El hombre del esfuerzo

 

Se observa en el espejo del mar
el hombre del esfuerzo
el que lleva entre sus manos la soga
y hunde la mirada en las formas sinuosas del espanto

Se turba —a veces— si eleva los ojos
y es que necesita de la sal del agua para avanzar en la costa

Gime —y parece—
que el esfuerzo no es en vano
que el aire no le es indiferente

Y el olor a salitre se dispersa en solemnidades

Su espalda se curva
pero no abandona el rictus
ni la soga

Próximamente.

Próximamente.

Próximamente.