Chuck Palahniuk
Chuck Palahniuk lleva sobre sus hombros la pesada carga de ser Chuck Palahniuk. Esto es, tras asombrar a medio mundo con...
Crítica por: Latormentaenunvaso
El apartamento
Cuando amanece el nuevo día, es sábado, un día muy especial, ya que según le habían informado a Miguel, habían tenido la suerte de que les tocara un apartamento en un sorteo. Ana no las tenía todas consigo, eso de los sorteos... Desconfiaba, pero Miguel estaba tan convencido de que era una realidad, que ella se dejó influir por él y aceptó ir a la cita que tenían concertada a las 12.
Temprano desayunaron y como hacía buen día fueron paseando desde su casa hasta el hotel Renasa. Entraron en el vestíbulo con una cierta timidez y en cuanto los vieron entrar, una linda joven se les acercó y preguntó.
-¿Vienen a lo del apartamento?.
-Sí señorita, nos llamaron ayer notificándonos que nos había tocado uno en un sorteo, aun no nos lo creemos dijo Miguel sonriendo.
-Pues créanselo, les ha tocado un apartamento. ¿Cuál es su nombre?.
-Me llamo Miguel y esta es mi señora.
-A ver, a ver la señorita revisó una lista que llevaba consigo y confirmó sí aquí está su nombre. Pasen al salón, por favor.
Ana y Miguel, siguieron a la joven hasta un enorme salón que estaba ocupado por multitud de mesitas, en ellas estaban sentadas varias parejas acompañadas por unos jóvenes. Les hicieron sentar en otra de las mesitas y seguidamente apareció una joven que dirigiéndose a ellos se presentó.
-Me llamo Cecilia, y soy su asesora, siéntense por favor.
La música que estaba sonando en aquellos momentos era bastante ruidosa, incluso a veces, no se podía oír las conversaciones. La joven sacó de un cartapacio que llevaba consigo una carpeta y la revisó, señaló unas líneas y precisó.
-Aquí está su nombre, Miguel, su dirección y el teléfono - arrimando un poco su rostro a los dos dijo con voz muy confidencial les felicito, les ha tocado en suerte un lindo apartamento en Peñíscola, justo enfrente de la playa, es uno de los edificios mejor situados en aquella zona. ¿Han pensado ir a conocerlo?.
-Pues ahora que lo dice, nos habíamos propuesto ir a visitarlo y ver como es nuestra propiedad respondió Miguel.
-Bien pensado, bien pensado, es una buena idea. ¿Cuándo piensan ir?.
-Pues no sabemos. Usted ¿Qué nos recomienda?.
-Lo mejor es que vayan cuanto antes, así se darán perfecta cuenta de la suerte que han tenido.
Ana no las tenía todas consigo, desconfiaba de esas gangas y de que les dieran tanto jabón, sobre todo le disgustaba la joven que los estaba entrevistando, dedicaba muchas atenciones a su marido. Preguntó de pronto.
-Señorita, quisiéramos saber el por qué de ese concurso, rifa, sorteo o lo que sea, nos tiene intrigados haber ganado así por que sí. ¿Puede explicárnoslo?.
-Claro que sí, verán, nuestra empresa inmobiliaria está promocionando la costa de Peñíscola, ha construido varios edificios y quiere que personas como ustedes, sean los que atraigan a nuevos compradores.
-Pregunto yo, ¿De dónde surgieron nuestros nombres para ese sorteo? Nosotros somos gente normal y corriente, y por lo que veo, en este salón hay mucha gente ¿Les ha tocado a ellos también un apartamento?.
-Pues, pues... No sé contestarle de donde tomaron sus nombres, lo cierto es que ustedes han sido ganadores.
-¿Y todos esas personas que están aquí en éste salón?. ¿También son ganadores?.
Ana estaba un poco contrariada al ver que las cosas no estaban claras, la joven no respondía con claridad a sus preguntas y comenzó a sospechar que allí había gato encerrado.
-Dígame señorita, supongamos, es un suponer, que no deseamos el apartamento, ¿Nos pagarán lo que vale al rechazarlo?. El apartamento es nuestro ¿No?. Lo hemos ganado en un sorteo ¿No?, Así que si es nuestro y no lo queremos, ¿Nos van a pagar lo que vale?.
-Pues no sé, no sé que decir, la verdad es que... ¡Caray me pone usted en un brete!.
-Pues señorita, usted nos dijo al sentarnos en esta mesita que era nuestra asesora, y hasta ahora nos está asesorando poco. ¿No me puede contestar a lo que le pregunto?.
-Pues la verdad, yo, yo... Un momento, perdónenme, voy a hablar con el jefe.
La joven sofocada se levantó de su asiento y se dirigió hasta donde estaba un señor en uno de los rincones. Se les vio gesticular contrariados y los dos se acercaron a la mesa donde se encontraban Ana y Miguel.
-Buenos días señores, me llamo Francisco y soy el gerente ¿Tienen algún problema? ¿Qué desean saber?.
-Verá señor, le hemos preguntado a la joven Cecilia que pasaría si rechazamos el apartamento que nos han tocado en el sorteo y no nos ha podido o no ha sabido contestar expresó con contundencia Miguel.
-Señor, señor, baje la voz, aquí estamos entre amigos, no hay que alterarse.
-Vale, no nos alteremos, pero antes que nada quiero pedirle que rebajen esa maldita música, no se puede ni hablar. Hay demasiado ruido en este salón, parece un corral de vacas.
-No se sulfure señor, señorita dijo dirigiéndose a la joven - que bajen el volumen de la música.
La joven se fue a cumplir lo que le habían ordenado y el caballero se sentó en la silla que había dejado vacante la joven, se entretuvo unos instantes ojeando la carpeta, movió la cabeza hacía un lado y a otro y volviéndose a Ana y Miguel, sonriendo preguntó.
-¿No están contentos de que les haya tocado un apartamento de lujo?. ¡Y en Peñíscola nada menos!.
-Sí estamos muy contentos, pero queremos saber que pasa si rechazamos el premio, ¿Nos pagarán lo que vale el piso? ¿Cuándo nos lo pagarán?- preguntó Miguel algo enfadado.
-Bueno señor - respondió el caballero Se trata de un premio y ha sido el resultado de un sorteo, deben admitir el apartamento.
-Bueno, pues no lo queremos, vivimos en Valencia y estamos muy felices, no queremos el dichoso apartamento, así que como es nuestro, queremos que nos paguen lo que vale.
Miguel pronunció esta retahíla de palabras en un tono un poco subido, tanto que la gente comenzó a fijarse en el grupo y esto inquietó al hombre que los acompañaba.
-Señor, señor, tenga calma, comencemos de nuevo. Verán, esto es un compromiso de nuestra empresa que desea promocionar sus edificios y procedió a sortear varios apartamentos, y a ustedes les ha tocado uno.
-O sea, que es nuestro y podemos venderlo.
-Bueno verá, la cosa no es así. Cierto que el apartamento es suyo, esto, de acuerdo a un compromiso que debemos concretar con ustedes.
-¿Qué compromiso? ¿De qué está usted hablando?.
-Les explico, el sorteo a que nos referimos, tiene unos términos que debemos aclarar con los premiados. El apartamento es suyo, claro está, pero se trata de que su propiedad pertenece a la empresa, y ustedes podrán disfrutar de él, unos meses al año.
-¿Pero qué está diciendo usted? ¿Qué el apartamento no es nuestro?.
-Si señor sí, pero bajo unas ciertas condiciones y compromisos.
-Esto nos está escamando mucho, aquí está pasando algo muy raro ¿Puede explicarse mejor, señor? dijo muy enojada Ana - ¿Qué es eso de condiciones y compromisos?.
-Verán, señores, no es nada especial, pero hay que hacer mención que el sorteo del apartamento tenía unas condiciones...
-¿Qué condiciones? ¿De qué se trata?.
-Son apartamentos condicionados en una nueva fórmula de lo que denominamos vacacionales.
-¿Vacacionales? ¿De qué está usted hablando? De eso nadie nos dijo nada.
-Bueno, pues para eso los hemos citado hoy, para aclararlo.
-Esperamos que nos los deje bien claro, pues no entendemos nada de nada. Tenemos sólo la comunicación de que nos había tocado un apartamento y para eso estamos aquí, según nos dijeron, para firmar las escrituras de propiedad ¿No es así? preguntó Miguel.
-Verán, esta es la situación. Nuestra inmobiliaria sorteó unos magníficos apartamentos en la playa de Peñíscola, pero enfocados a que entraran en la dinámica de apartamentos compartidos.
-¿Compartidos? quiso precisar Miguel.
-Sí, compartidos en propiedad vacacional. El apartamento que les ha tocado es suyo, pero sólo podrán disfrutarlo unos meses al año.
-¿Cómo es eso? ¿Sólo podremos tenerlo unos meses?.
-Claro, una vez que hayamos hecho el registro de propiedad a su nombre, los otros propietarios...
-¿Otros propietarios? ¿Qué otros propietarios?...
El tono de la conversación había subido de volumen, las mesitas que estaban alrededor de la de Ana , Miguel y el gerente, estaban pendientes de lo que allí sucedía. Se notaba un cierto malestar en el ambiente y la gente comenzó a removerse en sus asientos, sin quitar ojo a lo que presentían iba a suceder.
-¿De qué otros propietarios nos está hablando? preguntó Miguel en tono desabrido.
-Pues, pues, pues... Que el apartamento estará compartido con otras personas. Entre ellas, se establecerán unas fechas en que cada propietario compartidor, podrá disfrutar del apartamento.
-O sea, que nuestro apartamento, que según nos han dicho ustedes es nuestro, no es nuestro ¿No es así?.
-Efectivamente, es suyo, pero también lo compartirán otras personas propietarias.
-Aclaremos esto, ¿Tenemos una propiedad que en realidad no es nuestra? ¿No?.
-Veo que ya lo van entendiendo...
-No entendemos nada, y queremos que nos den una explicación bien clara, para saber a qué atenernos.
El gerente Sr. Francisco, no sabía como salir de aquel embrollo, trataba de no mirar a la cara a Miguel y a Ana, su rostro estaba encendido a punto de estallar, sus nervios a flor de piel y dominándose comenzó de nuevo a dar alguna explicación plausible.
-Verán, esta reunión con ustedes, lo mismo que con los otros señores que están en el salón, es para concretar el compromiso, o mejor dicho, el contrato de adquisición del apartamento.
-¿Qué contrato? preguntó Miguel.
-El contrato de compromiso, en el cual ustedes deben de abonar...
-¿Abonar qué? ¿De que está hablando?.
Los gestos coléricos de Miguel, contrastaban con la tranquilidad de Ana, que mirando a su marido le razonó.
-Ya te lo decía yo, esto no me gusta nada, y estoy viendo que aquí hay ju, ju, nos quieren embarcar en una aventura muy extraña ¿No te parece?.
-Sí, estoy viendo que hay que ir con mucho cuidado. De todas formas, esperemos ver que nos aclara este señor.
El gerente no sabía en realidad donde meterse, se estaba dando cuenta de que había topado con unos huesos duros de roer y difíciles de manejar y también se estaba percatando que los demás asistentes a la reunión, habían paralizado las conversaciones con sus asesoras y asesores, todos ellos estaban a la expectativa de saber cuál iba a ser el resultado de las conversaciones en la mesa estrella, la de Ana y Miguel.
-Dígame, señor Francisco, ¿Puede explicar en pocas palabras de que va esto? No voy a interrumpirle, pero quiero que sus explicaciones sean breves, explicitas y que podamos entender cuál es la situación mi señora y yo. ¡Y no se ande por las ramas!.
Acabó su diatriba Miguel dando un bufido, que fue captado por el gerente como una muestra de que las cosas se habían salido de madre y tratando de dar a su voz un tono mesurado y tranquilo, precisó.
-Verán, el apartamento es suyo compartido con otros propietarios, al firmar el contrato, o sea hoy mismo, ya que se acaba el plazo que nos han concedido, los propietarios deben de abonar como señal...
-Qué hemos de abonar ¿Qué?.
-Bueno, una señal como que aceptan el apartamento y luego...
-¿Pero es que hay más?- respondió Miguel todo alterado.
-Sí, hoy se debe de dar una señal de 1 millón de pesetas...
-¿Un millón? ¡Ustedes están locos!.
-Déjeme terminar, ese millón es la señal, y luego pueden ir pagando cómodamente...
Las cosas se habían salido de madre, Miguel movía los brazos en señal de furia mal contenida, mientras Ana trataba de calmarlo.
-Deja Miguel, que acabe de explicarse este señor.
-Gracias señora. Pues como les iba diciendo, los otros plazos son pagaderos anualmente, sencillamente son para abonar los gastos de mantenimiento, empleados, seguros, reparación de los edificios, etc., etc.
El ambiente en el salón estaba tenso, la gente había comenzado a levantarse de sus asientos, ante el desconcierto de los empleados de la inmobiliaria, todos esperaban conocer cuál iba a ser el final de aquella controversia entre Miguel y el gerente, y aquello no iba por buen camino. Ana cogió del brazo a su marido tratando de calmarlo, pero bueno era él, estaba viendo con claridad que aquello era una estafa y levantándose con furia de su asiento, increpó al atónito gerente expresándole su disgusto.
-Señor dijo alzando la voz esto es un vulgar engaño. Con la gente no se debe jugar de esta manera, somos gente normal y sencilla, al traernos con engaños, para hacernos entrar en su juego con el ofrecimiento de un deslumbrante obsequio, se han equivocado de todas, todas. Por nosotros se pueden ir al infierno y den gracias de que no llame a la policía para que aclare esto. El apartamento, nuestro apartamento, se lo pueden meter donde les quepa. Buenos días.
Ana y Miguel salieron del salón con el cuerpo erguido, con la cabeza bien alta, acompañados por los aplausos de los asistentes a la reunión. Pudieron ver, antes de salir del local, que los que habían firmado algún papel, o contrato o lo que fuera, los estaban haciendo trizas con gran contento.
Mientras caminaban los dos hacia su casa, Ana miraba a su marido con ojos complacidos, estaba orgullosa de su comportamiento y le cogió fuerte el brazo para darle muestras de su satisfacción. En su casa nunca volvió a surgir el asunto, todo quedó en el olvido, prometiéndose los dos, no volver a caer en las garras de cualquier manipulador.
Chuck Palahniuk
Chuck Palahniuk lleva sobre sus hombros la pesada carga de ser Chuck Palahniuk. Esto es, tras asombrar a medio mundo con...
Crítica por: Latormentaenunvaso