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Retorno de las estrellas

Stanisław Lem

09/03/2015

Crítica por: Sr. Molina / Solodelibros

En Retorno de las estrellas tenemos una fábula casi tan atemporal como la escritura misma: la historia de un viaje y un regreso, de un hombre que pierde sus referentes y que no sabe cómo enfrentarse a lo que le rodea. Una historia que se ha contado muchas veces de formas muy diversas, pero que (si el escritor está a la altura) casi siempre consigue conmover al lector y apelar a esa parte de él que siente el desamparo, la soledad y la pérdida. El polaco Stanisław Lem recrea esta trama con unos mimbres que conoce bien, los de la ciencia ficción, y sitúa a su protagonista en un contexto fantástico para proceder a desarrollar estos y otros elementos.

Hal Bregg regresa a la Tierra después de una expedición a otra galaxia. Aunque para él solo han pasado diez años desde su partida, en nuestro planeta el tiempo ha transcurrido más deprisa y la sociedad ha avanzado ciento veintisiete años, por lo que prácticamente nada de lo que el protagonista conocía se mantiene inmutable; no solo el desarrollo tecnológico ha provocado una miríada de cambios impresionantes, sino que las costumbres sociales y los modos de relacionarse han evolucionado de manera muy peculiar. El protagonista tendrá que aprender a aceptar los cambios más evidentes y a replantearse su propia relación con los que le rodean.

Retorno de las estrellas nos expone a una situación no por inverosímil menos probable: la de aquellos que afrontan cambios decisivos en sus vidas y no tienen referentes de ningún tipo para ayudarse. Hal es un hombre resuelto, algo brusco y honesto, que intenta adaptarse lo mejor que puede a su nueva situación; sin embargo, los cambios son de tal magnitud que su camino es arduo. La soledad a la que hace frente, ya que al regresar no queda vivo ningún conocido, no es meramente física o tangible: su sentimiento de aislamiento es casi total al no reconocer en sus semejantes ninguna pauta de conducta que le sirva de ancla. Para colmo, la sociedad ha desarrollado un proceso genético, la betrización, que elimina casi por completo los impulsos agresivos de los seres humanos; la sociedad que Hal conoció, agresiva, sí, pero también emocional, impulsiva y arriesgada, parece condenada a desaparecer ante la inacción de unos seres que, si bien han erradicado la violencia de sus vidas, también han eliminado con ello cualquier atisbo de verdadera humanidad.

La parábola de Stanisław Lem, aunque ambientada en un escenario futurista y fantástico, no deja de señalar aspectos cotidianos que se viven en nuestra sociedad actual. Como la buena literatura de ficción debe hacer, se plantea cuestiones que nos atañen de cerca, que apelan a nuestra manera de entender el mundo y que nos muestran elementos en los que no solemos reparar. En este caso, Retorno de las estrellas interpela a esa parte de nosotros que vive aislada del resto; hace referencia a la soledad inherente al ser humano, a la imposibilidad última de conocer aquello que nos rodea, incluso aunque creamos comprenderlo y nos esforcemos por hacerlo. Hal Bregg no se niega a cambiar o a adaptarse, no es un personaje tozudo: el problema que se le plantea es el de la diferencia entre sí mismo y el mundo, entre su yo interior y la sociedad. Cuando por fin parece alcanzar una cierta paz (si bien conseguida forzando las circunstancias) se da cuenta de que todo es apariencia: la serenidad, si es que está a su alcance, no pasa por acomodarse a su entorno, sino por aceptarse a sí mismo.

Retorno de las estrellas tiene poco de ciencia ficción al uso y sí, en cambio, mucho de reflexión introspectiva; una reflexión inteligente, y quizá por ello a veces dolorosa. Es una novela inteligente con un protagonista de una envergadura muy bien trabajada, que pone de relieve las tesis que hemos comentado en la reseña. Aunque con algunos altibajos narrativos, merece la pena acercarse a esta fábula sobre nuestra condición humana.

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