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La tournée de Dios

Enrique Jardiel Poncela

25/02/2011

Crítica por: Sra. Castro / Solodelibros

Escrita en 1932, La tournée de Dios es la última novela escrita por Enrique Jardiel Poncela —su producción teatral abarcará todavía un par de décadas más—, y es una novela singular dentro de su producción. Sin dejar de ser una obra llena de ese humor absurdo jardeliano, lleno de divertidos sinsentidos y una imaginación delirante, la presente obra rompe con el esquema que seguían las anteriores.

Pero… ¿hubo alguna vez once mil vírgenes?, ¡Espérame en Siberia, vida mía! y Amor se escribe sin hache son, en cierta manera, novelas de aventuras. En ellas, sobre la trama de una novela romántica que proporcionará encuentros, desencuentros, celos y venganzas (raramente un final feliz), se construye una historia de viajes, accidentes, andanzas extravagantes y curiosos lances, descritos desde el humorismo y con una dosis fuerte de irreverencia.

Algo de eso hay, sin duda, en La tournée de Dios; pero desde detrás de una historia pintoresca (la venida de Dios a la tierra), asoma una reflexión personal y profunda sobre un tema que siempre ha sido trascendental para el ser humano: la existencia de Dios. Jardiel Poncela presenta en esta novela su particular visión acerca de la existencia de un ser supremo — existencia que no niega— y su relación con su Creación; pero lo hace, como no podía ser, desde su particularísimo estilo.

En La tournée de Dios, el Supremo Hacedor decide darse una vueltecita por la Tierra y para ello, previo anuncio al Papa, decide aparecer en Getafe. De los preparativos para la recepción de tan augusta personalidad y de lo sucedido a su llegada, da cuenta Jardiel haciendo gala una vez más de fantasía y humor desopilantes, pero también de una prosa cercana al modernismo así como a las corrientes literarias más vanguardistas de la época.

Jardiel presenta al Sumo Hacedor como un dios trasunto de las fuerzas de la naturaleza: indiferente para con el hombre, hermoso y temible, dador de todo, pero jamás obligado a dar. Por desgracia, esa no es la idea de Dios que los cristianos de todo el orbe se han forjado. De Dios se espera bondad, piedad y, sobre todo, milagros que demuestran que el ser humano es el favorito de su Creación.

Pero este dios venido a la tierra defrauda a todos los hombres. Como de costumbre, el ser humano espera que todo, incluso Dios, se amolde a lo que esperamos o necesitamos. Pero Dios, en esta ocasión, tiene algo que decir al respecto; aunque la Humanidad se niegue, una vez más, a oír lo que no le conviene, y acabe por abandonar a Dios (en el sentido literal), como a si de un viejo chiflado se tratase.

El egoísmo y la superchería, pero también los más latos ideales del hombre, todo tiene cabida en esta novela y sobre todo reflexiona su autor en tono de humor. Porque, como ya hemos señalado en otras reseñas de obras de este autor, detrás de la máscara cómica se encuentra un agudo observador de lo humano. Y esa agudeza (muchas veces revestida de cinismo), que queda patente en sus otras novelas, aflora más si cabe en La tournée de Dios.

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