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Mary Barton

Elizabeth Gaskell

13/08/2012

Crítica por: Sra. Castro / Solodelibros

Las novelas de Elizabeth Gaskell están siendo merecidamente revalorizadas en los últimos tiempos. Lo extraño es que esta maravillosa escritora haya sido casi siempre reconocida por su biografía de Charlotte Brontë, dejando en segundo lugar sus exquisitas narraciones.

Mary Barton fue la primera novela de la escritora, iniciada como terapia para curar la depresión tras la muerte de su hijo, pero es sin duda una pieza de excelente factura donde Elizabeth Gaskell demuestra su capacidad volcar en el papel su concepción de su entorno y para construir personajes conmovedores pero reales.

Mary Barton es en parte una historia de amor en la que la heroína deberá enfrentarse a un grave obstáculo para alcanzar la felicidad; pero sobre todo es un retrato, e incluso me atrevería a decir que una denuncia, de las miserables condiciones de vida que los obreros de la primera mitad del siglo XIX sufrían a causa de sus patronos.

Mary es una joven obrera, miembro de una familia de obreros. A través de la narración de su peripecia vital, el lector es testigo de la precariedad en que vivían los trabajadores fabriles de la época. Conocemos a la familia de Mary en los "buenos tiempos", cuando hay trabajo y, aunque con estrecheces, los obreros pueden vivir con relativa dignidad. Sin embargo, acontecerá una depresión del comercio (llámenle crisis) que dejará sin trabajo y sin pan al padre de Mary y a otros muchos obreros.

Reducido a la miseria y al hambre el padre de Mary, un sindicalista implicado en la lucha por unas mejores condiciones laborales para sus compañeros, se va radicalizando. Cada vez tiene más claro que la opulencia de unos es la raíz de la extrema necesidad de otros. Y serán sus actos los que enfrenten a Mary a la dura prueba que es el eje de la novela.

Elizabeth Gaskell escribió Mary Barton en 1848 por lo que su discurso como narradora no es excesivamente radical. Sin embargo, supo poner en voz de sus personajes el lamento de angustia que poco a poco iba convirtiéndose en grito de rebelión. Como ella misma señala en el prólogo:

Por ahora, mi impresión es que han dejado a los obreros en un estado en que las lamentaciones y las lágrimas se dejan de lado por inútiles, y en que los labios se aprietan para maldecir y los puños se cierran dispuestos a golpear.

El hambre, la enfermedad y la muerte eran la tónica en una sociedad donde los trabajadores eran considerados poco más que bestias de carga. Pero su dignidad brilla a lo largo del relato en frases como la que el padre de Mary exclama cuando le ofrecen que acuda a la beneficencia: ¡No quiero dinero, niña! ¡Maldigo su caridad y su dinero! Quiero trabajo, es mi derecho. Quiero trabajo.

Mary Barton es, como puede comprenderse, una novela cuyo tema sigue estando vigente más de siglo y medio después. Construir la riqueza de unos pocos a costa de la necesidad de la mayoría sigue siendo una realidad presente en nuestra sociedad y nos recuerda de quién es el mérito de las ventajas que hoy disfrutamos, pues los patronos nunca han estado dispuestos a ceder sus privilegios.

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Crítica literaria