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La hora injusta

 

Estoy harta de no tener las respuestas a la mano,
no saber si el ave se posará en la misma la rama
o cuánto tiempo el árbol pueda sostener el nido
o si debo seguir esperando que a llames a mi puerta.

No puedo seguir acumulando tantos sueños
ni esperar a que se pose el ave en la rama
o pensar si es corpulento el árbol para el nido
o si te has olvidado del nido y la rama.

Es tiempo que mi lecho aprenda
que sólo será desdoblado de mi lado,
que el baño reconozca que hay una sola toalla,
que la cocina entienda que no habrá
más charlas con café y cigarrillos,
y mi cuerpo
que se acabó la hora justa para amarnos.

Necesario es que mi jardín acepte
y que el ave ha emigrado de la rama.


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