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La balada del loco

 

Quisiera redimirme algunas veces,
medirme sin angustia esta terrible inanición,
palparme sin más en los extremos,
averiguar el cálculo exacto en la deriva,
la adecuada proporción de lo correcto y admisible
al sembrar alambrada alrededor de los sentidos,
trazar la conmoción en tormo de mis sienes,
la dureza vegetal alrededor de la cintura,
en mis costados....

Y quisiera saber si acaso fuera sólo sordo reflejo
de mi mente descompuesta,
o tal vez esa enorme voz que habitara en mi pecho
a menudo,
esquirla acerada de aullido en que la siento,
siempre al acecho pero muy por adentro de mí.

Y puede, ya ves, que ni siquiera mi conciencia
sea prudente, (o necesaria),
que tan sólo sea un instinto muy nocivo, no lo sé,
puro legado desde siempre indescifrable,
que me unge y me dicta, me lame,
como lengua en su germen viscoso que derramara
su denso humedal sobre mí,
que me llama con terca obstinación muy malsana,
(muy frecuente).

Y es que al fin vivo en un paraje muy remoto donde
no hay ni ya paz ni consuelo,
donde las horas sagradas son sólo la sombra tardía
de riscos muy severos y de azufre,
de aves milenarias y oscuro perfil entre las heces,
dioses paganos engendrándose a sí mismos,
muy frecuentemente afilada electricidad de tormenta,
lenta la fiebre que -bárbaramente y grosera-
cruje en el destrozo de una savia muy antigua,
de una lealtad muy sincera en el quebranto,
secreta-inextinguible gratitud de la ceniza.

Y yo no sé.... es la voz, no soy yo.
Me dice: “ven.... que no, que no es así....
que así es mejor”.
¡Es la voz!
No obstante quisiera -y a pesar de todo-
reconsiderar mi postura en esta parte,
distinguir con certeza la identidad del laberinto,
a quién pertenezcan las sombras infectas de los muros,
el visillo en la ventana,
espiral de la luz en los raíles corrompidos,
distancia interminable que suplican mis quehaceres.

Pero sólo aún hoy -en mi entendimiento cerrado-
se refugia la explosión de la luz, el tañido en la campana,
leve siseo de regato en la corriente,
flanqueo de sus costas por chiquillos insensatos,
flores muy risueñas de carrillos colorados,
lomo denso en la risa que una voz me dictó:
“ahora no hagas nada.... sólo ríe, ríe, ríe....
loco ríe.... que así es mejor”.

crítica literaria

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Crítica por: Notodo

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