Antonio J. Rodríguez
La verborrea completamente libre de prejuicios, presiones y premios de la nueva juventud literaria española (y...
Crítica por: Notodo
En el calor de la noche
Granada, la Alhambra, la noche, el silencio; ¿silencio?, no, el agua tozuda se encarga en cada fuente de no dejar quieto el silencio. La Luna se enreda en cada arco, luchando cada rayo por salir del laberinto imposible de sus filigranas y, envolviéndolo todo, el aroma de jazmín impregnando el calor de la noche.
La paz se turba, suenan cadenas, murmullos que crecen, lamentos que hieren la noche anunciado la siniestra comitiva, que se adentra en el patio llamado de los leones; caballeros Moros entre cadenas atados con mirada altiva unos, mascando tristeza otros, pidiendo clemencia ninguno.
Pasa el primero a la sala, la ceremonia comienza salvaje y el acero implacable siega la primera vida que entre tanta belleza se escapa. El agua se viste de rojo, cruel traje de noche que discurre por la acequia, y uno tras otro los matan en una bacanal de sangre que parece no tener fin.
Todo termina, el silencio vuelve, el agua se desnuda en transparencia, y la Luna continúa en su enredo con los arcos de la sala, la sala de los Abencerrajes, donde de nuevo el aroma de Jazmín vuelve a impregnar el calor de la noche.
Antonio J. Rodríguez
La verborrea completamente libre de prejuicios, presiones y premios de la nueva juventud literaria española (y...
Crítica por: Notodo