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La educación sentimental

Gustave Flaubert

08/02/2011

Crítica por: Sr. Molina / Solodelibros

La educación sentimental constituye, sin duda, un hito en la carrera de Gustave Flaubert, lo cual casi puede entenderse como un hito en la historia de la literatura. La ascensión social del joven Frédéric Moreau y su imposible enamoramiento de la señora Arnoux, la esposa de un conocido empresario, constituyen un trama inolvidable, escrita con la pulsión estilística propia del genio francés y desarrollada en un marco histórico tan convulso como fue la revolución de 1848.

Lo que comienza siendo una historia más o menos tópica sobre los afanes de gloria de un joven burgués de provincias pronto deviene algo más gracias a la mano maestra de Flaubert. Esa educación a la que alude el título de la novela hace referencia, cómo no, al aprendizaje amoroso de Frédéric: éste pronto descubre la imposibilidad de conseguir que la señora Arnoux sea su amante (algo que ansía en función de los beneficios sociales que cree que le puede acarrear) y dirige sus esfuerzos seductores hacia otras mujeres, como son la señora Dambreuse, una acaudalada dama parisiense, o Rosanette, una “señorita de compañía” cuyos afectos se disputan varios conocidos del protagonista. Pero hay mucho más en La educación sentimental que un simple recuento de desventuras pasionales. Flaubert nos ilustra sobre la sociedad francesa de mediados del siglo XIX y su agitación permanente; los distintos estratos están fielmente representados gracias a la multitud de personajes secundarios que desfilan por sus páginas: el señor Arnoux, empresario boyante que debido a sus ínfulas comerciales termina casi arruinado; Dussardier, un joven obrero que se involucrará en la incipiente revuelta y que se mantiene fiel a sus ideas hasta su funesto fin; Sénécal, ambicioso empleado que coquetea con diversas corrientes políticas e ideológicas; o Pellerin, artista de grandes ideales, pero incapaz de plasmar sus teorías sobre lienzo alguno.

La agitación social de la época está dibujada en las idas y venidas, ascensos y caídas, de todos estos personajes, incluido el mismo Frédéric, que aunque va ascendiendo en el proceloso universos parisino, también va dejando algo tras de sí: su inocencia. Flaubert no explicita esa pérdida, sino que apenas la insinúa: no es tanto que el joven “se venda” o pervierta sus ideales (dado que carece de ellos y no tiene una idea clara de lo que persigue, lo cual muestra su petulancia e inexperiencia), sino que el desencanto y el tedio se apoderan de él, haciendo que el final de la novela, aunque en cierta manera feliz, tenga un poso de amargura notable. La revolución de 1848 que va fraguándose a lo largo de todo el libro es una metáfora de la propia revolución que muchos de los personajes van sufriendo en su propio interior: cambios de ideales, identidades volubles, alianzas insospechadas, etc. La pasión del París de comienzos del siglo XIX se traduce pronto en spleen (que tan bien reflejó Baudelaire), en confusión y nihilismo: los continuos vaivenes de Frédéric y sus compañeros muestran a las claras el agitado momento que se vivió en esos años, y también la imposibilidad de abstraerse del conflicto social que se desarrollaba. De un modo u otro, parece decirnos el autor, el hombre se ve abocado a encarar el destino de sus semejantes: quizás a través su actuación se pueda juzgar su catadura humana y moral.

La educación sentimental es una novela de novelas: un libro inacabable que puede releerse para encontrar nuevos referentes, nuevas pistas, nuevos detalles. Sólo un genio de la talla de Gustave Flaubert podía escribir un texto así y que pasados casi doscientos años todavía continuemos descubriendo elementos que nos redimen como hombres y nos deleitan como lectores. Sólo un detalle: la traducción de esta edición de Mondadori, siendo elegante, ha quedado un poco desfasada con el paso del tiempo; por una parte nos acerca al lenguaje de la época, pero por otra resta dinamismo a la novela y pervierte un tanto el florido lenguaje del autor francés. Si tienen opción, decántense por alguna otra.

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Comentarios - 1

1 | Raúl 09-02-2011 - 19:34:04 h
Me gustaría recomendar a esta página el libro Témpanos de Amargura, con el fin de que hagáis una crítica de la novela. La pueden encontar en www.jesuslopezperez.blogspot.com

Crítica literaria