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Hombre del mar

 

Como la aurora que besa la arrogancia del viento
una cáscara ferrosa va abriendo surcos azules
mientras en el horizonte una gaviota ronda

el inefable perfil del sextante supera la soledad del océano
lleva la bruma táctil adherida a la piel
y en los ojos plenos la tierra que no se ve

una dualidad en vértigo de talud se encrespa
el alma le profiere a gritos cientos de lunas invisibles
y a sus pies la morada abisal del mundo marino lo sostiene

meciéndose sobre el abismo tumultuoso
el hombre tiñe el enigma de la mirada
en murallas de melancolía

por entender la dilación del universo
la informidad de las aguas el movimiento perpetuo
su espíritu se expande

recorre el volumen de cada gota
y su propia existencia crece
mientras en el horizonte una gaviota ronda

 

Este poema estuvo expuesto en el Museo de Arte Marino de Tigre (Paseo Victorica 602, de esa localidad. Provincia de Buenos Aires) y confeccionado a pedido de la escultora, escritora y crítica de arte Adela Tarraf, en ocasión de la muestra: “El regreso del rompehielos Almirante Irízar”, marzo de 2003.

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