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Esto es agua

David Foster Wallace

05/01/2015

Crítica por: Sr. Molina / Solodelibros

Aunque parezca una frivolidad publicar (y, por extensión, reseñar) un discurso de graduación como si fuera una obra realizada ex profeso como acto creativo, lo cierto es que Esto es agua es uno de los textos más conmovedores de David Foster Wallace; quizá por la honradez con la que está escrita, o quizá por las verdades que se esconden de forma nada velada tras su apariencia sencilla: el caso es que este discurso leído en la ceremonia de graduación de la Universidad de Kenyon es un magnífico exponente de cómo la literatura, la creación, el arte, pueden convertirnos en personas más despiertas y tolerantes. En mejores personas, en pocas palabras.

El autor inicia su texto disparando, justamente, contra los tópicos que se esgrimen en circunstancias como la que le sirve de excusa para su discurso: el enaltecimiento de la formación superior como forma de vida, la necesidad de ser alguien en la vida, el establecimiento de metas casi imposibles de alcanzar, etc. (Motivos, como vemos, que son más cercanos al carácter y sociedad estadounidenses, pero que no por ello dejan de ser universales en mayor o menor grado.) David Foster Wallace apela al conocimiento que los recién graduados han adquirido no como vehículo para lograr el éxito en la vida, sino para conseguir la libertad. ¿A qué tipo de libertad se refiere?; así lo explica él mismo:

El tipo realmente importante de libertad implica atención, y conciencia, y disciplina, y esfuerzo, y ser capaz de preocuparse de verdad por otras personas y sacrificarse por ellas, una y otra vez, en una infinidad de pequeñas y nada apetecibles formas, día tras día.
Esa es la auténtica libertad

Un enunciado aparentemente contradictorio, pero que encierra una visión del mundo y la sociedad tan idealista como compasiva. Wallace creía que la inteligencia, el conocimiento, la formación, nos pueden convertir en personas más conscientes de lo que nos rodea: de la injusticia, de la responsabilidad, del esfuerzo y, sobre todo, de los demás. De hecho, el título del discurso viene de la anécdota con la que el autor comenzó su exposición: dos peces jóvenes iban nadando y se cruzaron con un pez viejo que les preguntó qué tal estaba el agua ese día; extrañados, ambos peces siguieron nadando hasta que uno le preguntó al otro: ¿Qué es el agua?

El agua, traducida a ideas de David Foster Wallace, no es sino nuestra comprensión del entorno: nuestra capacidad de empatizar y conmmovernos por todo lo que nos rodea, comenzando, como es lógico, por nuestros semejantes. Una enseñanza que bordea la retórica de los manuales de autoayuda más ramplones, pero que en verdad ilustra una forma de entender el mundo, el arte y el saber muy honesta. El autor, como escritor y creador, advierte a los jóvenes de su responsabilidad como seres sociales; habla sobre la necesidad de comprender de forma cabal la sociedad en la que se moverán, y para ello hace hincapié en la importancia del conocimiento que (en teoría) han adquirido en sus años de formación.

Es una manera de entender el aprendizaje muy hermosa: el saber no nos hace mejores personas por sí solo, sino que nos permite acceder a un entendimiento de las emociones que permita gestionarlas para madurar. Así, el paso por la universidad no es visto como un peldaño para el ascenso social, sino como una preparación íntima para nuestra relación con los demás. La formación superior, de este modo, deja de ser considerada una condición indispensable para la prosperidad material (contra la que el autor arremete varias veces a lo largo del discurso) y se transforma en un fin en sí misma como medio de crecimiento y sabiduría. Algo que pudiera parecer de perogrullo, pero que en los tiempos que corren quizá sea necesario repetir más que nunca.

Esto es agua, más allá de sus ideas o enseñanzas o consejos, es un texto hermoso y conmovedor. Una muestra de que la literatura puede y debe aspirar a cambiar el mundo y, sobre todo, a cambiarnos a nosotros. Un discurso magnífico que nos sitúa frente a nosotros mismos para mostrarnos lo que en verdad importa. En estas fechas tan señaladas no está de más recordarlo.

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