE, y al ganar el PP las elecciones,
lo único que se ha cuestionado es el tema de la religión.
Esto está relacionado con la idea que se desprendía
de un artículo de Charles Perrow que leímos.
Trataba de la progresiva despersonalización de la sociedad.
Se ha creado un círculo vicioso por el cual las personas
que la forman van perdiendo su personalidad en favor de una
gigantesca organización económica que lo controla
todo. Y lo peor es que nadie la dirige, porque incluso los
que la conducen están, en realidad, gobernados por
ella.
Por eso, cuando se planea una reforma de este tipo, lo
que más importa es cumplir con los objetivos de esa
gran organización absorbente. Sin embargo, cuando leemos
la LOGSE, nos encontramos con que las metas que se fijan son
parecidas a las que nos hemos marcado. En ella se dice: "los
sistemas educativos desempeñan funciones esenciales
para la vida de los individuos y de las sociedades". A juzgar
por las diferencias reales que hay entre su sistema educativo
y el expuesto en este trabajo, parece que el problema es que
ellos piensan en una sociedad totalmente distinta a la nosotros
soñamos.
En esa sociedad de la que habla la LOGSE, se intenta
erradicar la intolerancia y fomentar la solidaridad. También
se hacen muchas referencias al sistema productivo, que para
los que la hicieron debe ser apoyado al máximo. Parece
que incluso la educación se basa en la tasa de beneficio
y en que el poseedor del poder aproveche éste al máximo
posible. No les convendría que en ese mundo las personas
estuvieran inadaptadas o buscaran su propio camino en la vida
independientemente de las necesidades del sistema. Imaginemos
que el sistema educativo produjese personas como las que idealmente
buscamos, ¿quién querría, utilizando la terminología
marxiana, alienarse con este sistema productivo? No podría
sostenerse si, al salir de la escuela secundaria todos quisieran,
por ejemplo, conseguir que lo que ellos y los demás
hagan vaya solamente en pro de su individualidad y de su personalidad.
Por otro lado, lo que ocurriría es que nadie querría
ser como Mario Conde o como Jesús Gil. A nadie, seguramente,
le interesaría ganar dinero o tener éxito
social por encima de todo, con lo que nadie explotaría
ni pisaría a nadie, y la tasa de beneficio, de mantenerse,
sería para ser bien repartida. ¡Ah, que bello lugar
en ninguna parte!
Pero a lo que tiende la educación actual no es
a formar al hombre para que participe con sus características
peculiares en la vida comunitaria, como decía la cita
de García Hoz de la tercera página de este escrito,
sino a que participe en la vida comunitaria olvidando sus
peculiaridades. Como parece que ocurre en las escuelas del
estado desde que se aprobó la LOGSE, lo que se hace
fundamentalmente en ellas es socializar al niño, prepararle,
no intelectualmente sino funcionalmente para que, al llegar
al mundo profesional, nadie pierda tiempo y dinero en formarle.
La formación personal que tanto he defendido aquí,
no importa tanto, e incluso es secundaria.
Esto se puede comprobar fácilmente analizando
la cultura que tienen los estudiantes universitarios. Éstos,
que han estudiado según unos planes que ya están
derogados y formaban más el intelecto, tienen diversos
problemas preocupantes para el futuro de la sociedad. Estas
características, en general, son comunes a todos: poco
sentido de la responsabilidad, falta de interés por
la lectura, dificultad a la hora de elaborar un discurso inteligente,
lo que lleva a no desarrollar la capacidad de juicio, dificultades
para escribir y gran cantidad de faltas de ortografía,
poco conocimiento de la historia del hombre y de sus ideas,...
Esto hace que no tengan demasiada personalidad, que no sepan
lo que quieren ni se esfuercen en saberlo (todos hacen las
mismas carreras, según modas) y que prácticamente
nunca alcancen un grado de madurez aceptable en toda su vida.
La LOGSE, que da menos importancia a la cultura que el
anterior sistema, formará personas con esos defectos
potenciados. A la gramática ya no se le da ninguna
trascendencia, como prueba el hecho de que en selectividad
sean mucho más permisivos con las faltas de ortografía
que antes. La filosofía tampoco interesa. Todo parece
indicar que la formación del hombre como tal se ha
olvidado definitivamente. En la Formación Profesional
la educación trata única y exclusivamente del
oficio que están aprendiendo. Ni siquiera creo que
pueda recibir el nombre de educación. Se trata de formar
máquinas, no personas. Un futuro en el que todos los
españoles se hayan formado así no es muy esperanzador.
En la LOGSE no se habla de la función del profesor.
Algo se comenta acerca de ellos, como de pasada, pero no se
profundiza en las funciones que creemos que tienen ni se les
da demasiada importancia. Parece claro, sin embargo, que en
la educación, el profesor no es simplemente un funcionario,
sino que tiene una labor primordial. Pero esta figura no se
siente apreciada. En la educación primaria, en la que
más funciones y responsabilidades tiene, no se les
permite ayudar a los alumnos. En seguida se encuentran con
problemas, ya sea desde los órganos superiores o desde
los padres. Se sienten desencantados con una profesión
que les gusta y que no pueden desarrollar como ellos quisieran
y debieran. Pero la culpa de ese desencanto la tiene, especialmente,
el Estado, que quiere que los niños "salgan borregos".
En una escuela del centro de Madrid, los profesores se quejan
de que el ideal educativo de desarrollar íntegramente
al individuo no se cumple más que en el papel. En la
práctica, los alumnos que ya deberían estar
resolviendo raíces cuadradas y reglas de tres complejas,
tienen problemas con la tabla de multiplicar. Cuando, en condiciones
normales, habrían leído ya unos cuantos libros,
les cuesta leer. No es extraño que algunos profesores
de la escuela pública manden a sus hijos a la privada.
La LOGSE espera que todos los alumnos alcancen al fin
de la escolaridad unos objetivos mínimos, pero resultan
ser tan sumamente mínimos que el nivel general de las
clases baja muchísimo. El resultado de todo esto es
el que cabría esperar. Los niños, a base de
que se les exija un nivel muy bajo de conocimientos y de dar
asignaturas tontas, no maduran. Los niños que ya han
sido educados bajo los presupuestos de esta reforma y que
aún no han terminado la primaria, llegan a tener un
desarrollo mental dos años inferior al que les corresponde
por edad. Está clara, pues, la estrecha relación
que hay entre educación y madurez. El Estado no lo
ignora. ¿Qué sociedad pretende construir?
En la educación secundaria ya se nota esta falta
de madurez. Los profesores están de acuerdo en que
el desarrollo de los alumnos que actualmente cursan ese ciclo
es muy inferior a los del antiguo B.U.P. Tampoco ayuda nada
a su formación el hecho de que tengan muchas asignaturas
optativas muy fáciles y poco culturales que parece
que no sirven para nada pero que se escogen para evitar tener
que estudiar. Las verdaderamente importantes para la formación
del individuo pueden llegar a quedar de lado.
Pero parece que ha aparecido un problema añadido
a esta reforma. La escolaridad obligatoria dura ahora dos
años más, hasta los 16. A priori este
es un avance que podría conseguir que la cultura y
la formación aumentara en general. Pero lo que ocurre
en la realidad es que los alumnos con problemas en los estudios,
como el anterior ciclo no les permite repetir más que
una vez, pueden no tener un nivel mínimo, y sin embargo
asistir a las clases con el resto de sus compañeros,
lo que termina afectando negativamente marcha del resto de
la clase.
Este es un problema de difícil solución.
Confinar a todos estos alumnos en un mismo grupo, aun en el
caso de que hubiera bastantes para formar uno, crearía
a su vez multitud de problemas, especialmente para los profesores,
a los que seguramente les costaría mucho controlar
un conjunto de alumnos desmotivados y, seguramente, alborotadores.
Bajar el nivel a los grupos de alumnos normales perjudica
al resto, lo que es peor aún. Tal vez la solución
esté en dar clases extraordinarias a grupos reducidos,
tratando de ayudar a cada alumno en particular según
sus necesidades. La figura del psicólogo - a la que,
por cierto, la ley no parece dar excesiva importancia ni en
primaria ni en secundaria - sería vital en estos casos
para tratarle y para recomendar a los profesores las peculiaridades
de cada caso. Sin embargo, es probable que aparecieran otros
problemas a la hora de crear estos grupos ya que, si son obligatorios
puede haber quien se oponga, y si son voluntarios no todos
irían y el problema sólo se solucionaría
en parte. En cualquier caso, en la escuela primaria no deberían
dejar que pasasen aquéllos que no tuvieran el nivel
suficiente, y en la secundaria se debería permitir
que se repitieran los cursos que hiciera falta. Los alumnos
que repiten algún curso suelen mejorar y aunque alguno
todavía tuviera que hacerlo otra vez, el número
de los que tendrían dificultades en la secundaria o
en el Bachiller sería mucho menor.
La situación, por tanto, es bastante preocupante.
El futuro de una sociedad formada por personas poco preparadas
e inmaduras no da muy buenos augurios. Las personas que la
forman, que tal vez no puedan llegar a llamarse individuos,
serán fácilmente maleables. Los grupos de poder
podrían moverse a su antojo y, lo peor de todo es que
en ningún caso serían élites. Probablemente
tendrían tan poca formación como los demás
y habrían accedido al poder de algún modo oscuro,
por oportunismo o por carisma, pero su manejo de la política
tiene que ser, forzosamente, catastrófica.
Pero hay algo en lo que confío. Todos los grandes
humanistas de los últimos doscientos años han
temido esto mismo. Aunque las cosas han empeorado, especialmente
en esta era de las telecomunicaciones que descomunican a las
personas, espero que no todo suceda tan rápido como
pensamos. Tal vez dé tiempo a que el ser humano se
regenere de algún modo. Si esto no ocurre, puede la
deshumanización sea tan rápida que toda la humanidad
se destruya en poco tiempo y se pueda volver a construir,
desde cero, una nueva historia en la que se aprenda de los
errores del pasado...si es que queda alguna huella de él
o alguien para que la interprete.
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