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Tardes de fuego (verano)

 

Surtidor de géiser,
un llanto muy lento,
vierten, sin descanso,
los poros abiertos.

Desde la mañana
esparce ya el cielo
crisoles al campo.
Candentes flagelos
agrietan los surcos
húmedos del huerto.

Se agotó el latido
de muchos veneros.
Las aves se posan
buscando en el suelo,
bajo la alameda,
la sombra del velo.

La mente es un pozo
de frescos recuerdos.
Se enerva la vida
de puertas adentro:
momentos de siesta,
laxitud, silencio.

Quebrando la tarde
vibran en el campo
tenaces insectos:
roces redundantes,
riman las cigarras
rápidos rasgueos.

El viento se inflama
blandiendo tormento
¿En qué fragua forjas
tu voraz aliento
que solo soportan
algunos insectos?

Tibios manantiales
-rocío en un desierto-
sin consuelo vierten
los poros abiertos.

crítica literaria

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Antonio J. Rodríguez

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Crítica por: Notodo

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