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Comedia con fantasmas

Marcos Ordóñez

28/09/2015

Crítica por: José Ángel Sanz

Teatro, teatro y más teatro. El nombre de Marcos Ordóñez es desde hace décadas sinónimo de escenario, interpretación y crítica de la escena en España. Por suerte, no solo es uno de los principales críticos teatrales del panorama patrio, sino que tenemos el lujo de leerle, además de en sus reseñas periodísticas en El País y en Babelia, con el traje puesto de novelista, donde su amplio talento tiene, quizá, aún más recorrido y profundidad. Lo cierto es que en su carrera ha tocado el ensayo biográfico y la biografía (Big Time. La gran vida de Perico Vidal, de 2014), los relatos (Turismo interior, de 2010), la crónica y varios libros sobre el mundo del cine, como Beberse la vida. Los años de Ava Gardner en España (2005); pero es en la novela donde ha asentado unas bases estilísticas que le convierten en uno de esos autores que uno lee con los ojos cerrados, sin necesidad de casi echar ni un vistazo al título o la trama.

Comedia con fantasmas es una mirada nostálgica al extinto mundo del teatro español de antes y después de la Guerra Civil. De 1925, momento en el que su protagonista recibe el afilado punzón del teatro, que le marcará para siempre, hasta 1985, cuando echa la vista atrás para hacer memoria. Entre medias, el gran fuerte de Marcos Ordóñez, una riquísima galería de personajes a veces entrañables, legendarios en su pequeño gran mundo de la escena, siempre inolvidables. El hilo conductor es la recopilación de los momentos de una vida, la de Pepín Mendieta, rebosante de encuentros con artistas, cómicos, empresarios, devotos del teatro y en resumen, hombres y mujeres de unidos de un modo u otro por la vida sobre el escenario, detrás y delante del telón.

Si es posible decir que en las novelas de Marcos Ordóñez, también en esta, la vida late a borbotones, es porque ni una sola de sus criaturas tiene un matiz que se parezca, ni de lejos, al arquetipo o al tópico. Sus tramas y sus diálogos, ese artefacto tan extraordinariamente dificultoso, fluyen inspiradísimos. La novela se devora de una vez. Y la sensación que queda en el cuerpo después de cerrar la última página es la de haber vivido un viaje a las entrañas de un mundo extinto, con sus triunfos y sus miserias pero humanísimo. Imposible pedirle más a un libro.

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