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Cuentos de detectives victorianos

Varios autores

01/07/2014

Crítica por: Sra. Castro

¿A qué lector no le gusta entretener sus ocios con un buen relato policíaco, una de esas historias de detectives que acicatean nuestra imaginación y nos hacen entrar en el juego de descubrir quién es criminal? A todos nos gusta. Y por eso cualquier lector disfrutará de Cuentos de detectives victorianos, una recopilación de relatos del género detectivesco más genuino: el que prefiguró y después siguió la estela del genial Sherlock Holmes.

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Esta antología ofrece, además de un excelente rato de lectura, una visión completa e interesante de la evolución del género en la Inglaterra victoriana ―país desde el que se exportaría a otras latitudes―. Ordenada de forma cronológica, la colección de cuentos presenta una perspectiva que va desde los albores del género, en las postrimerías de la décadas de los treinta, hasta su desarrollo y completa aceptación por el público en los primeros años del siglo XX.

En el volumen encontramos historias salidas de la pluma de escritores ampliamente conocidos, como Wilkie Collins, el propio Arthur Conan Doyle o Charles Dickens; pero también otras de autores que, muy leídos en su momento, acabaron por caer en el olvido: Cutcliffe Hyne o Arthur Morrison. También hay lugar para las escritoras, como Catherine Lousia Pirkins o Ellen Wood. En ese sentido, las pequeñas fichas biográficas sobre su autor que acompañan a cada cuento son una inestimable ayuda para el lector, pues no solo presentan al escritor, sino que contribuyen a crear el trazado de la evolución del género.

Con la creación de la Policía Metropolitana de Londres en 1829 nació un interés entre la ciudadanía por los métodos que sus miembros usaban para resolver los casos criminales. De las noticias de prensa se pasó a las historias de ficción que, sin embargo, se basaban en las técnicas deductivas y en las pruebas forenses que, por entonces, se empezaban a desarrollar.

En una tan amplia colección de relatos ―se reúnen veintiséis, de veintidós autores― hay lugar para muy variadas historias protagonizadas por muy variados personajes. Robos, secuestros, muertes y hasta una amputación (en “La misteriosa pierna humana”), son resueltos por mentes extraordinarias que se fijan en aquello que pasa desapercibido para el común de los mortales y poseen un cerebro privilegiado para la deducción lógica (como el mismo Sherlock Holmes, del que se incluyen un par de aventuras, o el príncipe Zaleski de “La estirpe de los Orven”, capaz de resolver un extraño asesinato sin siquiera salir de su apartada morada).

Al igual que escritoras, también tenemos mujeres detectives. Estas hacen su aparición sobre todo rayando el siglo XX (aunque había habido ejemplos anteriores), cuando la lucha por la emancipación y el sufragismo prendieron fuerte en Inglaterra. Loveday Brooke, Lois Cayley y Dorcas Dene son los nombres de las damas detectives: mujeres que se ven abocadas a ejercer esa chocante profesión aunque, qué duda puede caber, preferirían ser esposas y madres. Solo Lois Caylye, protagonista de “La aventura de la anciana cascarrabias”, obra de Grant Allen, es una joven decidida e independiente y la suficiente confianza en su inteligencia como para dejarse llevar por su innegable talante aventurero.

Aunque concebidos como relatos de entretenimiento,  casi sin quererlo ponían de manifiesto el lado oscuro de una sociedad rígida y pacata. Pero, pese a ello, resultan, desde la perspectiva de un lector actual, deliciosamente candorosos, ajenos a la violencia y al ritmo frenético al que palpita ahora nuestro mundo. Una lectura ideal para las tardes de verano.

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