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Emilio Adamsberg


La Educación, formadora del carácter del individuo y de la sociedad

 

Formación de la personalidad

  La persona no es un ser que nazca con su personalidad ya configurada y a la que en nada le afecta lo que ocurre a su alrededor. Tomando la definición de Erich Fromm de personalidad, ésta es "la totalidad de las cualidades psíquicas heredadas y adquiridas que son características de un individuo y que hacen al individuo único". Especifica Fromm que las heredadas son el temperamento, las dotes y las cualidades psíquicas constitucionales, y que las adquiridas moldean su carácter. Evidentemente, el temperamento no se puede cambiar, mientras que el carácter "se forma esencialmente por las experiencias de la persona y, en especial, por las de su infancia y es modificable hasta cierto punto por el conocimiento de uno mismo y por nuevas experiencias".

Aunque tanto carácter como temperamento influyen por igual en el ser humano, es el primero el que dirige la vida del hombre. En el libro abajo citado, Fromm habla de los cuatro temperamentos que distinguió Hipócrates: el colérico, el sanguíneo, el melancólico y el flemático. "El temperamento sanguíneo y el colérico son modos de reacción que se caracterizan por una excitabilidad fácil y una rápida alternancia del interés, siendo los intereses débiles en el primero e intensos en el último. El temperamento flemático y el melancólico, al contrario, se caracterizan por una persistente pero lenta excitabilidad del interés, siendo éste débil en el flemático e intenso en el melancólico". Aunque también las experiencias pueden provocar modos de actuar parecidos, como cuando alguien inseguro realiza muchas actividades y continuamente fija su atención en otras distintas que realmente no le interesan (haciéndolo por quedar mejor ante los demás), parece claro que estos temperamentos existen y son importantes.

Sin embargo, es el carácter el que más nos interesa ya que es el que hace que a una persona le guste más, por ejemplo, leer que ver la televisión o conversar sentado en un bar que emborracharse y bailar en otro. Aunque el carácter puede variar a lo largo de toda la vida, se configura durante los primeros años de la existencia del individuo.

Por ello, es interesante ver cuáles son los factores que más pueden influir en su formación.

Podríamos decir que son tres: el entorno familiar, en entorno físico y la escuela. En todos ellos están presentes los valores de la sociedad y de hecho es en este período y son estos tres los que socializan al niño. La familia consta de varios miembros con los que recibe una instrucción básica inicial. Aprende ciertas costumbres y ciertos hábitos, pero también es la primera y, tal vez, la más importante causa de trastornos del carácter. Los traumas psicológicos, neurosis y demás patologías mentales que, normalmente, están presentes en el inconsciente de la persona durante toda su vida, provienen de la infancia y, más concretamente, de las relaciones con los miembros de su familia. Estos problemas pueden ser graves taras para el desarrollo de una vida plena, ya que pueden afectar al modo de ver el mundo en cuanto a la relación de éste con la persona, o la relación de la persona consigo misma y, por tanto, con el resto de los individuos. Sin embargo, los graves problemas que esto acarrea pueden diagnosticarse y solucionarse. Dice Bertrand Russell al respecto: "Formar seres humanos capaces de crear un mundo mejor es un problema de la psicología emocional: es el problema de formar seres humanos que posean una inteligencia libre combinada con una disposición de ánimo alegre". Pero no debe concluirse de esta frase que la psicología emocional es el único medio de conseguir personas de ese tipo. Sin dejar de ser una ayuda fundamental que aquí defenderé, necesita apoyarse en la educación si además quiere que esas personas construyan una sociedad mejor.

El entorno físico también afecta a la psicología del niño en un grado importante. Criarse en un barrio con muchos parques, jugar en la calle o poder ir a una plaza desarrolla ciertas capacidades y da unas vivencias mucho más ricas que las que un niño que no pueda disponer esa ventajas pueda tener. Los niños necesitan correr y jugar, cuanto más mejor, y si no pudieran hacerlo, no estarían desarrollándose plenamente conforme a sus necesidades. Tampoco es lo mismo vivir en un ambiente en el que la gente tiene que luchar por sobrevivir o vivir en uno en el que todo son comodidades. En el primero, el niño suele tener mayor libertad, por lo que juega más, y también aprende a buscarse la vida, mientras que en el segundo el niño, aunque tuviera la misma libertad, que no suele ser así, desarrolla tardíamente ciertas capacidades. En la pubertad y en la adolescencia, vivir en una ciudad hará que la persona sea más activa, mientras que aquellos que vivan en el campo tenderán más a la contemplación.

La educación, aunque también tiene importantes aportaciones a la psicología humana (a causa de las relaciones con los otros y con los maestros y profesores), es más importante porque su función es dar a la persona los conocimientos y la formación que necesita para poder andar por la vida. En este sentido, la educación es capaz de orientar el carácter de la persona hacia la consecución de una vida productiva, en el sentido de ser una buena vida para la ella como ser humano en sí mismo. La educación ayuda "al hombre a vivir en este mundo, a encontrar su camino y formar los hábitos y actitudes que le hagan capaz de dominar las situaciones". Por esta cualidad queremos estudiar la educación en este trabajo, aunque también tiene otra función. Durante el período de escolaridad la persona recibir una socialización básica: buenos modales, algunos comportamientos simples que se deben dar en sociedad, conocimientos útiles para el contacto con los demás en la vida diaria,... Pero esto no debe estar por encima de la otra instrucción, la que afectará al carácter de la persona.

 

La educación, desveladora de individuos

Educar viene del latín educere, que significa "sacar afuera". ¿Y qué es lo que debe de extraer la educación? Lo mejor de cada persona, su mayor capacidad de vivir y sentir. El profesor García Hoz ha dado un nombre a la educación tendente lograr estos fines, y los explica: "La educación personalizada responde al intento de estimular a un sujeto para que vaya perfeccionando su capacidad de hacer efectiva la libertad personal, participando, con sus características peculiares en la vida comunitaria". Esta corriente es importante en estos momentos en España, y ha sido la que, en teoría, inspiró la última reforma educativa, que más tarde estudiaremos. Primero daremos unas pinceladas acerca de lo que debería ser, en nuestra opinión, la educación.

La educación debe tender necesariamente a formar al ser humano como persona y a enseñarle a formar su personalidad que tiene del mejor y del mayor modo posible. Para ello le deberá mostrar todos los aspectos del universo en el que vive, ya sean verificables empíricamente o existan sólo en la mente del ser humano. Hay que ayudar a esa persona (que aun debe serlo más), a profundizar en todos los aspectos de su vida e introducirle en la historia del hombre. Esta historia incluye el pensamiento que ha movido a actuar de un determinado modo a la humanidad durante su existencia, sus utopías, sus supersticiones y demás creencias espirituales, el universo en el que vive y la relación espacio-temporal entre nuestro barrio y el tamaño del cosmos, entre nuestra edad y la de éste, la complejidad de la mente y lo que se sabe de su funcionamiento, los avances tecnológicos, desde una rudimentaria lanza de madera hasta internet, la evolución de las relaciones entre los individuos (formación de las sociedades), las estructuras de las mismas, sus sistemas económicos, sus producciones artísticas,... Todo esto, en el contexto de lo que comúnmente se conoce como historia lleva al hombre a formarse como tal, a tomar conciencia la naturaleza de la especie a la que pertenece, a verse en una perspectiva que necesariamente le lleve a ser solidario, educado, tolerante y, sobre todo, persona. Dice Russell: "El hábito de considerar la vida como un todo es una parte esencial de la sabiduría y de la moralidad verdadera y debería fomentarse en la educación". Si se lograra formar hombres así, difícilmente iría el mundo como va, no habría tantas desigualdades y la felicidad sería la característica fundamental de toda la humanidad. De nuevo Russell: "La verdadera cultura ayuda al hombre a comprender la sociedad humana como un todo, a determinar sabiamente los fines que la comunidad debe perseguir y a considerar el presente en la relación con el pasado y el futuro. La auténtica cultura es por ello tan valiosa para quienes han de ejercer el poder como la información detallada. Para hacer que los hombres sean útiles hay que hacer que sean sabios, y parte de esencial de la sabiduría es poseer una mentalidad amplia".

Esto puede darnos una idea de que la visión que hay que tener del niño debe ser muy delicada. La actitud coherente con lo antes expuesto sería la de respetarle profundamente, tratarle con sumo cuidado, y tomar muy en serio su educación. Lo que tenemos en nuestras manos, -la responsabilidad del educador-, es conseguir que haga con su vida lo que quiera, pero que lo que haga salga espontáneamente de su interior, esté íntimamente ligado a su persona y que respete su individualidad (su diferencia respecto de los demás).

Es necesario librarle de prejuicios, enseñarle a amarse tanto a sí mismo como a los demás por lo que son. Enseñarle a respetar al otro mediante el conocimiento de los distintos hombres. Mostrarle que son personas como él, independientemente de lo que piensen, parezcan, coman, lean,... Las personas tienen que aprender a quererse a sí mismas sin que les importe lo que los demás piensen de ellas. Hay que fomentar en ellas el aprecio al prójimo, que está estrechamente ligado a la autoestima.

Un buen sistema educativo, en su fase primaria, por lo menos, también tiene que estar atento a los posibles trastornos psicológicos de los niños, sea a través de psicólogos o por medio de profesores bien formados. En esas edades tan delicadas hay que estar constantemente pendientes de las barreras que inconsciente el niño pueda levantar contra su adecuada formación como persona. Y aunque por motivos culturales sería muy difícil, lo ideal sería asesorar a los padres acerca de cómo se tienen que comportar con sus hijos para no crearles ningún trauma ni dejarles nada sepultado en su inconsciente. Desde luego, en la secundaria también hay que estar pendiente de este tema, que es una de las causas de fracasos escolares y personales.

Es fundamental para educar, amar la vida y la humanidad y a uno mismo (en sentido positivo), hasta el punto de que ningún acto que no parta de esta máxima será bueno para la persona a la que se educa. Sólo así podrá volcarse en él auténtico amor, imprescindible para lograr nuestro proyecto de persona. En todo análisis de algo relacionado con la educación hay que ver si en el fondo se cumple esto.

 

Teoría de la práctica de estas ideas

Llevar a la práctica esta teoría no es difícil. En primer lugar, hay que contar con un profesorado que sea consciente de la responsabilidad que entraña su trabajo, y que se comprometa con lo que hace. Como dije anteriormente, debe amar al alumno y respetarle, teniendo en cuenta que su función es, en cierto modo como la de un alfarero que moldea el barro. Hay que trabajar con delicadeza, estudiar el material que tenemos y ayudarle a encontrar la forma más perfecta que pueda alcanzar.

El profesor, especialmente en la primaria, además de conocer perfectamente el contenido de las materias que tenga que impartir, tiene que actuar de psicólogo. Debe tratar a cada uno independientemente, ayudando a todos a progresar según su capacidad. Tiene que tener mil ojos siempre abiertos.

La disciplina debe ser la justa para que aprendan a respetarse y comportarse en sociedad, tolerando las diferencias y encontrando la riqueza que cada persona tenga en sí misma. Hay que fomentar el juego participativo y el amor.

El programa de estudios tiene que estar pensado para que el alumno aprenda a abstraer, para que pueda pensar por sí mismo y analizar los acontecimientos de la vida. Por ello son fundamentales tanto las ciencias como las humanidades en todos los ciclos del aprendizaje. La consecución de lo expuesto al principio del anterior punto pasa porque todas las ramas del saber humano tengan un fuerte peso, y que la filosofía esté siempre presente para ayudarles a pensar y a relacionar todo lo que han aprendido, para que esos conocimientos no se pierdan en la memoria del alumno. Sin ella no se podría conseguir esa visión global deseada de la humanidad. Veámoslo ahora en particular para las distintas etapas de la educación.

 

Educación primaria

La educación primaria (desde los 6 a los 12 años de edad), debe dedicarse a enseñar al alumno a conocer su cuerpo y su mente. En cuanto a ésta, la psicología juega un papel importante. Es fundamental conseguir un alto grado de autoestima en los alumnos. Para ello hay que estar atento a cada uno para descubrir posibles traumas y también vigilar al grupo entero para prevenir la creación de élites, la marginación de alguno de sus miembros, y evitar la terrible crueldad de los niños. Hay que conseguir la plena integración de todos.

Aparte de enseñar a leer y a escribir, no sólo sin faltas, sino también usando correctamente el castellano y elaborando frases lo más inteligentes que su edad se lo permita, también se debe dar unos conocimientos culturales básicos. Sin ser los contenidos de este ciclo excesivamente duros, deben ser respetados y no se debe permitir que nadie siga adelante sin haberlos superado.

La labor de los profesores es importantísima. Independientemente de su capacidad para dar los contenidos de las materias que imparten, son, sobretodo, tutores de los alumnos. Sobre ellos debe recaer la responsabilidad de los avances del niño. Nunca debe culparse a éste de su posible fracaso, salvo cuando sea evidente que el profesor-tutor no ha podido hacer nada. Habría incluso que exigir que cada trimestre, diera, no sólo una evaluación de la evolución del niño, sino también, cómo le ve él anímicamente en relación con las materias que estudia, qué facilidades y afinidades tiene y qué es lo que más le cuesta. Sobre esto se deberá trabajar, ya sea él u otro profesor especializado y siempre se tratará personalmente y se tendrán en cuenta las posibilidades reales de lograr los objetivos fijados. También habrá que estar atentos a los posibles motivos de fondo que impidan que rinda como debiera para poder solucionarlos y que el niño siga adelante. Cabe recordar aquí que en Inglaterra se descubrió que muchos niños de los que se sentaban en las últimas filas no sabían leer ni escribir pero habían superado los cursos por desidia de los profesores. Si esto ocurriera habría que alejar lo más posible de la educación a los responsables.

El profesor, por tanto, además de enseñar una o varias materias, debe preparar al niño psicológica e intelectualmente para recibir una instrucción superior, además de darle una base cultural lo más basta que la edad permita y del modo más didáctico posible, evitando que todo se reduzca a trasladar a un papel de examen unos conocimientos memorizados con anterioridad. Es preferible que aprendan menos pero que no cojan fobia a la cultura. Lo mejor es motivarles a que ellos mismos la busquen.

 

Educación secundaria

En esta educación, que se da entre los 12 y los 16 años, es donde hay que estar atento a la aparición de las inquietudes de los alumnos, para intentar canalizarlas. Hay que saber ver, antes de que se expliciten o se pierdan por no haberlas vigilado, sus posibles orientaciones. Si se descubren hay que ayudarle a mantenerlas, a reavivarlas, pero sin excluir el resto de las posibles. La separación en ciencias y letras no debe nunca hacerse si una relega a la otra. En primer lugar por una necesaria formación cultural y humanística y por lo que desarrolla y abre la mente el poder manejarse en materias totalmente distintas. En segundo lugar porque nunca debe cerrarse del todo la posibilidad de un cambio de orientación o la posibilidad de un deseo de complementar los de una rama con los de la otra.

Es en este ciclo donde los profesores suelen provocar más fobias entre los alumnos, en parte por su incapacidad o por su poco interés en lo que hacen, en parte por la difícil etapa que atraviesan las personas de esas edades. De todas formas, como ocurría en la educación primaria, deben ser lo más comprensivos que puedan con sus alumnos y no deben, en ningún caso, creerse grandes poseedores de la verdad, dar su lección y marcharse a casa pensando que han terminado con su trabajo. Deben implicarse con lo que hacen, trabajando junto con el resto de profesores continuamente para ver los problemas, las mejoras y las inquietudes que puedan tener los alumnos. Hay que ayudarles a canalizar estas últimas.

Sería bueno que fueran profesores-amigos, sin perder la autoridad que les hace falta para mantener el orden necesario (pero no más del justo). Deben de prestar especial atención a aquellos que están desmotivados, ya que si se dan cuenta a tiempo tal vez puedan sacarles adelante apoyándoles en aquello que les pueda gustar. Normalmente, la desmotivación viene por no haber sido entendidos a su debido tiempo. Por ello, tienen que estar preparados, al igual que los de la primaria, para asistir psicológicamente al alumno. La psicología está íntimamente ligada a la educación.

Por ello, el aspirante a maestro debe estar muy formado para lograr esos objetivos. No es difícil, sólo es cuestión de voluntad. Es necesario, por tanto, que conozca básicamente los contenidos de las otras materias que son impartidas al alumno, para que pueda exigirles que relacionen lo que han aprendido en cada una de ellas y para que él les pueda ayudar a hacerlo. También debe conocerlos para estar más cercano a los problemas que puedan tener con su curso y con su vida en el aspecto intelectual y profesional. El tutor de cada clase debe tener un trato constante, semana a semana con el resto de los profesores acerca de los alumnos con problemas y de los problemáticos.

Para que todo esto salga bien, sería ideal que todo profesor consiguiera crear un buen clima entre él y sus alumnos, de modo que estos le aprecien y trabajen juntos a gusto. Así podrían sincerarse ante él y se les podría ayudar más fácilmente.

 

Bachillerato

El bachillerato es la etapa no obligatoria de la educación escolar junto con la Formación Profesional para aquellos que los prefieran. Suele estar destinada especialmente a los que van a estudiar en la universidad. Al contrario de lo que se piensa, los planes de estudios no deben estar diseñados específicamente para aquéllos que desean cursar la enseñanza superior. Esto no debe de importar. Independientemente de lo que vayan a hacer en el futuro, pueden también tener una buena preparación como personas. Esto no es incompatible con la vida profesional, ya que nada que sea bueno para la persona como tal puede ser malo para el futuro trabajador.

La formación debe ser muy fuerte, a nivel casi universitario. A esa edad se puede perfectamente afrontar una educación así sin que se presenten problemas si en los ciclos anteriores se han cumplido los objetivos marcados. Evidentemente, los alumnos tienen ya sus preferencias y habrán escogido asignaturas que les atraigan por un motivo u otro. Sin embargo, es necesario que haya unas cuantas comunes porque son buenas para todos. Estas podrían ser filosofía, lenguaje, idioma extranjero, historia, sociología y matemáticas (estaría bien una introducción a la lógica matemática y otra a la filosófica). El fin de dar estas asignaturas es el de desarrollar, como ya se comentó anteriormente, la capacidad abstractiva y de discernimiento y comprensión del alumno, para que se enfrente al mundo con grandes posibilidades de mantener firme su integridad intelectual.

En filosofía, aparte de conocer el pensamiento occidental y, a ser posible, una introducción al oriental, se debe poner un énfasis especial en saber relacionar conceptos de otras materias y de distintas ideas filosóficas. Por ejemplo, podría existir una parte llamada filosofía de la ciencia para los de ciencias y filosofía de la historia para los que estudien letras. Esta asignatura trabajaría en paralelo con lenguaje, que no sólo enseñaría lingüística, sino también escritura creativa (literaria, pequeños intentos de ensayo,...) y comentario de texto. En cuanto a la sociología, es fundamental por el simple hecho de que trataría de la realidad social en la que vivimos, y ayudaría a conocer y comprender mejor los acontecimientos que ocurren en el seno de ésta.

También sería muy interesante y recomendable que se impartiera una asignatura que tratara la psicología y el psicoanálisis. La psicología se podría aplicar a distintas esferas de la realidad, a través de las asignaturas cursadas, como la sociología, por ejemplo (de nuevo hay que comentar la necesidad de que los profesores de las distintas asignaturas trabajen en común al preparar sus clases). El psicoanálisis serviría sobretodo para conocerse a uno mismo y para ayudar a lograr la madurez de la persona.

Por supuesto, en este bachillerato, que dura dos años, también se debe preparar al alumno concienzudamente en las asignaturas que ha escogido y que se supone que le gustan y tratan de algo a lo que se va a dedicar. Es importante que aprenda a no separar éstas de las otras, cosa que puede ocurrir especialmente entre los que cursen asignaturas de ciencias. Es obligación de los profesores enseñarles que todo está relacionado de algún modo.

Alguien que haya recibido esta educación es perfectamente capaz de estudiar con éxito cualquier carrera. Si todo ha salido según está planeado, este alumno será bastante maduro y todas las decisiones que tome estarán íntimamente relacionadas con su sentimiento interior y por un interés real que no tiene que ver con las modas ni, en absoluto, con el mercado del trabajo más que de un modo orientativo. Una persona bien formada en algo puede aprender cualquier cosa. Por otro lado, las modas saturan las salidas de algunas carreras y deja de tener sentido estudiarlas compulsivamente a no ser que se haga por aprender por aprender.

 

La Formación Profesional

No hay mucho que decir acerca de lo que creo que debería ser la Formación Profesional. Al igual que el Bachillerato, tendría que impartir unas asignaturas comunes que, puesto que nada tienen que ver con lo que vayan a hacer en el futuro, podrían y deberían ser las mismas. Si hay problemas de tiempo se podrían comprimir un poco más para que se cumplan los objetivos del ciclo. En cualquier caso, los que se preparan para ejercer una profesión también son personas y deben recibir la misma formación que los otros. En vez de prepararse para estudiar arquitectura, por ejemplo, lo hacen para ser delineantes, o en vez de estudiar para ser ingenieros industriales especializados en electrónica, estudian electrónica directamente en F.P., pero no hay más diferencias.

 

Acercamiento crítico a la realidad de la educación actual en España

Lo expuesto hasta ahora no ha sido más que una teoría, que no es poco. Sin dejar de ser, a mi entender, una teoría realista, es a la vez una utopía. Sin embargo, es una utopía bien vista, porque ni siquiera a los que hacen las leyes les parece mala. "Por supuesto, -pensarían ellos-, la educación tiene que ser así". Pero es utopía porque la realidad demuestra que no se quiere hacer eso y que, salvo que se cree una escuela como Beacon Hill, la de Bertrand Russell, o Summerhill School, otra escuela experimental de la época, es imposible conseguir que la educación tenga que ver con estos ideales.

El primer problema que surge al intentar hacer una reforma en la educación lo ponen los que tienen la última palabra. El Gobierno, a veces, da la impresión de estar formado por personas que no están capacitadas para ejercer el poder que les ha sido confiado. La última reforma educativa la hizo el PSOE, y al ganar el PP las elecciones, lo único que se ha cuestionado es el tema de la religión.

Esto está relacionado con la idea que se desprendía de un artículo de Charles Perrow que leímos. Trataba de la progresiva despersonalización de la sociedad. Se ha creado un círculo vicioso por el cual las personas que la forman van perdiendo su personalidad en favor de una gigantesca organización económica que lo controla todo. Y lo peor es que nadie la dirige, porque incluso los que la conducen están, en realidad, gobernados por ella.

Por eso, cuando se planea una reforma de este tipo, lo que más importa es cumplir con los objetivos de esa gran organización absorbente. Sin embargo, cuando leemos la LOGSE, nos encontramos con que las metas que se fijan son parecidas a las que nos hemos marcado. En ella se dice: "los sistemas educativos desempeñan funciones esenciales para la vida de los individuos y de las sociedades". A juzgar por las diferencias reales que hay entre su sistema educativo y el expuesto en este trabajo, parece que el problema es que ellos piensan en una sociedad totalmente distinta a la nosotros soñamos.

En esa sociedad de la que habla la LOGSE, se intenta erradicar la intolerancia y fomentar la solidaridad. También se hacen muchas referencias al sistema productivo, que para los que la hicieron debe ser apoyado al máximo. Parece que incluso la educación se basa en la tasa de beneficio y en que el poseedor del poder aproveche éste al máximo posible. No les convendría que en ese mundo las personas estuvieran inadaptadas o buscaran su propio camino en la vida independientemente de las necesidades del sistema. Imaginemos que el sistema educativo produjese personas como las que idealmente buscamos, ¿quién querría, utilizando la terminología marxiana, alienarse con este sistema productivo? No podría sostenerse si, al salir de la escuela secundaria todos quisieran, por ejemplo, conseguir que lo que ellos y los demás hagan vaya solamente en pro de su individualidad y de su personalidad. Por otro lado, lo que ocurriría es que nadie querría ser como Mario Conde o como Jesús Gil. A nadie, seguramente, le interesaría ganar dinero o tener éxito social por encima de todo, con lo que nadie explotaría ni pisaría a nadie, y la tasa de beneficio, de mantenerse, sería para ser bien repartida. ¡Ah, que bello lugar en ninguna parte!

Pero a lo que tiende la educación actual no es a formar al hombre para que participe con sus características peculiares en la vida comunitaria, como decía la cita de García Hoz de la tercera página de este escrito, sino a que participe en la vida comunitaria olvidando sus peculiaridades. Como parece que ocurre en las escuelas del estado desde que se aprobó la LOGSE, lo que se hace fundamentalmente en ellas es socializar al niño, prepararle, no intelectualmente sino funcionalmente para que, al llegar al mundo profesional, nadie pierda tiempo y dinero en formarle. La formación personal que tanto he defendido aquí, no importa tanto, e incluso es secundaria.

Esto se puede comprobar fácilmente analizando la cultura que tienen los estudiantes universitarios. Éstos, que han estudiado según unos planes que ya están derogados y formaban más el intelecto, tienen diversos problemas preocupantes para el futuro de la sociedad. Estas características, en general, son comunes a todos: poco sentido de la responsabilidad, falta de interés por la lectura, dificultad a la hora de elaborar un discurso inteligente, lo que lleva a no desarrollar la capacidad de juicio, dificultades para escribir y gran cantidad de faltas de ortografía, poco conocimiento de la historia del hombre y de sus ideas,... Esto hace que no tengan demasiada personalidad, que no sepan lo que quieren ni se esfuercen en saberlo (todos hacen las mismas carreras, según modas) y que prácticamente nunca alcancen un grado de madurez aceptable en toda su vida.

La LOGSE, que da menos importancia a la cultura que el anterior sistema, formará personas con esos defectos potenciados. A la gramática ya no se le da ninguna trascendencia, como prueba el hecho de que en selectividad sean mucho más permisivos con las faltas de ortografía que antes. La filosofía tampoco interesa. Todo parece indicar que la formación del hombre como tal se ha olvidado definitivamente. En la Formación Profesional la educación trata única y exclusivamente del oficio que están aprendiendo. Ni siquiera creo que pueda recibir el nombre de educación. Se trata de formar máquinas, no personas. Un futuro en el que todos los españoles se hayan formado así no es muy esperanzador.

En la LOGSE no se habla de la función del profesor. Algo se comenta acerca de ellos, como de pasada, pero no se profundiza en las funciones que creemos que tienen ni se les da demasiada importancia. Parece claro, sin embargo, que en la educación, el profesor no es simplemente un funcionario, sino que tiene una labor primordial. Pero esta figura no se siente apreciada. En la educación primaria, en la que más funciones y responsabilidades tiene, no se les permite ayudar a los alumnos. En seguida se encuentran con problemas, ya sea desde los órganos superiores o desde los padres. Se sienten desencantados con una profesión que les gusta y que no pueden desarrollar como ellos quisieran y debieran. Pero la culpa de ese desencanto la tiene, especialmente, el Estado, que quiere que los niños "salgan borregos". En una escuela del centro de Madrid, los profesores se quejan de que el ideal educativo de desarrollar íntegramente al individuo no se cumple más que en el papel. En la práctica, los alumnos que ya deberían estar resolviendo raíces cuadradas y reglas de tres complejas, tienen problemas con la tabla de multiplicar. Cuando, en condiciones normales, habrían leído ya unos cuantos libros, les cuesta leer. No es extraño que algunos profesores de la escuela pública manden a sus hijos a la privada.

La LOGSE espera que todos los alumnos alcancen al fin de la escolaridad unos objetivos mínimos, pero resultan ser tan sumamente mínimos que el nivel general de las clases baja muchísimo. El resultado de todo esto es el que cabría esperar. Los niños, a base de que se les exija un nivel muy bajo de conocimientos y de dar asignaturas tontas, no maduran. Los niños que ya han sido educados bajo los presupuestos de esta reforma y que aún no han terminado la primaria, llegan a tener un desarrollo mental dos años inferior al que les corresponde por edad. Está clara, pues, la estrecha relación que hay entre educación y madurez. El Estado no lo ignora. ¿Qué sociedad pretende construir?

En la educación secundaria ya se nota esta falta de madurez. Los profesores están de acuerdo en que el desarrollo de los alumnos que actualmente cursan ese ciclo es muy inferior a los del antiguo B.U.P. Tampoco ayuda nada a su formación el hecho de que tengan muchas asignaturas optativas muy fáciles y poco culturales que parece que no sirven para nada pero que se escogen para evitar tener que estudiar. Las verdaderamente importantes para la formación del individuo pueden llegar a quedar de lado.

Pero parece que ha aparecido un problema añadido a esta reforma. La escolaridad obligatoria dura ahora dos años más, hasta los 16. A priori este es un avance que podría conseguir que la cultura y la formación aumentara en general. Pero lo que ocurre en la realidad es que los alumnos con problemas en los estudios, como el anterior ciclo no les permite repetir más que una vez, pueden no tener un nivel mínimo, y sin embargo asistir a las clases con el resto de sus compañeros, lo que termina afectando negativamente marcha del resto de la clase.

Este es un problema de difícil solución. Confinar a todos estos alumnos en un mismo grupo, aun en el caso de que hubiera bastantes para formar uno, crearía a su vez multitud de problemas, especialmente para los profesores, a los que seguramente les costaría mucho controlar un conjunto de alumnos desmotivados y, seguramente, alborotadores. Bajar el nivel a los grupos de alumnos normales perjudica al resto, lo que es peor aún. Tal vez la solución esté en dar clases extraordinarias a grupos reducidos, tratando de ayudar a cada alumno en particular según sus necesidades. La figura del psicólogo - a la que, por cierto, la ley no parece dar excesiva importancia ni en primaria ni en secundaria - sería vital en estos casos para tratarle y para recomendar a los profesores las peculiaridades de cada caso. Sin embargo, es probable que aparecieran otros problemas a la hora de crear estos grupos ya que, si son obligatorios puede haber quien se oponga, y si son voluntarios no todos irían y el problema sólo se solucionaría en parte. En cualquier caso, en la escuela primaria no deberían dejar que pasasen aquéllos que no tuvieran el nivel suficiente, y en la secundaria se debería permitir que se repitieran los cursos que hiciera falta. Los alumnos que repiten algún curso suelen mejorar y aunque alguno todavía tuviera que hacerlo otra vez, el número de los que tendrían dificultades en la secundaria o en el Bachiller sería mucho menor.

La situación, por tanto, es bastante preocupante. El futuro de una sociedad formada por personas poco preparadas e inmaduras no da muy buenos augurios. Las personas que la forman, que tal vez no puedan llegar a llamarse individuos, serán fácilmente maleables. Los grupos de poder podrían moverse a su antojo y, lo peor de todo es que en ningún caso serían élites. Probablemente tendrían tan poca formación como los demás y habrían accedido al poder de algún modo oscuro, por oportunismo o por carisma, pero su manejo de la política tiene que ser, forzosamente, catastrófica.

Pero hay algo en lo que confío. Todos los grandes humanistas de los últimos doscientos años han temido esto mismo. Aunque las cosas han empeorado, especialmente en esta era de las telecomunicaciones que descomunican a las personas, espero que no todo suceda tan rápido como pensamos. Tal vez dé tiempo a que el ser humano se regenere de algún modo. Si esto no ocurre, puede la deshumanización sea tan rápida que toda la humanidad se destruya en poco tiempo y se pueda volver a construir, desde cero, una nueva historia en la que se aprenda de los errores del pasado...si es que queda alguna huella de él o alguien para que la interprete.



 

 



  Obras de este autor

· La Educación, formadora del carácter del individuo y de la sociedad




  Autores

· Adamsberg, Emilio
·
García, Joan Manuel
·
Gómez Tomeu, Marina
·
Iragorri Adarraga, Fermín
· Ortiz Luna, Gemma
·
Romero, Flor
·
Romero, Flor (II)
· Sanuy, Marta

 


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