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Ennui

Maria Edgeworth

26/10/2015

Crítica por: Sr. Molina

Ennui es una novela clásica donde las haya, con algunos de los más habituales tópicos de la narrativa decimonónica apareciendo por doquier y con unos personajes que se pueden encajar en distintos estereotipos convencionales. Sin embargo, Maria Edgeworth fue una autora con ideas poco usuales para los comienzos del siglo XIX, y es inevitable que eso se refleje en su obra; gracias a ello, lo que de otra forma no sería más que una novela «de formación» —en el peor de los sentidos— se convierte en una parábola sobre la superación personal, la importancia de la educación y la necesidad de conocerse a uno mismo.

La trama de la obra gira en torno al joven conde de Glenthorn, un indolente cuya temprana fortuna (heredada al morir su padre) le convierte en un hombre propenso al juego y la diversión. Aquejado de ennui, se siente descontento haga lo que haga, cambiando unos vicios por otros y llegando, en el colmo de su decadencia, a casarse con una joven que apenas conoce para seguir gozando de una vida de lujos sin problemas. La visita de una vieja nodriza que se encargó de su crianza en los primeros años de su vida en Irlanda hace que el petimetre piense en la posibilidad de un cambio de aires para huir de su perenne insatisfacción, así que se traslada a la propiedad familiar, un castillo rodeado por inmensos terrenos poblados por arrendatarios. Lo que comienza como un simple pasatiempo para escapar del tedio acabará por marcar el futuro del joven conde, que recibirá lecciones muy valiosas sobre la vida.

Ennui tiene una estructura y un estilo muy propios, como es lógico, de las novelas del siglo XIX; no obstante, el devenir de su protagonista y los hechos que acontecen pronto imprimen un giro a las expectativas del lector sobre la historia. El conde sufre una transformación a lo largo de la novela que le lleva desde la intransigencia del principio, fruto de la ausencia de valores y conocimientos, hasta la sensatez de la conclusión, consecuencia de un proceso de maduración interno; Maria Edgeworth no se limita a crear un personaje que recibe lecciones, sino que verdaderamente lo cambian las circunstancias: tanto las externas (en forma de obstáculos o tragedias) como las internas (gracias a una evolución psicológica urdida con notable maestría).

El protagonista llega a Irlanda convencido de su inherente superioridad en todos los aspectos. Cuando descubre la pobreza de sus habitantes comenzará un proceso de asunción de la verdad: atrás quedan sus desatinos, fruto de la indolencia, para dar paso a un prurito de servicio a los demás. No obstante, en este camino hacia la madurez el conde se equivoca una y mil veces: convencido de la necesidad de educar a los campesinos, impone normas y reparte parabienes que estos o bien malgastan, o bien utilizan de la peor manera posible. Así, Maria Edgeworth muestra que tan importante es emplear bien los medios para la mejora de las condiciones de vida como ser consciente de las desigualdades. La buena intención del conde choca con las costumbres de sus arrendatarios, como bien le hace ver su administrador escocés, M’Leod, que encarna al hombre juicioso y observador frente al ímpetu irreflexivo de su patrón.

La novela nos lleva, pues, desde el lujo y esplendor que el joven disfruta desde una temprana edad hacia una posición más austera, apegada a la tierra y consciente de las necesidades más elementales. El protagonista, lejos de limitarse a encarnar una figura que sirva como ejemplo de progreso vital, sufre en primera persona el duro aprendizaje que supone convertirse en un hombre de provecho; aunque sus pruebas no serán terribles, la autora ofrece un relato que subvierte los esquemas tradicionales y ofrece un periplo «de arriba abajo»: el conde se degrada (de varias formas posibles, que no desvelaremos para no arruinar la lectura) para, más tarde, elevarse de nuevo, pero esta vez gracias a su inteligencia, su honradez y su esfuerzo. Frente a su vida regalada e indolente, frente al ennui que envenena su mente, están el trabajo, la responsabilidad, el juicio y la sensatez.

Ennui, en resumen, es una novela de corte clásico con una trama, en cierta forma, transgresora. Maria Edgeworth consiguió dotar a su protagonista de un carácter emprendedor que hacen de él un curioso personaje novelesco. Es una lectura que aúna lo mejor de las obras decimonónicas con una historia poco convencional; una combinación que hará las delicias de los amantes de la literatura inglesa clásica.

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