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¿Trabajar en el futuro?
El fin del siglo XX es incierto en muchos aspectos. El futuro se me aparece bastante negro. Hemos estudiado la sociedad desde distintos puntos de vista. Algunos de ellos afectaban de un modo negativo al individuo en cuanto que tal. Otros a la persona como animal, es decir, como ser que por encima de todo tiene que sobrevivir. El trabajo afecta al hombre de muy diversas maneras. Desde una perspectiva, el tema es preocupante porque sin él no puede subsistir en determinadas sociedades.
La civilización occidental vive un momento de crisis en este sentido. El futuro del trabajo es incierto, con lo que el porvenir del hombre social también lo es. Supongo que ni siquiera Marx o Engels, los más importantes pensadores del trabajo reflexionaron acerca de esta posibilidad. De hecho, el autor de Das Kapital decía que el trabajo dignifica al hombre y que la alienación de la persona se producía, entre otras cosas, por no ser obrero sino asalariado. Una persona a la que le pagan por apretar tornillos, por ejemplo, no está realizando una tarea creativa. Es una pieza más en el proceso. Lo que hace no sale de ella. Su presencia puede llegar a ser poco agradable, porque a veces piensa y siente. Esta persona, según Marx, está alienada. Pero dentro de unos años ni siquiera apretará tornillos.
Las causas son variadas. La integración económica de Europa occidental, la influencia de la oriental, una vez abierta al mundo rico... El sudeste asiático ofrece mano de obra barata y no respeta siempre los derechos humanos, lo que abarata muchísimo el coste de la producción tanto para los de fuera como para los de dentro. Las guerras se han reducido mucho y la industria bélica no tiene tanto peso. Pero el mayor cambio se ha producido vía el desarrollo de la tecnología. La máquina realiza el trabajo del hombre. Deep Blue juega blancas y gana.
Hay muchos problemas que se plantean entonces. ¿Qué sentido tiene la vida si no se trabaja? ¿De qué se come? ¿Qué se hace mientras tanto, durante todo el día? Las soluciones son, de nuevo, variadas. Se podría, como se ha comentado ya muchas veces, reducir la jornada laboral para que los que buscan un empleo puedan colocarse. Entonces aparece el problema de los que trabajan y no quieren ganar menos dinero. Una redistribución del trabajo traería problemas parecidos - Marx se equivocaba en lo de la solidaridad -. Pero si cobraran algo en compensación a esas horas en las que no está ocupado, lo que llaman el segundo cheque, tal vez la propuesta podría tener éxito.
Otra opción es que algunas personas renuncien a trabajar, lo cual es viable en cuanto que el valor trabajo está descendiendo, especialmente entre los jóvenes. Sin embargo la cuestión monetaria juega un factor decisivo. A esas personas habría que compensarlas por permitir a otras que tengan un empleo. Esa remuneración sería distinta a lo que cobra el parado y supondría unos costes difíciles de afrontar. Podría solucionarse, como propone André Gorz, con un aumento del IVA de modo selectivo. Vattimo apunta otra solución. Se puede intentar explotar nuevos productos y nuevos mercados. Se puede prohibir que las industrias se trasladen al extranjero. Que afronten los costes de quedarse en su país. Yo no sé si esta última es una solución válida. Seguro que aparecerían otros problemas. Esto es un modo de proteccionismo, que no solía salir bien.
Habría que preguntarse más en serio qué pasaría con el hombre si no tuviera que trabajar. El trabajo es un valor. El éxito social depende de él. El control social también, dice Offe. Si no se contribuye al proceso productivo también se está sujeto al control a través del paro. En realidad eso no es problema. Siempre se encontrará el modo de hacerlo. Tampoco el ciudadano puede preocuparse por eso. No merece la pena. Es un precio que hay que pagar. Tal vez, pienso, a nadie le interese en realidad lo que haga o deje de hacer - pero siempre intento pensar bien de todos: no termino de creer que el ser humano pueda ser tan malo. Pero, de todas formas, el valor trabajo identifica a las personas (¿individuos?), dice Vattimo. "Ahí va Perico dos Palothes", dice uno. El otro pregunta por él. El primero le responde lo que hace en su vida laboral. Perales era un revolucionario porque reivindicaba al hombre al preguntar "¿Y quién es él, a qué dedica el tiempo libre?"
Pero a mi no me vale lo de Vattimo. Me niego a creer que el trabajo eduque a las personas. Tampoco construye la personalidad más que en parte. Aunque creo que a un filósofo nunca se le rebate tan fácilmente, no estoy de acuerdo de ningún modo. Me parece que el trabajo puede llegar a destruir la personalidad del hombre, y eso no es educar en ningún caso. Bueno, tal vez lo sea si pensamos que la LOGSE educa. Comparto lo de que el trabajo es una causa de anomia social. Eso sí.
Pero el problema sigue sin solucionarse. ¿Qué pasará en el futuro? ¿Qué se hace? Es bonita la idea de superar la sociedad salarial, tener años sabáticos. Gorz escribe un hermoso texto, optimista, utópico. Bienvenido sea, pero programar un cambio en las estructuras sociales se me antoja harto difícil. Una reflexión al respecto: si se consiguiera, el ser humano tendría que enfrentarse al ocio continuo. Eso es idéntico a tener que enfrentarse a sí mismo. La posibilidad de un desarrollo salvaje de la televisión y cualquier medio o cosa que impida pensar es grande. Pero alguien habría que se dedicaría a hacer cosas distintas y originales. Puede ser pensar, escribir, pescar, pasear, hacer maquetas, coleccionar sellos, el arte... Todo parece más interesante que no hacer nada o emborracharse continuamente. Sería fantástico que por fin el ser humano dejara de evitar sus propios problemas. Puede que exagere (no hice entrevistas a ver qué hace la gente con su tiempo libre).
Estamos en el futuro. Las máquinas han seguido mejorándose y ya no trabaja casi nadie. Alguien escribe: El ciudadano ya no trabaja. Desde el mundo griego hasta ahora se ha estado intentando sustituir al esclavo (algo humano en principio, luego no tanto), por algo inhumano. Millones de personas que vivieron desde entonces se dejaron la piel por lograrlo. Fueron, de algún modo, no humanas. Pero al fin lo conseguimos. La cultura ha renacido. Los hombres son cultos y discuten los problemas de la mente y la materia. Se involucran directamente en la política. Un nuevo Sócrates pasea por el Retiro parando a los transeúntes para hacerles preguntas. Con él hablan Fedro, Platón,... Mientras, las máquinas trabajan para nosotros. Hay turnos para controlar mínimamente la producción. Ya no trabajamos ocho horas diarias durante cinco días a la semana en el mejor de los casos. Seis meses cada tres años es suficiente. Ahora se nos educa para aprovechar nuestro tiempo libre del mejor modo acorde con nuestra personalidad.
Puestos a imaginar y dar soluciones, me planteo una desde la ignorancia y la ensoñación. cada vez se necesita menos gente para producir, pero ha crecido el sector servicios. Éste, sin embargo, no puede crear los puestos de trabajo necesarios para contrarrestar los que se pierden en la producción. Imaginemos que los que no trabajaran en servicios ganaran mucho dinero y que la jornada laboral fuera, por ejemplo, de cuatro días. Pasta + tiempo libre= desarrollo económico del ocio y los servicios. Simplemente apunto una solución. Me veo demasiado abrumado por tal problema como para decir algo mínimamente viable.
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