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Talco de vidrio

Marcello Quintanilha

31/10/2016

Crítica por: José Ángel Sanz / Notodo.com

¿Son la envidia y los celos el veneno que con más virulencia puede destruir a un ser humano? Talco de vidrio está aquí para decirnos que sí, que esa pulsión universal es la más destructora de las fuerzas de la naturaleza que anidan en el alma humana.

En esta novela gráfica Rosángela, dentista de éxito y con una vida acomodada, casada con un médico habituado a moverse con soltura en las altas esferas, siente cómo su vida entra en una espiral de derrumbe. La gran grieta la provoca la sonrisa de su prima hermana, una sonrisa perfecta en una cara perfecta para una mujer a la que de otro modo ella nunca envidiaría, divorciada, sin posición social y con un padre alcohólico.

Talco de vidrio es la absorbente crónica de una tragedia basada en la obsesión de aquel que lo tiene, en apariencia, todo. Del que tiene dinero y posición social, estrena coche cada poco tiempo y acude a las fiestas de sociedad a pasear su fachada de vida perfecta. Su sobrio blanco y negro, su omnipresente voz narrativa y su irregular sucesión de viñetas contribuyen a generar una creciente impresión de desasosiego que solo termina en un final inesperado. Se trata de una incursión en la naturaleza humana, poblada de zonas de sombra al fin y al cabo.

El brasileño Marcello Quintanilha se convirtió en un nombre de referencia en la ilustración de serie negra con Tungsteno (2014), un cómic que le valió la obtención del Premio al Mejor Polar en el Festival de Cómic de Angoulême. En el mercado francobelga irrumpió con el thriller Sept balles pour Oxford (2003). En España se han podido disfrutar sus trabajos en El País y La Vanguardia, mientras que en su país natal han visto la luz otros álbumes como Salvador (2005), Sábado dos meus amores (2009) o Almas públicas (2011).

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Crítica literaria