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Miguel León Burgos

Capítulo IX

 

Había amanecido un magnífico día en Washington. En el despacho oval de la Casa Blanca, el Presidente aguardaba risueño sentado en su cómodo sillón a que le fueran transmitidas las últimas novedades del mundo. Estaba satisfecho, era el presidente del país más poderoso de la tierra y todo parecía según todos los sondeos, que iba a ser reelegido para un segundo mandato presidencial. Se felicitaba asimismo por sus éxitos de salvaguardar al mundo de los terroristas, de tiranos, en fin, que su país era el protector de todo el mundo. Nada podría hacer cambiar su actitud con aquellos países que no aceptaban su autoridad, el que no aceptara ser sojuzgado, no era digno de ser su amigo y tenía que atenerse a las consecuencias. Era todopoderoso y se sabía dueño y señor de todo el Universo, podía hacer y deshacer a sus anchas, nada ni nadie podía detenerle, era...

Su ensoñación de gloria fue interrumpida por la entrada como una tromba de su Vicepresidente, que sin aguardar nada, le espetó con voz alterada.

-Señor Presidente, tengo malas, muy malas noticias que comunicarle.

-¿Qué pasa? ¿Qué son esas malas noticias? No me amargues el día que no estoy de humor.

-Señor Presidente, nos han llegado noticias de que estamos invadiendo Cuba...

-¿Qué me estas diciendo? ¿Cómo es posible eso? ¿Quién ha dado esa orden?. ¿Qué estamos invadiendo Cuba? Pero qué...

Con gesto agrio, trató de ponerse en comunicación con el Pentágono, pero no lo pudo hacer, las líneas estaban bloqueadas. Volviéndose furioso hasta su Vice le soltó con muy malos modos.

-¿Qué pasa que no puedo ponerme en contacto con el Pentágono? ¿Qué no funciona nada en este país?. ¿Para qué somos el país más poderoso del mundo si yo no puedo hacer una llamada? ¿Qué está ocurriendo?...

-No sé que decirle señor Presidente, no tengo idea de lo que pasa.

-Pues deberías saberlo, para eso eres el Vicepresidente ¿No?.

La puerta del despacho oval se abrió con estruendo, era la Secretaria de Estado, que con voz alterada preguntó.

-¿Qué está pasando señor Presidente? No hay forma de comunicarse con nadie de ninguna manera. Me han informado que estamos invadiendo Cuba, ¿Es eso posible?...

-Y yo que sé – respondió con voz airada el Presidente – yo no sé nada, me acabo de enterar por el Vice y quisiera saber quién es el que ha dado esa orden sin mi permiso. ¡Invadir Cuba! ¡Qué locura! ¿A quién se le ocurre? Y sin haber dado yo mi permiso. Cuando sepa quién ha sido se va a acordar de mi toda su vida. Bueno y ¿Qué hacemos? – preguntó a sus dos interlocutores.

Estos se encogieron los hombros en espera de que el Gran Hombre diera una pauta y así estuvieron unos segundos, entonces fue cuando la Secretaria de Estado sugirió.

-Yo opino, señor Presidente, que se debería convocar al Gabinete de Crisis, esto que está ocurriendo es muy grave. ¿No le parece?.

-Efectivamente, eso es lo que yo iba a sugerir – respondió el Presidente – dé las órdenes oportunas para que de inmediato nos reunamos con urgencia con todos los responsables de nuestro Gobierno para tratar de averiguar que es lo que está pasando.

Aquello fueron, corridas y más corridas, llamadas urgentes de persona a persona, ya que no había forma de conectar telefónicamente y una hora más tarde estaban reunidos los miembros del Gabinete en el Gran Salón Dorado. Sus caras preocupadas denotaban que estaban en la ignorancia de lo que estaba ocurriendo. Cuando entró hecho una furia el Presidente, casi ni se atrevían a mirarle a la cara.

-Son todos unos inútiles, ¿Cómo es posible que esté ocurriendo esta locura? ¿Quién es el responsable de haber dado esa orden de invadir Cuba? ¿Quién ha sido? – grito exasperado y frenético – quiero saberlo de inmediato...

No hubo respuesta, nadie sabía nada, ¿Qué podían saber si no estaba pasando nada? Pero ellos no lo sabían y al no recibir contestación a su pregunta el Presidente clamó con voz furiosa.

-¿Pero es que ninguno de todos ustedes, puede darme alguna información? ¿Nadie sabe nada?.

Una voz tenue le respondió desde un extremo de la mesa.

-Señor Presidente, yo si puedo.

-¿Usted quién es? ¿Lo conozco?.

-Si señor Presidente, soy el adjunto al Ministro de Defensa.

-Bueno, ¿Y qué es lo que sabe usted?.

-Pues esta mañana estaba escuchando Radio Rebelde de Cuba, cuando de repente pareció que se estaban volviendo locos. Estaban dando la noticia de que Estados Unidos estaba invadiendo Cuba. Se oían gritos, soflamas al pueblo y ruido de explosiones. Discursos del Comandante en Jefe soliviantando al pueblo en contra nuestra...

-¿Pero que está diciendo, hombre de Dios? ¿Qué estamos invadiendo Cuba? ¿Y eso lo dice Radio Rebelde?...

-Sí señor, y además Radio Progreso y Radio Habana Cuba.

-Esto se pone feo, bueno ¿Pero qué es lo que podemos hacer? Pregunto yo. Para eso están ustedes, para dar una solución a esta locura. ¿Alguien puede decirme algo?.

-Sí señor Presidente – respondió el Jefe de Protocolo.

-Diga ¿Qué propone usted? – expresó el Presidente.

-Pues yo sugeriría que se debería dar un desmentido, informar al pueblo cubano que no somos nosotros los que estamos invadiéndoles. Posiblemente no lo crean, pero es lo que se debe hacer.

-Pero ¿Cómo podemos transmitir ese mensaje si no hay forma?...

-Sí la hay, se pueden utilizar las comunicaciones a través de la ONU, allí si tienen cobertura y estarán complacidos de colaborar con nosotros. Lo que se debe hacer es de forma inmediata y no perder tiempo. ¿No le parece?.

-Sí es una idea, no está mal. Encárguese de arreglar mi visita allí. Sí, es una buena idea.

No había acabado de decir eso, cuando entró en la sala de conferencias el encargado de Asuntos Exteriores como una tromba.

-Señor Presidente, señores, tenemos un gran problema. Acabamos de recibir de todas las Cancillerías de Latinoamérica y de otras partes del mundo la exigencia de que debemos abortar esa invasión a Cuba. Solicitan con toda urgencia una conferencia urgentísima en la ONU, para debatir esa cuestión.

-Pero ¿Cómo se han podido comunicar si todo está colapsado?...

-No lo sabemos señor Presidente, pero así ha sido.

-Han dicho algo más.

-Sí señor Presidente, desean que sea España él arbitro para dilucidar ese problema. ¿Qué les respondo?.

-Pues, pues... Transmita si puede con toda urgencia, que hoy mismo estaré en la ONU para hacer frente a este desaguisado. Allí me encontrarán. ¿De Cuba se sabe algo?.

-Sí señor Presidente, el Comandante en Jefe, solicita una entrevista con usted para aclarar esta invasión de su territorio.

-Pero... ¿Ya estamos en Cuba? – preguntó inquieto éste.

-No, según la comunicación que hemos recibido, en la isla no hay invasores, ellos están en pie de guerra, a la espera de...

-¿De qué? – preguntó el Presidente de los Estado Unidos.

-Bueno, me da corte decirlo – respondió el encargado de Asuntos Exteriores...

-¡Dígalo de una vez hombre!, Es usted el único que ha dicho algo de todos los asistentes.

-Pues el Comandante en Jefe de Cuba ha afirmado rotundamente, que si no cesamos con la invasión de Cuba, ellos, como un solo hombre, sus tres millones de cubanos, invadirán Estados Unidos.

-¿Pero qué dice ese hombre? ¿Está loco? – respondió el Presidente.

-Yo no lo creo así, piense señor, que es un hombre desesperado y que va a por todas. Dijo que prefiere que su pueblo muera de pie, que no de rodillas. Y pienso señor, que ese hombre es capaz de cualquier cosa.

-Pero... pero... ¿Qué es lo que estoy oyendo?. ¿Qué piensan que nos pueden invadir a nosotros? Pero donde se ha visto eso...

-Señor Presidente, permítame que le recuerde que América del Sur cuenta con más de 400 millones de habitantes y en estos momentos todos esos países están apoyando a Cuba y puede ser, puede ser, que este pequeño problema de ahora, se pueda convertir en un gran y grave problema para nosotros. Usted sabe, señor Presidente, que no nos quieren en muchas partes del mundo, tenemos muchos enemigos y creo sinceramente que es hora de retroceder un poco ¿No le parece?.

-Caray, no había pensado en eso. Ha hecho bien en recordármelo, lo tendré en cuenta. Bien, que me preparen el avión presidencial me voy a Nueva York. Voy a visitar la ONU. Avisen que vamos para allá. Van a venir conmigo mis asesores. ¡Rápido que perdemos tiempo!.

Los demás asistentes a la reunión en el gabinete de crisis se quedaron inmóviles en vista de cómo se habían desarrollado los acontecimientos. Se miraron unos a otros sin saber que decirse. Guardaron silencio y se fueron retirando a sus lugares habituales.

Ya en el avión presidencial que partió raudo hacia su destino, los pasajeros tuvieron una reunión para definir cuales eran los pasos a seguir y en un aparte, la Secretaria de Estado, le sugirió a su jefe.

-Señor Presidente, con todos mis respetos desearía sugerirle una idea que tengo en mente.

-¿Cuál es esa idea? – inquirió éste.

-Verá, creo que las cosas se nos han ido de las manos y mi opinión es que usted debe tener una reunión con el Presidente de Cuba, el Comandante en Jefe.

-¿Y qué tengo que hablar con él? Yo soy el Presidente de Estados Unidos, la nación más poderosa del mundo, no tengo que rebajarme – respondió con aire ufano.

-Señor Presidente, no olvide que no hay enemigo pequeño y que el resultado, de que esto quede arreglado enseguida es primordial para la paz del mundo. Está en sus manos hacerlo.

-Vale, vale, está bien, consígame esa entrevista con él y Dios dirá. Avisen a Cuba sobre esta reunión personal a su Presidente, y que venga enseguida, tenemos que hablar con urgencia los dos.

Efectivamente, una vez llegados a la ONU, antes de entrar en el hemiciclo, el Presidente de los Estado Unidos fue avisado que en el Salón Azul, le estaba esperando el Comandante en Jefe de los cubanos. Sin demora se reunió con él y la charla duró casi dos horas.

¿De qué hablaron? ¿Quién cedió terreno en sus exigencias?. Lo más importante de esa reunión entre los dos presidentes, fue que una vez acabada, el Secretario General de la ONU indicó al Comandante en Jefe, que debía hablar en el hemiciclo ante los delegados de los países del mundo representados en la asamblea. Esto fue inmediatamente aceptado por él y fue acompañado hasta el inicio de la sala junto con el Presidente de Estados Unidos, éste una vez en la sala, se dirigió a un palco presidencial, desde allí esperaba escuchar lo que su oponente tenía que decir, tenía el uso de la palabra.

El Presidente de Cuba con su brillante uniforme militar verde oliva, se dirigió al estrado y fue acompañado por los aplausos de los asistentes hasta que se instaló en el lugar donde iba a hablar. Carraspeó, mantuvo unos instantes sus manos apoyadas en el atril, miró a una y otra parte y con voz grave, parsimoniosa pero claramente fuerte, comenzó su discurso.

-Camaradas, amigos de todo el mundo, gracias por permitirme hablar frente a ustedes, por dejarme explicar que es lo que ha podido pasar en mi país, en Cuba, por unos errores inimaginables... – calló unos instantes y prosiguió – no somos un país beligerante, somos pacíficos, sólo deseamos que nos dejen trabajar en paz y vivir nuestra vida sin agobios. Hasta ahora, debido a diversas circunstancias, nos hemos visto abocados a un bloqueo criminal, sin excusa, criminal. Deseamos vivir en paz y concordia con todo el mundo y gracias a que ahora hemos abierto los ojos, hoy, ahora, podemos decir que debido a la conversación que he mantenido con el Presidente de los Estados Unidos, hemos conseguido dar muchos pasos adelante. Somos pacíficos, vuelvo a repetir que no somos un peligro para nadie, puedo asegurar que no deseamos exportar nuestra revolución, queremos quedarnos en nuestras fronteras y quiero ahora, en este momento decir, que tal como hemos acordado en nuestra reunión, Guantánamo nos es reintegrada a nuestro suelo patrio...

No pudo terminar la frase, una gran salva de aplausos se lo impidió, los asistentes a este inopinado discurso todos a una, se levantaron de sus asientos y vitorearon a los dos presidentes por haber llegado a unos acuerdos de tanta trascendencia. Se veía que por fin la paz iba a llegar a esa parte del Caribe con rapidez. Una vez acallados los aplausos y los comentarios, se volvieron a sentar los representantes de sus países respectivos.

-Quiero asegurar, que el deseo de nuestros dos países, es llegar a una paz duradera, sin rencores, sin reproches, con el ánimo de que nos llevemos como amigos, como vecinos, gozando ambos de unas relaciones de una amigable vecindad y muy cordiales. No quiero hacer mi discurso como es usual en mí, muy largo, no, la verdad es que solo quiero hacer unas matizaciones y con eso termino mi alocución.

Otra salva de aplausos y vítores, risas y comentarios acompañó sus últimas palabras. Con voz pausada, pero firme, el Comandante siguió.

-A mí se me puede haber acusado de muchas cosas, de muchas, pero soy consciente que a veces me he equivocado y el equivocarse es de humanos. Pero nadie puede decir que yo he engañado a mi pueblo, he dado lo mejor de mí mismo y he tratado con nuestros pobres medios, que a nuestra juventud no le hayan faltado educación, alimentos, y proyectos para su futuro. Somos un pueblo pobre, pero honrado, hemos sido humillados por un destino injusto, y nunca hemos bajado la cabeza, siempre hemos mirado al frente con la cabeza muy alta. Siempre hemos querido que se nos diera una oportunidad, y hoy por fin, se nos ha dado. Se me han hecho hoy promesas que me permiten ver el futuro para mi pueblo con optimismo, hoy por fin, comienza el nuevo futuro de Cuba...

Una gran salva de aplausos con la gente de pie, hizo que los ojos del Comandante se humedecieran, veía que sus palabras eran aceptadas de corazón. Levantó las manos agradeciendo aquellas muestras de afecto y dando unos golpecitos al micrófono, hizo que los asistentes volvieran a sentarse y guardar silencio. Miró al palco presidencial donde se encontraba el Presidente de los Estados Unidos, hizo un leve saludo con la cabeza, le sonrió y entonces, calmosamente su mirada recorrió el hemiciclo, apoyó sus manos en el atril de nuevo y su voz se fue elevando haciendo que se oyera perfectamente por todos.

-Señores, las guerras no son buenas, las guerras las ganan no los que tienen más armas y más soldados, sino los que tienen la razón. Y quiero hacer mención de algo que muchos ignoran. Nuestro ejército revolucionario fue un día menos de 15 hombres armados y lucharon contra la dictadura que arruinaba mi país y se enfrentaron a más de cuatro mil soldados y vencimos, sí señores, vencimos, porque nosotros teníamos la razón de nuestra parte – paró unos instantes para hacer énfasis en lo que iba a decir a continuación – lo que determinó que nuestros entonces enemigos no obtuvieran una victoria sobre nosotros, fue la decisión nuestra de no rendirnos nunca. La realidad de estar tan cerca de tan poderoso vecino, nos ha obligado a los cubanos a ser soldados. ¡Seamos soldados, igual que debemos ser trabajadores y estudiantes!...

Nueva salva de aplausos le interrumpió, los asistentes a aquella alocución le apoyaban con sus muestras de afecto, y estaban con él, lo apoyaban en todo lo que estaba diciendo. El Comandante, levantó las manos en demanda de silencio, cuando éste se hizo, continuó.

-Nunca como hoy nuestro pueblo se sintió tan seguro y tan defendido, puesto que es un pueblo capaz y preparado para defenderse a sí mismo. No queremos guerra, no somos provocadores de conflictos y no queremos provocar conflictos, queremos, deseamos, vivir en paz y parece ser, que a partir de hoy esto que parecía una utopía, puede ser una realidad. La defensa de Cuba no puede estar basada en compromisos o acuerdos entre otros países, la defensa de nuestro país es tarea de nuestro pueblo por encima de todo. Hoy se nos da una nueva oportunidad de poder incorporarnos al mundo, de no ser unos parias, y quiero asegurar que no vamos a desperdiciar esta oportunidad...

Ahora sí que fue una atronadora salva de aplausos y de emocionantes vítores, apoyaban aquellas palabras que salían del corazón del orador y éste respondió moviendo sus manos en señal de agradecimiento. Unos instantes después, hizo con un gesto que deseaba continuar. Se hizo el silencio. El Comandante hizo que su sonrisa caldeara el ambiente, estaba convencido que sus palabras estaban llegando a los corazones de los que le estaban escuchando, y con voz, levemente temblorosa comenzó diciendo.

-Señores hoy es un gran día, nadie puede comprender como yo, que es de verdad un gran día. Mi conversación con el Presidente de los Estados Unidos que está aquí presente, ratifica mi convicción de que nosotros, Cuba, teníamos razón y les explicaré por qué. Si nos equivocamos en algo, vamos a rectificar, si algo hicimos mal, lo vamos a corregir. Se han puesto las bases para que todo vuelva a la normalidad entre dos países, he cedido, han cedido, y voy a exponer a “groso modo”, cuáles han sido los puntos en que se ha llegado a un acuerdo de justa correspondencia. Primero y principal para mi país, se nos devuelve la soberanía de la base de Guantánamo, que desde 1903 Estados Unidos tomó posesión de ella para establecer allí una base permanente. Bien, lo pasado, pasado está y es de sabios rectificar. Se me ha asegurado que el bloqueo que desde muchos años ha estado oprimiendo a mi pueblo, a partir de hoy, deja de ejercerse, con ello quiere decir que habrá libre comercio con todos los países del mundo sin que haya represalias por ello...

Aplausos, ahora también dirigidos a la tribuna donde estaba situado el Presidente de los Estados Unidos, este inclinó la cabeza, haciendo ostentación de su magnanimidad. Pero en su interior estaba comiéndose las tripas de rabia contendida, aquello estaba llegando a un punto que pensó se resentía su poder, pero la verdad es que no era así, cuando vio que los asistentes a aquella inusitada visita, le vitoreaban con calor, se sintió el rey del mundo. Unos toques en el micrófono indicaron que faltaban muchas cosas que escuchar por boca del Comandante. Este impertérrito siguió su discurso.

-El acuerdo anuncia el libre comercio, los cubanos que viven en los Estados Unidos que deseen regresar, pueden hacerlo con total impunidad, se le reintegrarán sus propiedades, se les resarcirá por los daños que se les puedan haber causado y los cubanos que quieran o puedan, podrán viajar libremente a cualquier parte del mundo. Se me ha asegurado, que los fondos que están en los bancos de Estados Unidos secuestrados, serán liberados de inmediato y podremos hacer uso de ellos libremente. Lo que sí quiero hacer especial mención, es que el Presidente de los Estados Unidos me ha prometido, que en compensación de todo el tiempo que mi país ha estado sometido al bloqueo injustificado, se nos va a resarcir, con unos préstamos blandos de... Bueno, no quiero decir la cantidad, pero me satisface ampliamente para paliar de inmediato todas nuestras carencias. Puedo asegurar, que Cuba va a volver a ser “La Perla del Caribe”. Están todos invitados para cuando quieran venir y comprobar la enorme transformación que todo mi país va a tener...

Nueva salva de aplausos, aquel logro era muy importante para el resurgimiento de Cuba, todo el mundo agradeció con muestras de aprobación el gesto del mandatario más poderoso del mundo. Éste se sintió apabullado, se levantó de su asiento y agradeció aquellas muestras de afecto, con movimientos de sus manos y sonrisas a diestro y siniestro. Sus gestos fueron cortados por las palabras que el Comandante comenzaba a pronunciar, no quería perder el papel de ser el principal intérprete de aquella presencia suya en la ONU.

-Señores representantes de los países del mundo, quiero informarles que por nuestra parte hay contrapartidas y con eso acabo mi corto discurso – grandes risas se oyeron por doquier – verán, he prometido y puedo prometer, que no habrá represalias con los cubanos que por algún motivo salieron de Cuba y deseen regresar. Y quiero hacer especial mención, que el árbitro que va a ser un imparcial observador de lo que Cuba y Estados Unidos hagan a partir de ahora, va a ser España. Creemos, según tenemos confirmación, que esta premisa es aceptada por ese país. Y quiero afirmar, ahora, que he prometido al señor Presidente de los Estados Unidos, que en el plazo de un año, vamos a revisar nuestra constitución y vamos a celebrar elecciones libres, en las cuales van a poder participar todos los partidos que estén legalizados. No van a haber represalias contra ningún individuo por su religión, ideología, ni origen. Van a ser unas elecciones libres y controladas por la ONU...

Los aplausos atronaron el hemiciclo donde se estaba celebrando la conferencia, los gritos de apoyo a esas decisiones, la multitud de gargantas que chillaban dando vivas y pláceme, era inacabable. Aplausos y gestos de asentimiento, hacían que aquello más pareciera una enorme manifestación de júbilo que una asamblea. Duró varios minutos y los dos protagonistas de la velada, se acercaron el uno al otro y en medio de la tribuna se dieron un fuerte abrazo y estrechones de manos continuos. Cuando poco a poco volvió la cordura en el ambiente, el Secretario General de la ONU, se acercó a los Presidentes de los dos países anteriormente enfrentados y hoy como amigos, los felicitó por la cordura que habían demostrado, estrechó con efusión sus manos y de nuevo les demostró su afecto, dándoles un fuerte abrazo a los dos.

Así terminó aquella mañana en la ONU, magnífica mañana soleada y tranquila. Los dos interlocutores se fueron cada uno en una dirección, el uno, el poderoso y prepotente Presidente de los Estados Unidos, sin haber acabado de entender qué es lo que había pasado en realidad. Estaba confuso y cuando subió al avión presidencial que lo regresaba a la Casa Blanca, iba como en una nube de confusión. La Secretaria de Estado intentó animarle precisándole.

-Señor Presidente ha hecho lo correcto, ha sido un gran paso para la seguridad del mundo. Ha sido un gesto magnífico ante todos, el que haya llegado a unos acuerdos tan razonables con Cuba. Ha tomado la decisión correcta.

-Pero yo, pero yo... ¡No entiendo nada! Estaba tan tranquilo en mi despacho y de repente me encuentro metido en un berenjenal que no esperaba y que aun no entiendo. Yo que soy el hombre más poderoso del mundo, que dicta las normas, que puedo hacer lo que me dé la gana donde desee hacerlo, que tenga que pasar por la humillación de rebajarme hasta límites insospechados, yo que soy...

-Señor Presidente ¡Cálmese! – dijo su Secretaria de Estado – cerca están las elecciones y con este gesto suyo, las va a ganar, puede estar seguro. Ha hecho lo que debía hacer y el mundo se lo va a agradecer. Usted es humano y no olvide que los ídolos tienen los pies de barro, y quién sabe...

-Pero es que yo no sé nada de nada, ¡No lo entiendo!... De repente estaba yo en mi despacho pensando en que debía ir el fin de semana a mi rancho y de repente esto...

El avión cruzaba los cielos y hasta él llegaban a raudales las felicitaciones de todas las partes del mundo, las comunicaciones se habían normalizado y unas llamadas por los teléfonos interiores del avión, clamaban por su atención. Felicitaciones de presidentes de países del todo el mundo, de Cancillerías, y hubo una llamada que la Secretaria de Estado le pasó de inmediato, era de España que deseaban transmitirle su felicitación personal.

-Señor Presidente, me es muy satisfactorio transmitirle mi felicitación por haber tomado esa decisión tan magnánima. Ha sido una gran decisión, con ella vuelve la cordura a esa zona del Caribe y con ella la paz y el progreso.

-Gracias, gracias, era lo que tenía que hacer y lo he hecho, gracias.

Pero el muy todopoderoso Presidente de los Estados Unidos no estaba muy convencido, estaba en la inopia y le molestaba que todos supieran algo y que él no supiera nada. Se había encontrado con un problema sin quererlo ni desearlo, así que haciendo de tripas corazón, suspiró, se acomodó en su asiento y muy pronto dejó vagar sus pensamientos por su magnífico rancho, con sus caballos, con sus... No pudo soñar mucho más, estaban llegando a su destino y lo despertaron. Se miró, miró a quienes estaban a su lado, sin acabar de creer lo que había pasado... Pronto llegaron a la Casa Blanca y allí siguió rumiando su desconcierto.

Mientras, por otra parte, el Comandante en Jefe, el presidente de Cuba, sabiendo que había conseguido unos logros inesperados, sonreía satisfecho de haber podido expresar sus convicciones frente a los representantes de 197 países con misiones permanentes de Estados miembros, aparte de otros Estados en misión de observación. Sabía que cientos de cámaras le estaban observando, que millones de personas en todo el mundo lo estaban viendo y escuchando y sabía que en Cuba, su actuación era seguida por todo el pueblo cubano. Estaba satisfecho, había conseguido inopinadamente, lo que durante muchísimos años había intentado lograr. Era un hecho que el bloqueo dejaba de serlo, iban a ser compensados por las tribulaciones que habían tenido que pasar por la escasez de medios, se iban a liberar las cuentas cubanas congeladas en los bancos de Estado Unidos y en otros países. Y lo principal, les iba a ser reintegrada a Cuba, lo que desde hacía cien años había estado bajo el dominio yanqui, Guantánamo, sus 117 Km cuadrados del sagrado suelo patrio que volvía a ser cubano.

Estaba satisfecho, muy satisfecho, deseaba llegar cuanto antes a Cuba para conocer como estaba su pueblo, qué sentían todos por lo que había hablado frente a todo el mundo. Deseaba conocer de primera mano qué sentía su pueblo, su pueblo llano qué opinaba de él. En fin, su viaje de regreso fue una ensoñación triunfal, y cuando al fin pudo ver a lo lejos las costas de Cuba, su corazón se llenó de orgullo, estaba llegando a su hogar, con sus gentes y entonces no pudo reprimir las lágrimas que fluían por sus ojos como un torrente. Cuando el avión aterrizó, una ingente multitud lo estaba aguardando, cuando hizo su aparición en la escalerilla del avión, no pudo reprimir su emoción, levantó los brazos en señal de triunfo y lentamente, como un triunfador, fue bajando uno por uno los escalones y cuando llegó al suelo, no pudo evitar arrodillarse y besar el suelo patrio con todo su amor. Seguidamente fue rodeado por la multitud que lo arropaba con su cariño y sonriendo fue devolviendo los apretones de manos una y otra vez, subió a la limusina y la caravana de vehículos se dirigió velozmente a la Plaza de la Revolución. Allí lo estaban esperando un millón de cubanos que deseaban escuchar a su lider, a su Comandante en Jefe...

Cuando bajó del vehículo, la sonrisa enigmática que cubría su rostro hizo que algunos de sus acompañantes de su Estado Mayor, más grupos de las diferentes ramas del ejército, se miraran un poco extrañados por aquella misteriosa sonrisa. Se preguntaban a qué era debido, pero él no dio ninguna explicación. De vez en cuando, cruzaba miradas cómplices con alguno de sus acompañantes, sobre todo con su hermano el General de Ejército, y otros generales. Antes de subirse a la tribuna de oradores, pasaron unos instantes a uno de los salones del Obelisco y cambiaron impresiones, le pusieron al tanto de las últimas novedades y cuando hubieron acabado de informarle, de nuevo aquella sonrisa enigmática cubrió su rostro. Salieron dispuestos a celebrar el discurso que el Comandante iba a dar frente a su pueblo. El grupo se dirigió pausadamente a la tribuna que estaba situada bajo el Obelisco del monumento a José Martí. El Comandante, miró a la multitud que ondeaba con gran entusiasmo pequeñas banderas de Cuba, dando vivas a su Presidente, a Cuba, a la Revolución. Entonces, luego de aquellos primeros momentos de euforia, levantó los brazos, sus manos hicieron el signo de la victoria, y moviendo con gran energía su cuerpo demandó silencio, de inmediato éste se hizo y comenzó a hablar.

-Pueblo de Cuba, camaradas, compañeros, hoy es un gran día. Habéis podido escuchar mis palabras por las radios de nuestra nación, conocéis los logros obtenidos en esa reunión con el Presidente de los Estados Unidos y os puedo decir, no mejor, os puedo garantizar que las cosas aquí en Cuba van a cambiar muy pronto. Creo, que haber recuperado parte de nuestra patria que estaba en manos extranjeras, es nuestra mayor victoria. Cuba es una nación que ahora está completa, hemos recuperado el trozo que nos faltaba, ahora toda Cuba es nuestra para siempre y no nos la dejaremos arrebatar...

¡Qué griterío, qué chillidos, qué manifestación de júbilo por el pueblo cubano que arropaba a su lider como siempre! Las banderas ondeaban orgullosas con el viento del Caribe, era un pueblo con futuro que despertaba de un mal sueño y su Comandante en Jefe, su lider, reía con los ojos llorosos, pero no dejaba de reír. Estaba feliz por haber conseguido la paz para su pueblo, ahora lo que tenían que hacer, era luchar hombro con hombro, trabajar y...

-Os puedo decir ahora, aquí, con el rostro muy alto y con orgullo, que comienza para nuestra nación una era de prosperidad y de grandes logros... Quiero informaros sobre todo lo que ha sucedido últimamente aquí en Cuba...

Guardó unos segundos de silencio, haciendo que todos quedaran expectantes ante lo que les iba a explicar.

-Nuestros radares localizaron movimientos extraños lejos de nuestras costas, aquello hizo que las alarmas sonaran alertando a nuestras Fuerzas Armadas Revolucionarias, que de inmediato se pusieron en acción. Pero realmente todo ello era un simulacro provocado por el Alto Mando, incluso se realizaron unas explosiones controladas en algunos lugares para dar verosimilitud a esa alarma. Hubo cortes de fluido eléctrico, se interrumpieron las comunicaciones y se dieron unas situaciones que lógicamente alarmaron a todos, pero vuelvo a deciros que todo fue una estrategia del Estado Mayor del Ejército, para comprobar si todo funcionaba como estaba previsto, y así fue. Y hay más, durante la confusión, un asalto a una Cadeca, la de la calle Obispo, hizo que delincuentes comunes robaran grandes cantidades de dinero, pero cuando lo transportaban en un vehículo, fue interceptado por la Policía de la Seguridad del Estado y se pudo recuperar todo el botín, aunque los delincuentes pudieron huir. Puedo aseguraros que todo está debidamente controlado, que estamos seguros con la vigilancia de nuestras Fuerzas de Seguridad y que todo está bajo control...

De nuevo lo interrumpieron, dando muestras de su alegría por conocer la realidad de todo lo que había pasado. Seguían los aplausos, los gritos las banderas seguían ondeando con orgullo en el viento, miles de voces entonaron con entusiasmo y orgullo el Himno Nacional de Cuba.

¡Al combate corred Bayameses!

Que la patria os contempla orgullosa.

No temáis una muerte gloriosa.

Qué morir por la patria es vivir.

En cadenas vivir es vivir.

En oprobio y afrenta sumido.

Del clarín escuchad el sonido.

¡A las armas, valientes corred!...

Y así siguió la canción entonada por aquel pueblo ahora libre de cadenas. El Comandante saludó con las manos, sonriendo a su pueblo llano, mientras seguía aquel himno tan querido cantado por el pueblo y entonces se volvió a quienes le acompañaban y con un gesto los invitó a retirarse junto con él a los salones que estaban situados en el interior del Obelisco en memoria a José Martí. Su cara seguía teniendo aquella misteriosa sonrisa, ¿Qué estaba pasando por su mente? ¿Qué misterio guardaba aquella mirada llena de ironía? ¿Qué era lo que había estado ocultando hasta a sus más íntimos colaboradores? ¿Cuál era su secreto?...

El grupo lo siguió dócilmente esperando que les revelara la clave de aquel clamoroso éxito, y cuando todo su Estado Mayor estuvo sentado en la gran sala, entonces, solo entonces, reveló lo que ninguno de ellos podía haber sospechado nunca. Se instaló cómodamente en el sillón de la cabecera de la mesa, guardó unos instantes de silencio para hacer más expectante su declaración y cuando comenzó a hablar, los oídos de sus oponentes no podían creer lo que estaban escuchando. Era algo increíble que con tan poco esfuerzo y solo con imaginación, se hubiera podido lograr lo que su jefe había conseguido...

 


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